Novillos y carne con precios amesetados: ¿hasta cuándo?

Después de las fuertes subas registradas durante los primeros meses del año, el mercado de la carne vacuna ingresó en una etapa de estabilidad. La hacienda gorda dejó atrás los valores máximos alcanzados durante el primer trimestre y atraviesa en el Mercado Agroganadero de Cañuelas (MAG) un período de mayor selectividad de la demanda, mientras que en carnicerías y supermercados el precio de la carne se mantiene dentro de un rango relativamente acotado. Detrás de esta aparente calma hay un factor que condiciona a toda la cadena: el poder adquisitivo del consumidor.
El cambio de escenario comenzó a hacerse visible después del pico registrado entre febrero, marzo y abril, cuando la menor disponibilidad de hacienda terminada de feedlot impulsó los valores. El Índice Novillo del MAG, que había promediado $4.445 por kilo vivo en marzo, cerró julio en $4.317,7 y agosto en $4.304,6. Entre marzo y agosto acumuló así una baja nominal cercana al 3,2%, aunque con fuertes oscilaciones.
“Hubo un pico que siempre se da con el aumento fuerte para fin de febrero, marzo y abril, que es cuando está faltando el gordo de feedlot. Hasta el novillo llegó a pagarse $5.000 y después se amesetó, y ahora estamos en esa meseta, bajando un poco”, explicó Agustín Lalor, de la consignataria Martín G. Lalor.
La presión sobre la hacienda destinada al consumo interno se hizo más evidente desde mediados de agosto. En los primeros días de septiembre, el Índice Novillo del MAG llegó a $4.116,1 por kilo, luego de una rueda en la que cayó 3,45%.
Pero no todas las categorías se rigen por la misma lógica. “La exportación está traccionando muy fuertemente para lo que es la vaca”, destacó Lalor, quien señaló además que existe una demanda importante por novillos pesados destinados al mercado externo. Esa participación exportadora funciona como factor de sostén y diferencia el comportamiento de las categorías según su destino.
El mismo techo que mostró la haciendo de consumo se viene observando en el precio de la carne en el mostrador. Los últimos datos del Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA) muestran que la media res, que en marzo había alcanzado un máximo de $10.889 por kilo, se mantuvo posteriormente alrededor de los $10.600. En el punto de venta, el precio promedio de la carne se ubicó durante el mismo período en torno de los $18.400 por kilo, aunque con diferencias importantes entre cortes y canales. Los supermercados ofrecieron, en promedio, valores inferiores a los de las carnicerías.
Desde la Cámara Argentina de Matarifes y Abastecedores (Camya) advierten que esta estabilidad no significa que los costos hayan dejado de subir, sino que el mercado encontró un límite concreto en la capacidad de compra de los consumidores. Matías Carli, gerente general de la entidad, explicó que las familias compran con mayor cautela, reducen cantidades, buscan cortes más económicos y complementan el consumo de carne vacuna con pollo y cerdo.
“La hacienda es solamente uno de los componentes del valor que paga el consumidor. Entre el animal y la carnicería aparecen los costos de faena, transporte, combustible, impuestos, tasas, energía, cargas laborales, financiamiento y administración. En los comercios minoristas se agregan alquileres, salarios y servicios. Mientras el precio final se mantiene relativamente estable, los márgenes de algunos eslabones se reducen. Matarifes y carniceros absorben parte de los mayores costos porque trasladarlos completamente al mostrador implicaría profundizar la caída de las ventas”, afirma Carli.
Luego advierte que esta dinámica empieza a repercutir sobre la cadena de pagos y que se observan mayores dificultades para cumplir compromisos comerciales, pedidos de extensión de plazos, pagos parciales y una circulación más lenta del dinero.
El escenario, por lo tanto, no es exactamente de caída generalizada de precios, sino de estabilización en un nivel condicionado por la demanda. La hacienda de consumo encuentra dificultades para seguir subiendo porque el mercado interno no parece tener capacidad para convalidar aumentos importantes. Al mismo tiempo, la exportación aporta sostén para la vaca y los novillos pesados, evitando que la corrección sea homogénea para todas las categorías.
De cara a los próximos meses, el interrogante es si esta meseta se mantendrá o si la menor disponibilidad estacional de hacienda terminada volverá a generar presión sobre los precios. La posibilidad de nuevas subas existe, pero vuelve a encontrarse con el mismo límite: el bolsillo del consumidor.
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