Día de la Madre: historias del oficio compartido en el paisaje y el diseño floral

En las disciplinas vinculadas a la tierra y a la botánica, el conocimiento suele transmitirse a través de la observación y el trabajo compartido. Diseñar un jardín, dirigir una obra de paisajismo o componer una pieza floral requieren tanto de sensibilidad estética como de rigor operativo. Cuando se trata de una tarea que se realiza en dupla entre madres e hijos, la vocación se cultiva con una fluidez particular.
Lejos de las dinámicas corporativas tradicionales, estos tres emprendimientos integran miradas complementarias donde la experiencia, la arquitectura, el derecho y el diseño conversan en un mismo lenguaje profesional.
1) Burgundy Florería: arquitectura floral y equilibrio operativo
El proyecto nació a partir de una convicción clara de Jesús Olaizola: quería contar con su propio espacio floral. Y cada vez que Jesús imagina un nuevo proyecto, sabe que no existe mejor aliada en el mundo que su mamá, María Torrealba. Por eso, cuando le anunció que finalmente abriría Burgundy Florería, le dijo que la necesitaba a su lado y María, encantada, apostó de lleno por el sueño de su hijo y se convirtió en una partner.
Así se consolidó una dupla de trabajo basada en la división precisa de competencias. Mientras Jesús está al frente de la dirección artística —definición de paletas cromáticas, composición de arreglos, estilismo de vidrieras y comunicación visual—, María gestiona la dimensión logística del espacio, el control de insumos y la atención al cliente.
Esta separación funcional les permite dinamizar el trabajo diario y mantener la rigurosidad operativa.
“Nos desenvolvemos con una dinámica abierta. Discutimos los criterios de trabajo con franqueza y avanzamos, sabiendo que la solidez de la relación nos permite priorizar siempre la calidad del proyecto”, explican. La confianza ciega entre ambos les permite ser, antes que socios, grandes amigos capaces de disentir de frente sin que el cariño sufra fisuras.
Nosotros somos como mejores amigos. Nos decimos las cosas y seguimos adelante, entendiendo que una diferencia en el trabajo jamás cambia el amor que nos tenemos.”
Saben que el filtro emocional a veces se vuelve inevitable —“el pro es que es mi mamá y la contra es que es mi mamá”, bromea Jesús—, pero la madurez para comunicarse y recordar que ningún proyecto está por encima del vínculo familiar es su mayor fortaleza.
Lo más lindo es compartir el amor por las plantas y ver evolucionar nuestro trabajo a través del tiempo; entender que la relación en el trabajo es como en la vida, donde cada uno aprende del otro.”
2) Pampa Infinita: diseño conceptual y articulación de obra
En el estudio y escuela de paisajismo Pampa Infinita, la pasión por el paisaje germinó de manera orgánica a lo largo del tiempo. Josefina Casares, codirectora de la institución junto a Martina Barzi, fue testigo de cómo sus hijos fueron encontrando su propio lugar dentro de la estructura creativa sin presiones previas. “Los chicos naturalmente van mamando de a poco lo que una hace, imaginate que en su infancia ya jugaban a ayudarme en el jardín —cuenta Casares—, y después se van enganchando”.
La hija mayor, Josefina Girini Casares, tras graduarse de la carrera de Derecho, volcó su formación hacia el paisajismo en la misma institución familiar, integrándose formalmente al área de proyecto junto a su madre y socia.
Su hermano Pedro Girini Casares también estudió en la escuela y siempre demostró una gran vocación por la construcción, labor que desempeña en forma independiente para muchos estudios, entre ellos el de su madre. “A Pedro le encantaba jugar con la carretilla y siempre mostró esta tendencia. Lo lindo es ver cómo cada uno se abre camino propio y acompaña el común, siempre de acuerdo con sus auténticos intereses”, celebra Josefina.
Me divierte incorporar a mis hijos en mi trabajo, cada uno lo hace desde sí mismo y me aportan miradas diferentes, frescas, que valoro muchísimo.”
Lo mismo funciona para María Girini Casares. La hermana menor no se desempeña en el territorio, pero también participa: es diseñadora de indumentaria y, como complemento a su profesión, colabora en el manejo de las redes de Pampa Infinita.
Unidos por la transparencia y una comunicación fluida, entienden que el respeto de las formas y la valorización del talento de cada uno son la clave.
Se fue dando de a poco y con mucha naturalidad. Lo más valioso es saber que todos empujamos para el mismo lado, con la transparencia que te da ser familia.”
3) Filomena Estudio: la escuela de la tierra y la escala proyectual
La historia de Filomena Estudio demuestra cómo la transmisión del saber requiere tiempo, humedad y trabajo de raíz. Durante una década, Liliana Laborde llevó adelante proyectos de reforma y jardinería junto a su amiga Gabriela Solari, mientras su hijo Tomás Llanos Laborde, por entonces estudiante de arquitectura, colaboraba dibujando perspectivas a mano alzada para los clientes.
Cuando la vida profesional de su socia tomó otro rumbo, la necesidad de sumar ayuda operativa para Liliana se convirtió en la oportunidad perfecta para invitar a Tomás a sumarse de manera formal.
Sin embargo, el camino juntos no empezó desde un escritorio. Tomás ya exploraba el universo botánico a través de su vivero de plantas tropicales, El Rincón de Filomena, pero le faltaba la destreza técnica de la obra y el paisaje.
Por eso, antes de diseñar a la par, Liliana dispuso que Tomás trabajara activamente junto a las cuadrillas de jardineros durante meses para incorporar el oficio técnico: preparación de sustratos, trazado de canteros y poda estructural. Solo cuando las manos conocieron la tierra, las decisiones pasaron a ser compartidas.
Compartir el criterio estético y el rigor técnico facilita la toma de decisiones. Definir atribuciones claras para cada uno permite mantener la objetividad profesional y preservar el ámbito familiar.”
En la actualidad, las decisiones proyectuales y la selección de especies se toman en conjunto durante las visitas a campo. Liliana fiscaliza la gestión de proveedores, las contrataciones y la supervisión en obra, mientras que Tomás desarrolla la carpeta técnica, el renderizado y los presupuestos.
En temporada alta, coordinan dos equipos simultáneos donde cada uno toma la voz de mando. Su secreto para preservar el afecto radica en el respeto estricto de las fronteras: lo que pasa en la obra se queda en la obra, las decisiones individuales descomprimen los conflictos y las reuniones familiares tienen prohibido el temario laboral.
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