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Saturday, November 7, 2026

La hija del tiempo: Francisco Ortega y Félix Vega homenajean el universo de Mampato con una heroína del siglo XXI

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El universo de Mampato, concebido originalmente en 1968 por Eduardo Armstrong junto a Óscar Vega (Oskar) y posteriormente expandido de forma magistral por Themo Lobos, es indiscutiblemente uno de esos hitos fundamentales de la cultura chilena. Durante décadas, las aventuras del entrañable niño pelirrojo dotado de un cinto espaciotemporal alimentaron la curiosidad, el ingenio y el anhelo de explorar la historia y el cosmos de generaciones enteras de lectores. Sin embargo, en el cambiante y a menudo desafiante panorama cultural del siglo XXI, la pregunta sobre cómo rescatar ese legado sin caer en la mera nostalgia estéril se convirtió en el gran desafío para creadores de la talla de Félix Vega y Francisco Ortega.

El resultado de esa inquietud creativa, madurada a lo largo de décadas de proyectos frustrados, borradores perdidos y conversaciones postergadas, es finalmente una realidad palpable bajo el título La hija del tiempo (Suma). Se trata de una novela que no solo rinde un tributo profundamente respetuoso y amoroso a los cimientos creados por Armstrong, Vega y Lobos, sino que además se atreve a sacudir los códigos tradicionales del género para ofrecer una narrativa contemporánea, vibrante, oscura y dotada de una profunda lectura sociopolítica.

Para comprender la magnitud de La hija del tiempo, es indispensable retrotraerse al origen mismo de la idea. Lejos de ser un encargo editorial improvisado, la chispa de esta secuela postgeneracional lleva gestándose desde hace muchísimo tiempo. Según relata Félix Vega, el germen primigenio proviene de conversaciones sostenidas hace años con su propio padre, el legendario dibujante y cocreador del personaje, Óscar Vega.

“El editor Daniel Olave desde hacía muchos años tenía la idea de una secuela post generacional del universo de Mampato”, explica Félix Vega. “Por mi parte, yo había desarrollado varias ideas para revisitar este universo a partir de conversaciones sobre posibles continuaciones que tuve con mi padre en su estudio en nuestra casa. Tras prometerle en su lecho de muerte que dedicaría los últimos años a rescatar, restaurar y poner en valor su obra, publicar este libro significa preservar y continuar su legado de casi sesenta años, actualizándolo con temas contemporáneos sin perder el espíritu original”.

Por su parte, Francisco Ortega rememora el instante en que fue invitado a sumarse a esta travesía literaria: “La idea nace de una invitación que me hacen Félix Vega y Daniel Olave para sumarme a este proyecto. Para mí fue un verdadero honor; llevaba muchísimo tiempo soñando con hacer algo relacionado con Mampato. Durante los años noventa y dos mil hubo al menos tres proyectos de cómic en los que Félix estuvo involucrado y que, por distintas razones, nunca llegaron a concretarse. Cuando finalmente se abrió esta posibilidad y Félix me invitó a participar, no lo dudé”.

Ambos creadores comparten una larga y fructífera relación creativa previa, habiendo colaborado codo a codo en aclamados títulos como Monstruos y Dioses del fin del mundo y Los fantasmas de Pinochet. Esta sintonía intelectual mutua permitió que la transición desde la idea conceptual hasta la construcción del manuscrito fluyera de manera orgánica, cimentada sobre intereses compartidos y una forma común de entender la aventura y la ficción fantástica.

12/09/2024 FRANCISCO ORTEGA, ESCRITOR MARIO TELLEZ / LA TERCERA MARIO TELLEZ

Una “Carrie” chilena

Uno de los cambios más radicales y celebrados de La hija del tiempo reside en su protagonista. Alejándose de la fórmula clásica donde los roles centrales recaían casi exclusivamente en figuras masculinas, la historia pone en el centro a Amara, una adolescente chilena que descubre de manera sorpresiva que posee habilidades extraordinarias, algo así como una versión criolla de Carrie. ¿Por qué decidir que el timón de esta nueva aventura fuera asumido por una niña?

