Beatriz de Vicente, criminóloga: “Defender a un asesino no es justificarlo, es garantizar que la justicia funcione”

En los juicios por delitos graves no todo es tan simple como parece desde fuera. Detrás de cada caso hay estrategias legales, pruebas, versiones distintas y muchas veces dilemas difíciles sobre la culpa, la defensa y la justicia. El trabajo de un abogado penalista consiste en moverse en ese terreno complejo, defendiendo a personas acusadas de los hechos más duros, independientemente de la opinión pública. Desde esa realidad se entiende mejor la experiencia de Beatriz de Vicente, una de las abogadas penalistas más conocidas de España.
En su reciente participación en el podcast Tenía la duda, de Judith Tiral, la experta ha reflexionado sobre maldad, justicia, sesgos, responsabilidad moral y la complejidad de juzgar a otros, desde la perspectiva de alguien que trabaja diariamente con los casos más extremos del sistema judicial.

El papel de la defensa
En su día a día, De Vicente diferencia entre los casos que elige como particular y los que tiene que llevar como letrada de turno de oficio: “En los segundos, eres como un médico de urgencias que no puede decir si cose a un pederasta o a una abuelita. Defender muchas veces es simplemente optimizar la situación que tiene, conseguir la mejor resolución posible. Defender a un asesino no es justificarlo, es garantizar que la justicia funcione”, explica, subrayando que el papel de la defensa es esencial para que el sistema judicial funcione con todas sus garantías, incluso en los casos más incómodos.
Ese enfoque práctico atraviesa toda su manera de entender el derecho penal. “A mí me interesa saber la verdad”, señala, aunque reconoce que no siempre es imprescindible para la estrategia jurídica. “Defender no siempre es decir ‘no lo ha hecho’. Muchas veces es trabajar con lo que hay para construir la mejor defensa posible dentro del sistema”, añade.

La oscuridad humana
Durante los últimos años se ha popularizado el género del true crime, que conecta con esa fascinación: “La anormalidad nos llama la atención. Desde la comodidad de nuestra casa podemos experimentar una vivencia cognitiva y emocional, mientras comemos palomitas. Es como un subidón rodeado de la total tranquilidad de que no te va a pasar nada”.
La criminóloga admite que el mal existe, pero advierte de que muchas veces es la propia sociedad quien lo normaliza: “En la Antigua Roma nos sentábamos a ver cómo morían en la arena. Hoy en día se celebran cientos de fiestas en nuestro país donde la gente se divierte maltratando animales… La maldad más terrorífica es la maldad social”, afirma, señalando que no siempre la violencia es individual, sino también colectiva y cultural.
Aun así, su mirada no se queda en el delito, sino en la persona que hay detrás. “Yo veo humanidad detrás del monstruo”, explica. “Detrás hay alguien que ha sido niño, adolescente, alguien que ha sufrido o que tiene una historia. Eso no justifica lo que ha hecho, pero ayuda a entenderlo”.
Christian Jiménez

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