Versatilidad y consistencia
El Metropolitano dicta sentencia sobre algo más que el liderato. Primero contra segundo, once jornadas, una sola derrota por bando y una puntuación de récord. Es el escenario perfecto para comprobar si el Barça de Flick ha aprendido a ganar de más de una manera.
Su identidad es innegociable y le honra. Es un equipo reconocible, valiente y ofensivo hasta el extremo. Pero ningún once sostiene la misma intensidad durante noventa minutos, y las bajas o la precisión no siempre acompañan. En los partidos grandes eso se paga caro. Que lo digan el 4-0 de la ida copera o el 0-2 que cerró las puertas de Europa en el Camp Nou la temporada pasada. Entonces los dos triunfos ligueros (3-1 y 1-2) parecían haber marcado el camino. Simeone ha encontrado la grieta. Espera en su campo, provoca el error en la entrega y, al contragolpe, castiga la espalda de los laterales, probablemente la zona más mejorable de este Barça. Flick ya lo sufrió en su estreno ante el Cholo, con el 1-2 de Sorloth en el minuto 96 en Montjuïc. No se trata de jugar en función del rival, sino de leerlo. Tampoco de renunciar al estilo, sino de enriquecerlo. Cuando el Barça mande en el marcador o el Atlético apriete, debe saber ceder la pelota y defender en bloque bajo. Así invitará al rival a abrirse y podrá golpearle a la contra. Cuantos más registros domina un equipo, más difícil resulta descifrarlo. El PSG de Luis Enrique es el mejor ejemplo.
Jugar siempre a pecho descubierto es un riesgo que el líder debería empezar a corregir. El Metropolitano es el examen ideal para demostrarlo.
KioskNews shows a cleaned-up reading view extracted from the publisher’s page — the original always lives on their site, not ours.