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Sunday, September 27, 2026

Los perros escuchan el habla de una manera que se creía exclusiva de los humanos, según un nuevo estudio científico

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Quienes hablan habitualmente con sus perros quizás estén haciendo más que simplemente acostumbrarlos a determinadas palabras. Una nueva investigación descubrió que el cerebro de estos animales desarrolló una manera de procesar el habla que, hasta ahora, solo había sido observada en humanos.

El estudio fue realizado por investigadores de la Universidad Eötvös Loránd (ELTE), en Budapest, y publicado el 24 de septiembre en la prestigiosa revista científica Science, editada semanalmente por la Asociación Estadounidense para el Avance de la Ciencia (AAAS).

Los científicos encontraron que los perros utilizan principalmente los patrones formados por consonantes para identificar posibles palabras dentro de una secuencia continua de sonidos.

El hallazgo no significa que comprendan el lenguaje de la misma manera que una persona. La importancia está en otro lugar: demuestra que una estrategia cerebral asociada al procesamiento del habla puede aparecer en una especie que no posee lenguaje.

Por qué las consonantes son importantes para entender las palabras

Las vocales suelen ser sonidos más fuertes y perceptibles. Sin embargo, las consonantes proporcionan generalmente más información para reconocer las palabras.

Por qué las consonantes terminan siendo clave. Foto: Pexels

Desde la infancia, el cerebro humano aprende a aprovechar esa diferencia. Cuando escucha una conversación sin pausas claras entre cada término, presta especial atención a los patrones de consonantes para determinar dónde podría terminar una palabra y comenzar otra.

Este fenómeno recibe el nombre de “sesgo consonántico”.

“Las consonantes normalmente forman el esqueleto de las palabras”, explicó Attila Andics, neurocientífico cognitivo, director del Laboratorio de Neuroetología de la Comunicación de ELTE y autor correspondiente del estudio.

Hasta ahora no estaba claro si esa capacidad dependía de mecanismos cerebrales específicamente humanos relacionados con el lenguaje o si podía desarrollarse simplemente por estar expuesto repetidamente al habla.

Los perros ofrecían una oportunidad particular para comprobarlo: aunque no hablan, muchos pasan prácticamente toda su vida escuchando conversaciones humanas.

Cómo fue el experimento con 20 perros y 20 personas

Los investigadores compararon la actividad cerebral de 20 perros de compañía y 20 seres humanos.

El emotivo reencuentro de un perro con su dueño tras 200 días desaparecido.

Durante el experimento, todos escucharon secuencias continuas de sonidos en las que consonantes y vocales se alternaban sin silencios que permitieran identificar fácilmente dónde comenzaba o terminaba una supuesta palabra.

Había tres condiciones. En una, patrones repetidos de consonantes formaban estructuras equivalentes a palabras de tres sílabas. En otra, los patrones estaban definidos por las vocales. Una tercera secuencia era aleatoria y funcionaba como control.

Los científicos midieron la actividad cerebral mediante electroencefalografía (EEG) no invasiva, colocando electrodos sobre el cuero cabelludo.

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El resultado sorprendió por la similitud entre las especies.

Cuando las consonantes formaban los patrones repetidos, tanto el cerebro humano como el canino se sincronizaron con mayor intensidad con el ritmo de esas “palabras” que cuando la estructura dependía de vocales o era aleatoria.

Además, alrededor de 400 milisegundos después del comienzo de cada palabra, apareció una modificación particular de la actividad eléctrica en ambas especies, pero solamente cuando los términos estaban estructurados mediante consonantes. Ese intervalo está relacionado con la segmentación del habla continua en palabras individuales.

Qué revela el descubrimiento sobre los perros

Uno de los resultados más llamativos apareció al analizar la historia de los animales.

Los perros que durante sus primeros tres meses habían vivido en la calle o en refugios mostraron un sesgo hacia las consonantes similar al de aquellos criados desde cachorros en hogares donde escuchaban hablar a las personas constantemente.

Diferencia entre perros criados en hogar y refugio. Foto: Pixabay.

Para los investigadores, esto indica que la capacidad no necesariamente requiere una exposición intensa al lenguaje durante una etapa crítica de los primeros meses de vida.

La explicación podría estar en el aprendizaje estadístico: el cerebro reconoce regularidades que aparecen repetidamente en aquello que escucha y termina utilizándolas para organizar la información.

Sin embargo, los autores plantean una cautela. El fenómeno podría estar relacionado específicamente con la historia de domesticación y exposición de los perros al habla humana, pero también podría reflejar una capacidad auditiva o cognitiva más general y anterior a la domesticación.

Los perros no procesan el lenguaje exactamente como los humanos

El experimento también encontró diferencias importantes.

Las personas lograron detectar patrones construidos a partir de vocales, aunque con menor facilidad que los basados en consonantes. Los perros, en cambio, no mostraron esa capacidad.

Criadero ilegal de perros chihuahua. Foto: Andres D'Elia

Además, ambas especies pudieron seguir cerebralmente el ritmo de las sílabas, pero solamente los humanos sincronizaron su actividad con el ritmo de cada sonido individual.

Esto sugiere que el cerebro humano analiza el habla con un nivel de detalle mayor. Para las personas, cada sonido puede convertirse en una unidad diferenciada; en los perros, la sílaba parecería constituir la unidad mínima de procesamiento detectada en este experimento.

El trabajo, titulado Neural evidence that dogs segment the speech they hear with a humanlike consonant bias, fue realizado por Boglárka Morvai, Kinga G. Tóth, Marianna Boros, Dorottya S. Rácz, Ivaylo Iotchev, Kitti Szabó y Attila Andics.

Los resultados abren así una posibilidad interesante: algunas características que parecían depender exclusivamente del lenguaje humano podrían surgir simplemente porque un cerebro pasa suficiente tiempo escuchando y aprendiendo los patrones del habla.

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