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Tuesday, October 6, 2026

James Murray, neurocientífico: “una determinada meta puede alcanzarse con relativamente menos esfuerzo al combinar la exposición pasiva con el entrenamiento activo”

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Aprender a tocar un instrumento, cultivar un jardín o estudiar un nuevo idioma requiere tiempo y práctica constante. Para mejorar en cualquiera de estas actividades no basta con repetirlas: también es necesario recibir información que permita saber si se está haciendo correctamente; sin embargo, una investigación de científicos del Instituto de Neurociencia de la Universidad de Oregón plantea que existe otro elemento que puede ayudar a acelerar este proceso: la exposición pasiva.

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La idea consiste en mantenerse en contacto con estímulos relacionados con aquello que se quiere aprender, incluso cuando no se está practicando de manera activa. Escuchar música del género que se intenta tocar, ver contenidos en el idioma que se está estudiando o prestar atención a las plantas del entorno son algunos de los ejemplos planteados por los investigadores.

¿Cómo puede ayudar la exposición pasiva?

De acuerdo con el estudio, el aprendizaje activo requiere esfuerzo para realizar una determinada tarea y acceso a información que permita evaluar el desempeño. En cambio, la exposición pasiva implica recibir estímulos sensoriales con relativamente poco esfuerzo y sin necesidad de obtener retroalimentación sobre el rendimiento.

Los investigadores plantean que ambos procesos pueden complementarse. Así, una persona que está aprendiendo guitarra podría escuchar durante el día canciones de artistas relacionados con el estilo que estudia; quien aprende a cocinar podría mantener contenidos culinarios de fondo, mientras que alguien interesado en la jardinería puede observar las plantas y animales de su vecindario o visitar un jardín botánico.

En el caso de los idiomas, la recomendación planteada es exponerse con frecuencia a programas de televisión y películas en la lengua que se está aprendiendo. El estudio también señala que la exposición auditiva puede ser especialmente útil, por lo que escuchar audiolibros o podcasts relacionados con el tema puede formar parte de este proceso.

El método consiste en escuchar, observar o estar en contacto con contenidos relacionados con aquello que se quiere aprender, sin dejar de practicar activamente. (Foto referencial: Magnific)

El método consiste en escuchar, observar o estar en contacto con contenidos relacionados con aquello que se quiere aprender, sin dejar de practicar activamente. (Foto referencial: Magnific)

La práctica activa sigue siendo necesaria

La exposición pasiva, sin embargo, no reemplaza el entrenamiento. Los investigadores remarcan que es necesario continuar practicando la habilidad de manera activa, ya sea tocando un instrumento durante las horas recomendadas o asistiendo a clases para aprender un idioma.

Los beneficios de esta combinación fueron observados en una investigación con ratones. Los animales fueron entrenados para encontrar agua mediante diferentes sonidos que funcionaban como señales positivas o negativas, de manera similar a un juego de “frío o caliente”. Algunos también estuvieron expuestos pasivamente a esos sonidos cuando no estaban buscando el agua.

Los ratones que recibieron esa exposición adicional, junto con el entrenamiento activo, aprendieron a encontrar la recompensa de agua más rápidamente.

James Murray, neurocientífico que dirigió el estudio, explicó: “Nuestros resultados sugieren que, tanto en ratones como en humanos, una determinada meta de rendimiento puede alcanzarse con relativamente menos esfuerzo al combinar la exposición pasiva de bajo esfuerzo con el entrenamiento activo”.

Murray agregó que este hallazgo podría ser útil para quienes aprenden un instrumento o un segundo idioma, aunque aclaró que todavía se necesita más investigación para comprender cómo se aplica a tareas más complejas y cómo optimizar los programas de entrenamiento que combinan exposición pasiva y práctica activa.

Aunque el estudio principal se realizó con ratones, los investigadores señalan que otros trabajos en humanos han encontrado resultados similares en ámbitos como el deporte. (Foto referencial: Magnific)

Aunque el estudio principal se realizó con ratones, los investigadores señalan que otros trabajos en humanos han encontrado resultados similares en ámbitos como el deporte. (Foto referencial: Magnific)

Exponerse también puede formar parte del aprendizaje

Una de las limitaciones de la investigación es que el estudio principal se realizó con ratones y no con personas; no obstante, el texto señala que investigaciones recientes en humanos han encontrado resultados similares en ámbitos como el deporte: visualizarse realizando una actividad con éxito o ensayar mentalmente una rutina puede tener efectos positivos sobre el desempeño real.

Por eso, la exposición pasiva no debe entenderse como un atajo para evitar la parte difícil del aprendizaje. La práctica sigue siendo fundamental, pero escuchar, mirar y familiarizarse con aquello que se quiere dominar puede convertirse en un complemento del entrenamiento y, al mismo tiempo, permitir que la persona disfrute más del proceso.

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