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Saturday, October 17, 2026

Reseña: “Atomizado Berlín”, de Julia Kornberg

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Los Goldstein. Nordelta, comienzos de los dos mil. Cámaras y sistemas de seguridad, mansiones, ritos de una familia judía acomodada. Canciones de Daft Punk, drogas, alcohol. “La pileta está acá para nada”, dice la madre ante la resaca de sus hijos varones, Mateo y Jeremías. Una madre que no aparece casi nunca y un padre que siempre está de viaje. “El verano de 2009 fue el verano en el que todos empezaron a desaparecer”, se lee en Atomizado Berlín, novela de Julia Kornberg (Buenos Aires, 1996).

Los hermanos Goldstein crecen, así, entre diarios personales y con adultos en otra parte. En la breve novela (originalmente publicada por Club Hem) desfilan profesores de tenis, marcas caras, señoras con “cuello pesado de lagarto”, brillantina y jóvenes que flirtean con la música del Flaco Spinetta de fondo. Nina, hermana de Mateo y Jeremías, se confiesa: “Creo que hasta los dieciocho no supe lo que era tener un orgasmo, y claramente eso era algo que no iba a aprender con Agustín. Era simplemente demasiado romántico; tenía gestos de grandeza amorosa, me tiraba del pelo como peleándose con mi cuerpo, pero fue el único que acabó”.

La novela, que especula sobre el futuro cercano, se estructura en dos partes: “Los chetos también se quieren morir (2004-2018)”; “Economía de guerra (2018-2034)”. La narración indaga en el conurbano y los barrios cerrados como fronteras yuxtapuestas, y en destinos que se buscan fuera de la cerrazón de la clase social a la que pertenecen: recitales en Buenos Aires, colegios privados y públicos, Punta del Este, tomas “trotskistas”.

Se suceden frases en loop como “hacía calor, hacía calor, hacía calor” o “no estoy dormida, no estoy dormida, no estoy dormida”; “los subtes en hora pico fueron, creo, la experiencia más solitaria y formativa de toda mi adolescencia”, “irme era mi destino inexorable”. Del impacto de la tragedia de Cromañón a la mención de catástrofes climáticas, la atmósfera es de ruina generacional. Hay un viaje a Israel, a Gaza, un desplazamiento de la Argentina a Europa, ciudades incendiadas, hackers y una época de “clavadas de visto” y “bloqueos” como sentencias de muerte: una polifonía que da cuenta de una juventud tan hermosa como condenada al fracaso.

Elíptica y de una cruda e irónica sencillez, la escritura de Kornberg trabaja a través de ecos y deslices futuristas que conforman las piezas de un rompecabezas desfachatado, en diálogo con películas recientes como Rosebush Pruning, de Karim Aïnouz, y algo de la atmósfera excéntrica y decadente de novelas como Los hechos de Key Biscayne, de Xita Rubert, en la efervescencia de una era que se desangra entre conflictos religiosos, hartazgos políticos, lucha asordinada de clases y un espectro de soledades desesperadas.

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