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Tuesday, October 20, 2026

Un estudio forense descubre indicios de sacrificios humanos en las tumbas de los primeros faraones de Egipto hace 5.000 años

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Un análisis forense de 46 cráneos de hace 5.000 años revela posibles muertes violentas entre los servidores enterrados junto a los primeros faraones de Egipto.

Restos de la tumba del faraón Djer, uno de los primeros soberanos de la dinastía I de Egipto, situada en la antigua necrópolis real de Abidos
Restos de la tumba del faraón Djer, uno de los primeros soberanos de la dinastía I de Egipto, situada en la antigua necrópolis real de Abidos. Foto: Mike P. Shepherd/Wikimedia/Christian Pérez

Christian Pérez

Publicado por Christian Pérez

Redactor especializado en divulgación científica e histórica

Creado: Actualizado:

Durante más de un siglo, decenas de esqueletos encontrados junto a las tumbas de los primeros gobernantes de Egipto han planteado una pregunta inquietante: ¿fueron asesinados para acompañar a sus reyes al más allá? Una nueva investigación publicada en la revista científica Frontiers in Environmental Archaeology ha encontrado pruebas que refuerzan esta hipótesis. Lo sorprendente es que las pistas llevaban décadas guardadas en un museo británico.

Hace unos 5.000 años, cuando Egipto comenzaba a consolidarse como uno de los primeros grandes Estados de la Antigüedad, la muerte de un soberano podía tener consecuencias para quienes habían formado parte de su corte. En el cementerio real de Abidos, situado en el Alto Egipto, los arqueólogos descubrieron cientos de sepulturas distribuidas alrededor de los complejos funerarios de los primeros monarcas de la dinastía I.

En algunas de aquellas tumbas descansaban funcionarios, artesanos y personas vinculadas al entorno palaciego. Su disposición despertó las sospechas del arqueólogo británico Flinders Petrie, que excavó parte del yacimiento durante las primeras décadas del siglo XX. Resultaba extraño que tantos individuos hubieran muerto aproximadamente al mismo tiempo, coincidiendo con los enterramientos reales.

Petrie sospechó que se trataba de sacrificios humanos destinados a garantizar que los monarcas conservaran sus servidores después de morir. Sin embargo, no encontró lesiones que respaldaran aquella interpretación. Ahora, más de cien años después, la bioarqueóloga Roselyn A. Campbell, de la Universidad de Purdue, ha identificado heridas que podrían explicar qué ocurrió con algunos de aquellos individuos.

Las heridas que pasaron inadvertidas durante un siglo

La investigación se centró en 46 cráneos conservados en la colección Duckworth de la Universidad de Cambridge. Procedían de enterramientos asociados a los recintos funerarios de Djer, Djet y Merneith, tres figuras fundamentales de los comienzos de la monarquía egipcia.

Campbell descubrió que 18 de los 46 cráneos, aproximadamente el 39 %, presentaban traumatismos producidos alrededor del momento de la muerte. La mayoría consistían en fracturas lineales que atravesaban diferentes zonas de la bóveda craneal. También encontró lesiones provocadas por objetos cortantes, incluida una herida penetrante en un lateral de la cabeza y otra en la región ocular.

Estas fracturas pudieron provocar hemorragias intracraneales, pérdida de conocimiento y, finalmente, la muerte. Su identificación ha sido posible gracias a los avances de la antropología forense, que permiten distinguir determinadas lesiones sufridas cuando el hueso todavía conservaba su elasticidad de las roturas producidas mucho después del fallecimiento.

El propio Petrie pudo haber observado algunas de estas fracturas sin reconocer su importancia. El arqueólogo utilizó parafina para proteger los cráneos deteriorados y, en varios casos, aplicó el material precisamente alrededor de las zonas fracturadas. Lo que hace un siglo parecía un daño causado por el deterioro de los restos podría esconder, en realidad, episodios de violencia.

Estela funeraria del faraón Djet, uno de los primeros gobernantes del antiguo Egipto, cuya tumba se encuentra en la necrópolis real de Umm el-Qaab
Estela funeraria del faraón Djet, uno de los primeros gobernantes del antiguo Egipto, cuya tumba se encuentra en la necrópolis real de Umm el-Qaab. Foto: Wikimedia

¿Cómo murieron los servidores de los faraones?

Uno de los aspectos más interesantes del estudio está relacionado con las posibles armas utilizadas. Las representaciones del antiguo Egipto muestran frecuentemente a los faraones golpeando a sus enemigos con una maza, una imagen que simbolizaba su autoridad y su victoria sobre el caos.

