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Saturday, October 31, 2026

Una aclaración necesaria

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En el libro de Guillermo Parvex titulado “Más allá de la Concordia”, “Crónica del Espionaje chileno en Perú entre 1971 y 1979”, se plasma una mezcla de hechos que realmente acaecieron, otros que son en parte veraces y citas de ciertos documentos que supuestamente se escribieron. Asimismo, la tesis del libro se basa, a veces, en antecedentes cuya autenticidad resulta imposible de verificar y en otros que provienen de autores que dan testimonio de hechos que, por el largo tiempo transcurrido, adquieren un nivel de duda mayúsculo.

Desde abril de 1976 hasta febrero de 1981 fui en Lima testigo y actor de lo acaecido en las relaciones bilaterales, por lo cual estoy en condiciones de señalar que muchas de las afirmaciones hechas en el libro no son exactas. No entraré en detalles, pero me interesa aclarar lo acaecido con mi buen amigo y colega Patricio Aracena, quien falleció en un accidente siendo cónsul de Chile en Arequipa.

El sábado 13 de mayo de 1978 fuimos notificados por el cónsul de Chile en Tacna que Aracena, quien viajaba desde Arequipa a Arica, estaba desaparecido. El embajador Francisco Bulnes me instruyó, en mi calidad de ministro consejero de la embajada, que al día siguiente volara a la ciudad del sur del Perú. El lunes hice en auto el camino hacia Tacna y allí me enteré que Aracena había sido encontrado muerto a causa de un accidente de automóvil. Fui al sitio del suceso y pude comprobar que no había nada que diera lugar a pensar que la causa hubiese sido otra, cosa que era presumible por una equivocada información que el viceministro de la Cancillería peruana le había dado al embajador Bulnes en Lima. Fui a la morgue y vi el cadáver, el que no tenía signo alguno de violencia ajena al accidente. Ese mismo día en la tarde se hizo la autopsia del cadáver y exigí que la llevara a cabo el médico legista de Arica, a lo que se accedió. Terminada esa triste faena, el doctor chileno me indicó que no había signo alguno de violencia fuera de la del accidente.

Esa noche en un auto funerario crucé la frontera con el cuerpo de mi amigo y lo dejé en el hospital de Arica, donde fue embalsamado a la mañana siguiente. El informe del médico que lo practicó dio la misma información ya mencionada. Junto a su señora y un hermano, en la tarde volamos a Santiago con el cuerpo de quien había sido el cónsul chileno en Arequipa.

Doy fe de todo lo anterior pues no tiene fundamento alguno otra versión que pretenda dar un tipo de interpretación diferente respecto a este lamentable hecho.

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