La Guadalupe nació entre la ribera del río y la pasión por el futbol
Desde niños, sus habitantes jugaron ese deporte en los llanos, adonde acudieron las estrellas de los Pumas

▲ Los primeros pobladores aprovecharon los grandes campos y el agua para disfrutar la vida al aire libre mientras crecía su colonia, en la que el futbol ocupa un lugar primordial.Foto proporcionadas por los habitantes y Germán Canseco

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Josefina Quintero M.
Periódico La Jornada
Domingo 13 de septiembre de 2026, p. 25
Enclavada en una zona de obraje, la colonia La Guadalupe da la impresión de que su historia es similar a otros barrios de La Magdalena Contreras: surgió entre lomas deshabitadas que se poblaron de la mano de la industria textilera; sin embargo, aquí los habitantes cobran identidad por sus justas futboleras. Para ellos, este deporte es una forma de pertenencia, una tradición de generaciones, símbolo de distinción e identificación.
De un futbol llanero que practicaron desde la niñez en lotes baldíos de terracería, salió un hombre menudo, férreo defensa que jugaba en la lateral derecha y que, junto con otras leyendas, como Miguel Mejía Barón y Héctor Sanabria, convirtieron a la última línea de los Pumas de la Universidad en una barrera infranqueable: Genaro Bermúdez Martínez, el León de Contreras o el Pelé Mexicano, con el sello de La Guadalupe, marcó la defensa del equipo auriazul de finales de los 70 y principios de los 80 que enorgullece a este lugar futbolero.
Al lado del río Magdalena, donde se instaló la industrial textilera, los obreros de las fábricas construyeron sus viviendas. “Pequeños cuartos de adobe y láminas de cartón, algunos con cercas de sincolote y tejamanil para marcar el límite de los terrenos”, recuerda Encarnación Aguilar, vecino de la colonia y quien portó el número 13 del equipo local.
En apenas nueve hectáreas que la conforman, La Guadalupe es una de las más pequeñas de La Magdalena Contreras; aquellos niños de mediados del siglo pasado veían en todo tipo de terracería enormes canchas de futbol. “Jugábamos descalzos, no había dinero para comprar tenis, mucho menos zapatos de futbol”, platica Encarnación al hacer su remembranza.
Para estos hombres que ya andan entre los 70 y 80 años, la falta de bardas –no sólo en sus hogares, también en las dos escuelas que hay en la colonia: Juventino Rosas y Mariano Abasolo– era una forma de libertad, de vivir “al aire libre”.
El entorno de precariedad lo compensaba la naturaleza: zonas verdes y agua de río que aprovechaban mientras las madres lavaban en el batán, cerca de la corriente del río. En su época de adolescentes, nadaban en la presa y exploraban las cavernas que se formaron en los pedregales, de donde extraían material pétreo y tepetate que esparcían en los pisos de sus viviendas para evitar los lodazales.
El trébol, símbolo de la unión
La colonia estaba dividida en cuatro. Había rivalidad entre los grupos que se formaron, conocidos como los mecánicos, eléctricos y los jugadores. Jóvenes que se juntaron para dirimir sus diferencias en encuentros de futbol y que finalmente conformaron uno solo que representó a La Guadalupe, agrega el veterano jugador.
Actualmente está dividida en secciones, las cuatro tienen a la parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe, localizada en la calle Alfonso Priani, de punto central. La primera es de Francisco Villa hasta el Campo Contreras y la primaria Mariano Abasolo; la segunda llega a lo que era la Cooperativa y hoy está un Chedraui; la tercera, a los límites de Santa Teresa, y la última hasta lo que fueron los lavaderos comunitarios, donde se encuentran las oficinas del tan afamado club de futbol La Guadalupe.
La colonia de siete calles principales es un cuadro, “para nosotros son las cuatro hojas de un trébol, que desde hace varios años diseñamos y adoptamos como escudo de identidad para el equipo de futbol de la colonia”, explica Encarnación, fundador del plantel.
A estos jugadores les tocó ver como se cercó con vallas el río Magdalena ante el crecimiento de la inseguridad, cuando surgieron las bandas juveniles en la Ciudad de México. La Guadalupe no estuvo exenta y aparecieron Los Romanos, que a diferencia de Los Panchitos de Tacubaya “estos vecinos se organizaron para defender el territorio”, dice Encarnación.
Tomás Morales, oriundo de la colonia, hijo de obreros textileros, habla con orgullo de su parentesco con el futbolista Genaro Bermúdez, su cuñado, quien empezó en el equipo de La Guadalupe con el número 2, después se fue al Contreras hasta jugar en Pumas al lado de “los grandes: Evanivaldo Castro Cabinho, Hugo Sánchez, Sanabria, Spencer Coelho, Leonardo Cuéllar y más”.
El hombre de 80 años platica sus vivencias de estudiante en cuartos de piedra que caracterizaban a la primaria Juventino Rosas, grupos de 60 niños que abarrotaban los salones y en consecuencia se hizo un anexo para después construir la Mariano Abasolo “de tabique, ya moderna”.
Las familias eran grandes, hasta de ocho hijos por pareja. No tenían luz y se alumbran con velas o lámparas de petróleo. El agua se acarreaba con aguantadores de los bitoques ubicados en Francisco Sarabia y Francisco Villa. Las caminatas eran entre cerros, charcos y caminos enlodados porque todo estaba de bajada, recuerdan los moradores.
En los 70 empezó la urbanización, introdujeron las redes de drenaje y de agua potable. Las calles se pavimentaron y el campo Contreras se oficializó como cancha de futbol. Hasta este punto llegaron los campeones de liga de primera división de 1981: Olaf Heredia, Leonardo Cuéllar, Genaro Bermúdez, Chucho Ramírez, Enrique López Zarza, El Pareja López, Manuel Negrete y El Tuca Ferretti, entrenados por Bora Milutinovic. Los Pumas jugaron con el equipo de La Guadalupe que perdió el partido por una anotación de último minuto, pero al campeón de liga “le costó imponerse a los vecinos de La Guadalupe”, comenta don Tomás.
José Luis Aguilar, segunda generación de fundadores de La Guadalupe, busca conservar su historia, no sólo como una colonia que se construyó con ladrillos, cemento y pavimentación de calles, sino como una comunidad unida que levantó su iglesia, organiza la fiesta cada 12 de diciembre y festeja, en cada una de sus calles, las posadas y donde uno de sus símbolos principales tiene forma de balón, porque ellos son “una colonia futbolera de La Magdalena Contreras”.
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