Sin embargo, las lesiones de Abidos no encajan bien con este procedimiento. Las mazas de piedra suelen producir hundimientos en el cráneo, mientras que muchas de las fracturas documentadas por Campbell son lineales. Según las comparaciones forenses recogidas en la investigación, podrían haberse producido mediante impactos contra superficies amplias o golpes con instrumentos relativamente planos y ligeros.

«Según estudios forenses y arqueológicos comparativos, el instrumento más probable habría sido plano y relativamente ligero, probablemente fabricado con algún material como madera en lugar de piedra», indicó el propio Campbell.

No obstante, las pruebas tampoco permiten reconstruir completamente las circunstancias de estas muertes. Una lesión perimortem puede haberse producido poco antes o después del fallecimiento. Y aunque la combinación de traumatismos y contexto funerario favorece la hipótesis de muertes violentas, todavía resulta imposible asegurar que todos los individuos enterrados alrededor de los monarcas fueran sacrificados.

Plano de la necrópolis real de Umm el-Qaab, en Abidos (Egipto), que muestra la distribución de las tumbas de los primeros faraones y los enterramientos secundarios que las rodeaban
Plano de la necrópolis real de Umm el-Qaab, en Abidos (Egipto), que muestra la distribución de las tumbas de los primeros faraones y los enterramientos secundarios que las rodeaban. Foto: Frontiers in Environmental Archaeology (2026)

Una práctica funeraria vinculada al nacimiento del Estado egipcio

Para comprender estos enterramientos es necesario situarse en el Egipto de la dinastía I, aproximadamente entre el 3078 y el 2900 a. C. El poder real estaba adquiriendo una dimensión religiosa y política extraordinaria, y los complejos funerarios servían también para expresar la autoridad de sus gobernantes.

El denominado sacrificio de acompañantes consistía en dar muerte a personas relacionadas con un soberano para que continuaran desempeñando sus funciones en el más allá. Esta práctica se ha documentado o propuesto en distintas sociedades antiguas, aunque las circunstancias y motivaciones podían variar considerablemente.

En Abidos, las inscripciones funerarias conservadas mencionan cargos administrativos, artesanos y otros miembros de la corte. Por tanto, no se trataba necesariamente de esclavos ni de personas sin relevancia social. Algunos pudieron ocupar posiciones apreciadas dentro de la organización palaciega.

Campbell también cuestiona las antiguas interpretaciones que presentaban a muchas mujeres enterradas en estas tumbas como integrantes del harén real. No existen pruebas suficientes para asignarles automáticamente esa condición. Algunas pudieron desempeñar funciones administrativas o de servicio dentro de la casa real.

Detalle de un relieve del templo de Seti I, en Abidos (Egipto), que conserva representaciones religiosas del antiguo Egipto
Detalle de un relieve del templo de Seti I, en Abidos (Egipto), que conserva representaciones religiosas del antiguo Egipto. Foto: Hemis

El misterio que todavía permanece bajo la arena

La investigación deja abiertas cuestiones fundamentales. No sabemos si estas personas aceptaron participar en los rituales, si fueron obligadas o si todas murieron por las mismas causas. Tampoco es posible extrapolar el porcentaje de traumatismos observado a los cientos de enterramientos del conjunto funerario.

«Con un conjunto de datos tan pequeño e incompleto, y habiendo transcurrido tantos milenios desde que estas personas fueron enterradas, simplemente no podemos estar completamente seguros de si todos estos individuos fueron sacrificados, solo algunos o si existe alguna otra explicación que se ha perdido con el tiempo», advirtió Campbell en declaraciones a CNN.

Las sepulturas subsidiarias disminuyeron progresivamente y parecen haber desaparecido al comenzar la dinastía II. Aquella costumbre, posiblemente vinculada a las primeras manifestaciones del poder faraónico, no perduró durante toda la historia egipcia.

El trabajo de Campbell aporta nuevas pruebas sobre la violencia que pudo acompañar a los primeros monarcas del valle del Nilo. También demuestra que algunas respuestas arqueológicas no necesitan nuevas excavaciones. A veces permanecen ocultas entre los objetos recuperados hace generaciones, esperando a que los investigadores aprendan a interpretar sus señales.

Referencias

  • New Data from Old Bones: Using Bioarchaeology and Forensics to Reassess Legacy Data from Ancient Abydos, Egypt, Frontiers in Environmental Archaeology (2026). DOI: 10.3389/fearc.2026.1858940
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