Pablo Katchadjian, escritor argentino: “La liberación es pérdida siempre, por eso es tan difícil”

Un grupo de matones persigue a un poeta; un ayudante busca un traje para un gigante; y un santo se oculta para no ser apresado. Son tres historias, tres relatos. Tres cuentos espirituales, que es justamente el título que el escritor argentino Pablo Katchadjian (49) le dio a su último libro de relatos, publicado en Chile por la casa independiente Kindberg.
Katchadjian, docente en la Universidad de Buenos Aires y en la Universidad Nacional de las Artes, es uno de los nombres trasandinos más interesantes que ha surgido en la literatura, amén de una escritura que no se basa en la forma de narración más clásica, sino que busca apelar a métodos diferentes de relato. Katchadjian va en contra de los textos logrados, los funcionamientos canónicos, los usos estereotipados”, dijo de él la Revista Ñ del diario Clarín. Es que el lector, necesariamente, debe dejarse sorprender al aproximarse a cualquiera de sus libros.
Pero hablemos de estos cuentos espirituales. “En general trato de no tener muchos planes para escribir. Así que salió primero el primero, probando si podía hacer algo con un narrador en primera persona del plural. Como quedó largo para un cuento y corto para una novela, pensé en hacer tres relatos, y escribí el segundo en tercera persona del singular y el tercero en primera del singular. Mientras pasaba esto pasaban muchas otras cosas difíciles de resumir o explicar”, cuenta a Culto.

-En la “Nota del autor” dices que la palabra “espirituales” te gusta por su movimiento de pérdida y ganancia de sentido. ¿Qué significa hoy para ti que estos cuentos sean “espirituales”?
-Creo que fue un primer acercamiento a las palabras usadas en la autoayuda, una especie de reivindicación de esa palabra pero al mismo tiempo un placer por usar una palabra medio estropeada. Después desarrollé eso un poco más en una novela que se llama Una oportunidad, que es una novela de autoayuda. A la vez, los tres cuentos son un poco místicos, así que debe ir por ahí. Y eso es algo que desarrollé también en el libro que salió después de los tres cuentos, Amado Señor, que son cartas a dios.
-Se ha hablado de tu literatura como una escritura que se resiste a la eficacia narrativa, y a la necesidad de que todo quede explicado. ¿Qué te interesa de escribir contra esas expectativas de la narrativa convencional?
-A mí me interesa mucho la eficacia narrativa y explicar todo, pero quizá me sale lo contrario, espero que no. Creo que la narrativa convencional tiene que ver con otras cosas: la psicología, el realismo, el suspenso, la primera persona identificada con el autor, que se entienda todo, cosas así. Los finales abiertos…
-En el primer cuento, un grupo de matones persigue a un poeta y termina transformándose. ¿De dónde surgió la idea de que una persecución pueda convertirse, paradójicamente, en el catalizador de una vida artística?
-Ah, eso surgió durante la misma escritura, por el devenir mismo de la peripecia. A mí me sorprendió y me alegró cuando ocurrió, porque siempre prefiero que las cosas y las personas -y yo- se transformen en una dirección de liberación. Y acá son los mismos perseguidores quienes se liberan.
-En el segundo, un gigante busca un traje a la moda para su entierro en medio de una guerra. ¿Cómo apareció esa imagen tan concreta y absurda?
-Vi un cartel de una película que decía algo así como “el último traje” y, bueno… Y después el gigante ya no sé… Quizá estaba pensando en los gigantes. La primera frase es: “Era un gigante bueno, pero, como todos los gigantes buenos, era también caprichoso y autoritario”. Yo creo que estaba pensando en alguien, pero no sé en quién.

-En el tercero, un santo se transforma en librero —o en la copia de un librero—. ¿Qué relación encuentras entre santidad, ocultamiento, identidad y libros?
-Una relación tan rara como la que se ve en el cuento. No sé si podría explicarla, quizá por pares: santidad-identidad, ocultamiento-libros. Aunque bien podría agregarse en el medio identidad-ocultamiento. Un santo no busca su identidad, está al servicio de algo que lo supera y por eso busca anular su yo. La identidad es un concepto que oculta más de lo que muestra, sobre todo porque uno no es uno. Los libros exhiben todo si se los lee con atención, por eso son una revelación. De ahí de nuevo al santo. El santo pierde cuando busca la autoafirmación y el control.
-En los tres relatos los personajes se transforman radicalmente y ya no pueden volver al estado inicial. ¿Qué significa para ti esa transformación? ¿Es una forma de liberación, de pérdida o ambas cosas a la vez?
-Liberación es pérdida siempre, por eso es tan difícil. Pero pérdida no es necesariamente liberación. La transformación es la regla.
-¿Dónde ubicarías Tres cuentos espirituales dentro de tu obra?
-En un camino de narrar para el pueblo: la fábula, la moraleja, la narración más o menos limpia. Claro que después la fábula se arruina, la moraleja es confusa y la narración hace lo que quiere. Pero es ese camino.
-En tu nota de autor dices que “la ambivalencia es la ventana por la que entran los espíritus”. ¿Qué significa para ti esa frase y hasta qué punto la ambivalencia es una forma de entender no solo este libro, sino tu manera de escribir?
-Me encanta que digas eso, porque sí, busco la ambivalencia siempre. Mi idea es que la búsqueda de ambivalencia, que es buscar dos cosas a la vez, suprime la posibilidad de comprensión, en el sentido de control, porque dos cosas a la vez son incontrolables. Sin comprensión ni control el pensamiento queda suspendido, el relato hace lo que quiere y puede ser revelador. Ahí se abre la ventana y entran los espíritus y dicen algo que uno trata de entender, pero que es ambiguo. De todos modos, los espíritus siempre entran, la diferencia está en si uno los invita o no. Bueno, no sé si siempre, habría que ver caso por caso.
-¿Cómo es para ti la diferencia —o semejanza— entre escribir cuentos y novelas? ¿Abordas ambos géneros con procedimientos distintos o partes de una misma concepción de la escritura?
-Estos cuentos son un poco como novelas cortas, en ese sentido es parecido escribir unos y otros. Creo que nunca escribí cuentos normales, de diez o cinco páginas.

-En otro plano, ¿cómo ves actualmente a la literatura latinoamericana?
Bueno, esto es muy amplio. Veo todo bien y todo mal al mismo tiempo. Un poco como la política latinoamericana. Soy optimista, pero las cosas no siempre acompañan (acaba de ganar la primera vuelta Bolsonaro).
- Estuviste en Chile para la Primavera del Libro, ¿cómo has visto a las y los escritores chilenos?
- Tengo muchos colegas chilenos que leo con entusiasmo, poetas y prosistas. De ahí a hacer una regla general, no sé, no podría.
-¿Has podido leer algo chileno últimamente?, ¿cuáles son tus últimas lecturas?
- Lo último que leí fue una novela de mi amiga Cynthia Rimsky.
-¿Cómo has visto a la Argentina bajo el gobierno de Milei?
-Un desastre que sirve a unos pocos ricos. Lo que más me sorprende es que no haya habido una revuelta masiva.
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