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Wednesday, September 23, 2026

Las flores grises de la primavera

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Hay primaveras que no llegan para todos. Mientras algunas calles y plazas se llenan de brotes, colores y promesas de renovación, otros lugares permanecen cubiertos por una sombra silenciosa: la de quienes son engañados, secuestrados, explotados y sometidos por redes de trata de personas. Son las flores grises de pétalos arrancados de una sociedad que, a veces, prefiere no mirar de frente aquello que ocurre cerca.

No hablamos de historias lejanas ni de una realidad limitada a determinados países o ambientes. Puede ocultarse detrás de una oferta laboral atractiva, de una propuesta de viaje, de una relación afectiva manipuladora o de una promesa de ayuda para salir de una situación económica difícil. Quienes reclutan se aprovechan de la vulnerabilidad, de la falta de oportunidades, de los conflictos familiares, de la soledad y de la necesidad urgente de encontrar un futuro mejor.

La promesa inicial suele parecer atrayente. Sin embargo, una vez que la persona queda atrapada, aparecen el control, las amenazas, las deudas impuestas, la violencia, el aislamiento y la explotación. El sometimiento puede ser físico, psicológico, económico, sexual; o combinar todas esas formas hasta convertir la vida cotidiana en una prisión insoportable.

Cada 23 de setiembre se conmemora el Día Internacional contra la Explotación Sexual y el Tráfico de Mujeres, Niñas y Niños. La fecha rinde homenaje a la sanción en Argentina de la llamada “ley Palacios”, en 1913, primera norma en el mundo que estableció como delito promover o facilitar la prostitución de mujeres y dispuso simultáneamente normas para la protección de las víctimas.

Hoy debemos seguir atentos a este delito aberrante. No hay “mercancías” ni “casos” abstractos: hay vidas heridas, sueños pisoteados y derechos negados.

Comprender esta dimensión humana es el primer paso para no naturalizar la explotación ni responsabilizar a quienes la padecen.

Sin clientes no hay trata. Esta afirmación debe interpelarnos. Las redes criminales se sostienen porque existe una demanda que “consume” cuerpos, trabajo esclavo, servicios o imágenes sin preguntarse quién está detrás, en qué condiciones se ofrece aquello que se compra o qué violencia puede estar ocultándose.

La indiferencia deja espacio para que el crimen organizado continúe. Por eso es necesario hablar en casa y con los amigos. Conversar sobre la dignidad absoluta de toda persona humana. Una charla familiar, una pregunta atenta o la decisión de no consumir servicios en contextos sospechosos pueden contribuir a construir una cultura que no tolere la opresión. En su mensaje para esta Jornada el Papa León XIV nos dice que “la sensibilización nos permite identificar los mecanismos ocultos de explotación en nuestros barrios y en los espacios digitales”.

La prevención también requiere fortalecer las redes comunitarias. Una persona aislada es más fácil de manipular; una comunidad atenta puede advertir cambios, acompañar a quienes enfrentan riesgos y facilitar el acceso a orientación y ayuda.

La expansión de las tecnologías digitales ha dado lugar a un fenómeno cada vez más visible: la esclavitud cibernética. Personas reclutadas mediante falsas ofertas de empleo pueden ser trasladadas o retenidas en lugares donde son obligadas a realizar estafas en línea, manipular perfiles, contactar a otras víctimas o participar en actividades digitales bajo amenazas y vigilancia permanente.

El papa León XIV nos advierte que “este fenómeno resulta particularmente perturbador en el auge de la llamada ‘esclavitud cibernética’, mediante la cual las personas son atraídas a esquemas fraudulentos y actividades delictivas, como las estafas en línea y el tráfico de drogas. En estos casos, la víctima es coaccionada a asumir el papel de perpetrador, agravando sus heridas espirituales”.

Muchos adolescentes y jóvenes que contraen deudas por apuestas en línea, acuden a prestamistas que los presionan a devolver el dinero traficando drogas o con favores sexuales. En estos casos, la explotación no siempre se reconoce a simple vista. Puede no haber cadenas visibles ni un traslado evidente por una frontera. Pero la amenaza, la coacción, el apriete están operando con impunidad.

Y como si fuera poco, aparecen otros nuevos desafíos. “Lamentablemente también hay varios proyectos de ley para legalizar la maternidad subrogada que proponen un mercado que aprovecha la vulnerabilidad de las mujeres y convierte a los niños en mercancía” (Mensaje de la Comisión Nacional de Justicia y Paz). En lenguaje sencillo, alquiler de vientres y ventas de bebés.

Construir la Civilización del amor implica rechazar toda forma de dominio que convierta a un ser humano en objeto de uso. Significa poner en el centro la libertad, la solidaridad, la justicia y el cuidado de los más vulnerables. Es sostener que ninguna ganancia, deseo o comodidad puede justificar la explotación de otra persona.

Arzobispo de San Juan de Cuyo y presidente de la Comisión Episcopal de Comunicación de la Conferencia Episcopal Argentina

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