Gloria Labay, matrona especializada en terapia de duelo: “Nos educan desde pequeñas para ser madres, pero no te explican qué será de tu vida si no tienes hijos”

“Un día como cualquier otro supe que nunca iba a ser madre”. Con esta honestidad empieza Gloria Labay, matrona desde hace más de 25 años, su libro Ser sin ser madre. Mapa para la no maternidad por la matrona de mujeres sin hijos (Lunwerg Editores). Tenía 47 años y habían pasado dos años desde que dejó de intentar quedarse embarazada. Se había sometido a todo tipo de tratamientos, había sufrido varios abortos e incluso intentó adoptar sin éxito.
Con esa experiencia a sus espaldas y como “una Anunciación, pero al revés”, algo acabó de encajar y Gloria tuvo claro que no sería madre. Aunque sintió cierto alivio por quitarse esa presión, también vivió un duelo del que jamás había oído hablar. “Era un dolor callado, vivido en la intimidad. Se me había negado algo que deseaba mucho, que consideraba vital para mí en ese momento”, expresa Labay en su obra.
Su historia es el reflejo de una realidad cada vez más común en España. Según la última encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) de 2024, el 33% de los entrevistados no tiene hijos, pero el 59% de estos hubiera deseado tenerlos. En cuanto a los motivos, casi la mitad era por circunstancias económicas o falta de pareja, un 36% por elección personal y un 20% por problemas de fertilidad o salud.

En esta entrevista para La Vanguardia, Gloria Labay, especializada en terapia de duelo y creadora de la red de soporte La vida sin hijos, cuenta cómo gestionó su no maternidad, los prejuicios que rodean a la infertilidad y cómo abandonar la idea de que el único cometido de una mujer es reproducirse. “No le debes la maternidad a nadie. Ni a tus padres, ni a tu pareja, ni siquiera a ti misma. Te voy a acompañar a darte luz a ti misma, a abandonar la idea de que no podrás ser feliz si no eres madre”, afirma.
En Ser sin ser madre te abres sobre todos los procesos que pasaste para ser madre. ¿Qué sentiste a medida que avanzaban y no obtenías los resultados esperados?
Al principio, estás con mucha ilusión y, a medida que avanza el trayecto, intentas no perderla porque los tratamientos o los abortos son bastante duros. Vas navegando como puedes, pero, claro, yo estuve siete años embarcada en esto. Es una carrera de fondo en la que pasas por muchas emociones y que, poco a poco, te va quitando esa esperanza por estas decepciones.

¿En qué momento para ti la búsqueda de ser madre empezó a ser una fuente de dolor y rabia?
Creo que cuando me di cuenta de que lo había intentado todo. Estaba exhausta. El último intento fue con óvulos de donante, lo cual fue una concesión porque, aunque no puedes usar tus óvulos y tu genética, te mueve todavía la crianza. Además, tenía 45 años, que no es lo que yo tenía en mi cabeza porque la maternidad es dura y el físico no es el mismo. Esto me hizo llegar a un punto de pensar: si todas las puertas se te cierran cuando vas en ese sentido, quizá significa que tu camino no es ese, ¿no?
De hecho, cuentas que esta decisión fue como una Anunciación al revés
Sí, aunque desde que dejé de intentarlo hasta que tuve esa revelación pasaron como dos años. Estaba como en una posición en la que no te crees todavía que no vas a ser madre y que la vida que vendrá no es la que habías imaginado.
¿Fue en ese momento cuando te diste cuenta de que existe un duelo alrededor de la no maternidad?
Sí. Es un duelo desautorizado, en el que la gente no sabe cómo tratarte. Mientras que para ti es un antes y un después, para los demás pasa totalmente desapercibido porque no lo entienden. Al perder algo que nunca has tenido, la sociedad interpreta que no hay ningún problema. Incluso, a veces, los que sí son padres y se enfrentan a una crianza dura, te ven como un privilegiado y no entienden tu dolor.