Félix Vega es categórico al respecto: “Antiguamente en las aventuras de las novelas, los cómics o las películas, salvo pocas excepciones, las niñas y mujeres solían ser relegadas a un segundo plano en un rol de indefensión a la sombra y dependencia de los protagonistas masculinos, que siempre eran muy fuertes o muy inteligentes. ¿Por qué tenían que ser reducidas al papel de interés romántico del héroe y poco más, cuando tienen las mismas capacidades que ellos e incluso más? Quisimos revertir eso y darle a la protagonista las mismas características de los héroes clásicos, dotándola además de poderes especiales”.

Francisco Ortega complementa esta visión señalando que la presencia de una protagonista femenina también busca corregir un desequilibrio histórico en el universo original. “La idea de que la protagonista fuera una niña estaba presente desde las primeras versiones de este proyecto, que lleva gestándose desde hace muchísimo tiempo. El universo de Mampato es extremadamente masculino, salvo por la aparición de Rena. Entonces, en este homenaje, en esta suerte de retelling de su universo, decidimos cambiar la perspectiva y contar la historia desde la mirada femenina, desde una niña que busca a su padre y que tiene compañeros de aventuras que son hombres”.

Ilustración: Félix Vega

Para Ortega, este libro encierra además un homenaje doble: “Por una parte, al Mampato que existe, al personaje que leímos y con el que crecimos. Y por otra, a ese Mampato que nunca pudo hacerse, a todos esos intentos fallidos de recuperarlo a lo largo de las décadas. Nos pareció que la mejor manera de rendir tributo a todos quienes participaron en ese largo camino era, precisamente, contar la historia de su hija”.

En las páginas de la novela, Amara no solo debe lidiar con la revelación de su herencia genética y sus formidables capacidades, sino también con el peso asfixiante de ser considerada una forastera, una rareza en su entorno cotidiano. La experiencia del aislamiento, el rechazo y los prejuicios escolares se convierten en el catalizador de una trama que dialoga directamente con las tensiones de la sociedad actual.

“Se habla mucho de los prejuicios de épocas pasadas como si hoy estos ya no existieran”, reflexiona Félix Vega. “Sin embargo, en la actualidad, las pocas conquistas de derechos civilizatorios conseguidas tras arduas luchas sociales están retrocediendo. Quienes hoy promueven sus prejuicios y su odio lo hacen con desfachatez, arrogancia e incluso orgullo de su crueldad; y en vez de ser rechazados, consiguen atención, aceptación masiva y la conquista del poder político y económico. En esta nefasta situación actual, muchas personas diferentes son apartadas o agredidas: minorías de todo tipo, pero también la cultura, la ciencia y el arte son despreciados, precisamente los valores que promovía la revista Mampato. Amara es una niña diferente y rara en un mundo oscuro, reflejando la situación de miles de adolescentes con una sensibilidad y empatía de la cual carece el común de la población que la rodea”.

Ilustración: Félix Vega

Francisco Ortega profundiza en esta conexión literaria, reconociendo la marcada influencia de referentes como Stephen King y su icónica novela Carrie, así como la tradición de los mutantes en los cómics de Marvel. “Los personajes que viven bajo el peso de los prejuicios nos permiten explorar una pregunta fundamental: ¿por qué juzgamos y rechazamos a quienes no encajan en determinados estándares sociales o de comportamiento? En realidad, Amara no es tan distinta del resto; es una adolescente común, pero posee un poder extraordinario que provoca que los demás la miren como un bicho raro. Y desde ahí entramos en temas como el bullying, la discriminación y también la manipulación a través de la religión”.

Sin embargo, Ortega recuerda un detalle clave sobre el ADN del personaje original: “Si uno revisa las aventuras de Mampato, descubre que él también era un outsider. Era un niño estudioso, un nerd, un enciclopedista. Mampato siempre fue distinto, y esa singularidad es la que lleva a Xse a escogerlo y entregarle el cinto espaciotemporal. No veo a Amara como una outsider absoluta, sino como la heredera de esa condición que siempre definió al personaje, pero manifestada en una sociedad actual que puede ser mucho más cruel”.

Ilustración: Félix Vega

De la ciencia ficción a la historia de Chile

Construir una obra que transita con fluidez desde los pasillos de un liceo en Santiago hasta dimensiones exóticas, viajes en el tiempo y civilizaciones extraterrestres requirió de un cuidadoso ejercicio de equilibrios narrativos y estéticos. La verosimilitud, coinciden ambos autores, dependía enteramente de la solidez con la que se cimentara el mundo ordinario.

