Las encuestas empezaron a importar

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La caída del apoyo en las encuestas está teniendo consecuencias políticas. La Moneda enfrenta tensiones en su sector, el alejamiento de socios tácticos como libertarios y PDG, y una ciudadanía que ya perdió la confianza y está perdiendo la paciencia con la promesa de recuperación.
Dentro del oficialismo, las diferencias debilitan la disciplina y con Kaiser la distancia solo se ensancha. El gobierno gasta energías en contener disputas y sostener apoyos, al punto que el Presidente tuvo que salir a ordenar a los suyos ante la inminente acusación constitucional contra un ministro.
Parisi también mueve sus fichas. Endurece las críticas y busca instalar al PDG en una oposición contra las élites. Combina cuestionamientos técnicos con mensajes populares. Los de arriba están desconectados, les falta calle y los de abajo pagan las consecuencias. Las pérdidas previsionales le dan nuevo combustible a ese relato y ponen sobre la mesa el fantasma de los retiros.
Pero la presión principal viene de la ciudadanía. Un 55% mira el próximo año con la expectativa de una economía peor. La promesa de recuperación pierde crédito frente a la dificultad para encontrar trabajo y el costo de la vida. Mientras, el gobierno habla de mediano plazo y pide paciencia a personas que están llegando con poco aire a fin de mes.
Ese agotamiento está encontrando una explicación que debiera preocupar a La Moneda. Un 63% considera que el gobierno favorece más a los grandes empresarios y las personas de altos ingresos. El problema económico adquiere un significado político y las dificultades propias comienzan a leerse como resultado de malas decisiones y falta de sensibilidad de quienes gobiernan.
La caída del fondo E también alimenta esa lectura. Desde la oposición buscan réditos reponiendo la conversación sobre los abusos e intentando poner al gobierno del lado de quienes los cometen.
Otras señales acompañan este descontento. La evaluación positiva del estallido de 2019 subió de 33% a 41%, aunque sigue siendo minoritaria. Un 63% reconoce motivos para manifestarse y retrocede la preferencia por priorizar crecimiento frente al cuidado del medioambiente. Los datos no anuncian otra movilización masiva, pero muestran las costuras de una promesa económica que se percibe lejana.
El gobierno al fin reacciona. Anuncia planes de empleo y anticipa alivios en TAG y electricidad para recuperar conexión con el bolsillo. Pero la falta de pericia política vuelve a pasarle la cuenta y la firma de beneficios penitenciarios a condenados por abusos sexuales desplaza la agenda y desdibuja los anuncios.
Las encuestas están importando. Mientras La Moneda intenta recuperar la iniciativa, sus apoyos se dispersan y la angustia social busca responsables. Ojalá se cumplan las predicciones de Hacienda para 2027. Pero conviene mirar también el riesgo de una recuperación con grandes utilidades y persistente desempleo. Si el crecimiento llega mucho antes a los balances que a los bolsillos, puede terminar alimentando la rabia.
Por Cristián Valdivieso, director de Criteria
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