¿Cómo afecta ese duelo a tu vida personal?
Condiciona todo lo que viene después porque, durante mucho tiempo, dejas de tener esa ilusión. También, comprendes que no vas a formar parte de ese grupo tan universal que es la maternidad y vas a quedar relegada a los márgenes, sobre todo si no lo has elegido.
¿Existe un mandato social para que las mujeres seamos madres?
Claro. Nos educan desde pequeñas para ser madres. Nos instruyen, nos dicen que podemos serlo y la sociedad confabula para que tú tengas ese deseo. Pero, cuando no haces lo que se supone que te toca, no te explican qué será de tu vida si no tienes hijos. Siempre ha existido ese imaginario de la familia que crearás, pero no hay fantasía de lo contrario, ni tampoco referentes.
En base a tu experiencia, ¿crees que todavía hay tabúes o prejuicios en torno a la no maternidad y la infertilidad?
Sí porque sigue siendo algo que las personas no cuentan. Me refiero a que si tú estás teniendo dificultades para concebir o estás sufriendo abortos, no es una conversación fácil. Lo vives en privacidad, lo cual implica que no se crea pedagogía social sobre cómo tratar esto. Por eso, en mi trabajo habitual, hay un grupo de acompañamiento a la infertilidad que se llama Cuando el embarazo no llega. El hecho de hablarlo, de poner palabras a lo que se siente, baja el nivel de ansiedad y estrés que se vive durante los procesos de reproducción asistida y el resultado posterior.
En tu libro analizas la reproducción asistida y señalas la estructura de mercado que hay detrás. ¿Crees que las clínicas respetan siempre los límites éticos sobre hasta dónde se debería llegar en un tratamiento?
España es un país con una ley muy laxa en la que no queda claro cuándo parar. Sí, claro, pone que cuando las condiciones de salud de la mujer lo permitan, pero es muy ambiguo. Por ejemplo, yo creo que la edad debería ser un límite. Pero, sobre todo, dar expectativas reales a la gente de la posibilidad de que un tratamiento tenga éxito porque, si no, luego hay mujeres que peregrinan de centro en centro. Eso sí, creo que es un tema más de sociedad.
¿Qué quieres decir?
El hecho de que las clínicas sean privadas lo convierte en un producto que se puede vender. De hecho, España es un país de turismo reproductivo. En otros países existen leyes que las limitan o prohíben; aquí no. Y, aunque es cierto que hacen feliz a mucha gente y que un porcentaje considerable de niños nace a partir de la reproducción asistida, habría que regularla. Además, pienso que la natalidad de un país no puede recaer solo en la buena voluntad de la gente joven o en que puedan congelar sus gametos para más adelante. Habrá que hacer políticas sociales, ¿no?
Te defines como la matrona de las mujeres sin hijos que se dan a luz a sí mismas. ¿Qué significa esto?
Es el momento en el que, cuando te quedas sin el proyecto de la maternidad, dices: ¿Y ahora qué? Es ir descubriendo quién eres tú sin la energía que pones en el cuidado de otro ser. Es cuidar de ti misma y descubrir qué otros deseos tienes y qué otras cosas te pueden mover. Es un renacimiento.
¿Cómo las acompañas tú en este proceso?
La mayoría de las mujeres que se acercan a mi proyecto, La vida sin hijos, están en duelo porque lo han intentado por diferentes caminos. Entonces, lo primero es poner palabras para que puedan expresar sus emociones y los miedos. Luego, crear una red. Para mí, la comunidad es básica porque todos necesitamos pertenecer a un grupo que te reconozca, que sepa de lo que estás hablando y valide tu dolor. Después podemos aplicar unas estrategias u otras, pero, básicamente, es sostenerse en los días malos y hacer el trabajo de duelo juntas.
CRII Presenta: Ser sin ser madre | Gloria Labay Rodríguez
¿Qué le dirías hoy a una mujer que está atravesando el duelo por no haber podido ser madre?
Que el luto lo tendrá que hacer porque cuando tú quieres algo y lo pierdes, te duele, pero que, una vez pasado, aprenderá a vivir su vida con muchos potenciales.
¿Qué ha significado para ti escribir este libro?
Es que tenía que hacerlo por mi experiencia personal y como matrona. Me parecía como un deber escribirlo. Además, tengo una cierta distancia respecto a aquella época. Ahora tengo 61 años y puedo ver todo aquello con otros ojos.
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