“Para lograr verosimilitud en una historia con elementos desbordados de ciencia ficción, fantasía y terror fue necesario crear una cotidianidad realista y llena de detalles reconocibles y próximos”, apunta Félix Vega. A esto se suma su particular propuesta visual: “Mi estilo de ilustración en acuarela es más realista que el de las historias clásicas de Mampato, aportando una estética mucho más actual”.

Francisco Ortega abunda en este punto al señalar que “la buena ciencia ficción es aquella que se sostiene en lo concreto. No tiene que ser realista, pero sí verosímil. Necesitas una base muy firme en lo cotidiano —la vida de Amara, su colegio, la relación con su tía, su viaje a Angol— porque es precisamente lo real y reconocible lo que permite que lo fantástico resulte creíble. La hija del tiempo es una novela de iniciación, una historia sobre el descubrimiento de uno mismo y del mundo, por lo que comenzar en un escenario cercano era indispensable para que la aventura pudiera expandirse hacia otras épocas y dimensiones”.

Si las historietas clásicas de Mampato establecieron un puente fecundo con los grandes mitos y clásicos de la literatura universal —como La Ilíada, La Odisea, las leyendas arturianas o las sagas escandinavas—, la novela de Ortega y Vega da un paso audaz al arraigar su trama en la historia y la literatura fundacional de Chile.

Ilustración: Félix Vega

“La novela incorpora referencias a La Araucana y a la historia de Chile”, destaca Francisco Ortega. “Mampato siempre dialogó con los grandes clásicos, pero salvo contadas excepciones nunca llegó a establecer un diálogo tan profundo con nuestra historia y literatura. La Araucana es nuestra Odisea, una de las piezas fundamentales de la épica chilena. Quisimos rendir homenaje a ese pasado haciéndolo conversar con la obra de Alonso de Ercilla, porque nos interesa que esta aventura forme parte de la construcción de una épica nacional. Es una obra que debemos recuperar, reinterpretar y valorar como nuestra propia Ilíada y nuestra propia Odisea”.

Es en este punto donde entra en juego uno de los elementos más fascinantes de la trama: la Poma. En el universo original, el icónico cinto espaciotemporal permitía los saltos dimensionales, pero restricciones de propiedad intelectual exigían soluciones creativas.

“Necesitábamos una nueva máquina del tiempo para Amara”, relata Félix Vega. “Ya habíamos versionado al Mago Fitón y su Poma de la Araucana en nuestro bestiario Monstruos y dioses del fin del mundo. Releyendo la obra de Ercilla, donde se describe la Poma como una esfera que contiene a todo el mundo y a todos los tiempos, se me ocurrió que esta podría ser el objeto que les permitiera viajar. Pero esta esfera no es un simple adminículo tecnológico como el cinto, sino un cristal de otro mundo que cayó a la tierra hace eones y descansa en las entrañas de la cordillera de Nahuelbuta”.

Ortega añade que la Poma cumple un rol estratégico y simbólico de proporciones monumentales: “No podíamos utilizar el cinto espaciotemporal porque es propiedad intelectual de la familia de Themo Lobos, pero el concepto contenía elementos aprovechables. La Poma es mucho más que un artefacto; es un objeto de poder que establece una relación simbiótica con su portador. Su verdadero significado se revela hacia el final de la historia y cambia por completo la manera de entender varias cosas que hemos leído”.

El apartado visual en La hija del tiempo no cumple una función meramente ornamental; es un pilar constitutivo de la experiencia de lectura. Félix Vega asumió el titánico desafío de definir la iconografía de este renacido universo, partiendo por la compleja fisonomía de su protagonista y la reinterpretación de los clásicos extraterrestres creados por su padre.

“Quería que Amara se viera extraña y diferente a una adolescente normal, reflejando su herencia genética en su aspecto físico”, detalla el ilustrador. “Para ello le imprimí una doble dualidad cromática: cabellera roja con un mechón blanco y ojos de diferentes colores por heterocromía, mientras que su peinado asimétrico da pistas de su compleja personalidad. Para los tres personajes extraterrestres, seguí los diseños originales de mi padre, agregándoles contemporaneidad con una representación más volumétrica y realista”.

En cuanto a la dinámica de trabajo entre escritura e ilustración, el proceso se caracterizó por una profunda retroalimentación simbiótica. Lejos de trabajar en compartimentos estanques —donde uno escribe y el otro dibuja de manera aislada—, Ortega y Vega concibieron la novela como un organismo vivo moldeado a cuatro manos.

“Llevo varias décadas trabajando mis propios guiones de cómics y este año publiqué mi primera novela”, comenta Félix Vega. “Daniel Olave me propuso una invitación imposible de rechazar. A partir de mi propuesta, escribí un primer manuscrito y se lo envié a Francisco, que lo extendió. Luego él me lo pasó para que lo retocara y diera los últimos retoques, mientras realizaba las ilustraciones, diseños de personajes y portada. Más que cambiar las ideas del otro, lo que hicimos fue enriquecerlas, agregando capas y lecturas a los personajes”.

Francisco Ortega corrobora esta dinámica colaborativa: “Si dividiéramos el trabajo en cuatro partes, diría que Félix hizo tres y yo una: el argumento original es suyo, las ilustraciones son suyas y la primera versión del manuscrito también. Mi aporte estuvo en la reescritura, el desarrollo narrativo y la edición final. No es una novela que yo escribí y que Félix ilustró; es una obra que construimos juntos desde su concepción hasta su forma definitiva”.

Ilustración: Félix Vega

Los problemas del siglo XXI

Aunque el espíritu de la aventura juvenil impregna cada capítulo, La hija del tiempo no elude oscuridades complejas. La narrativa se atreve a incursionar en territorios perturbadores, abordando el miedo a lo desconocido, el fanatismo tóxico y el anhelo autoritario de controlar el tiempo y las vidas ajenas.

“Quería exponer las problemáticas actuales de una adolescente y de parte de la sociedad del siglo XXI que vive en la diferencia, frente al sistema y al poder que las considera una amenaza solo por no encajar en los roles designados”, señala Félix Vega. “Asimismo, mostrar cómo las personas que quieren encajar en el sistema son controladas a través del miedo y el odio que deriva en fanatismos tóxicos”.

Francisco Ortega complementa este ideario temático destacando la incursión en los códigos del terror fantástico: “Desde lo estrictamente literario, había algo que nos interesaba mucho explorar: el terror oscuro, esa sensación de que detrás de lo cotidiano se esconde algo profundamente inquietante. Hay al menos dos secuencias que son muy Stephen King, tanto por su atmósfera como por la manera en que lo sobrenatural irrumpe en la vida de los personajes. Buscábamos que la novela se leyera como una obra moderna, heredera de la nueva fantasía, que conserva el espíritu aventurero pero se atreve a entrar en territorios más oscuros y perturbadores”.

Al reflexionar sobre el impacto que esperan generar en los lectores, ambos creadores convergen en un deseo común y luminoso. Para aquellos que crecieron hojeando las revistas clásicas en las décadas de los setenta y ochenta, el libro busca avivar la chispa de la memoria emocional; para los nuevos lectores, representa la puerta de entrada a un universo inexplorado de infinitas posibilidades.

“Me gustaría que los antiguos y fieles lectores de Mampato revivieran al leer esta novela las emociones que sintieron hace tantas décadas al leer las historietas”, confiesa Félix Vega. “Y que los más jóvenes que se asomen por primera vez descubran un nuevo universo, el cual podrán seguir conociendo en las antiguas aventuras”.

Francisco Ortega concluye con una rotunda reivindicación del valor histórico y narrativo del personaje creado en Chile: “Siempre he dicho que Mampato es un concepto narrativo impresionantemente bueno, que tuvo la mala suerte de ser chileno. Si hubiese nacido en el cómic europeo, japonés o estadounidense, hoy estaríamos llenos de películas, parques temáticos y series, formando parte del universo Marvel. Es un concepto perfecto: un niño chileno que recibe un objeto para viajar por el tiempo, acompañado por un neandertal y una niña telépata. Es una mezcla de Linterna Verde y X-Men, veinte años antes que Harry Potter. Queremos reencantar a una nueva generación y demostrar que aquí se creó un personaje cuya idea es, a mi juicio, incluso más original y grande que las grandes franquicias globales”.

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