Una sucesión de imágenes oníricas revela en escena la vida de María Sabina
Se estrenó en el Cenart Invocación operística a la sabia de los hongos, de Marcela y Jesusa Rodríguez
Omar González Morales
Periódico La Jornada
Sábado 12 de septiembre de 2026, p. 5
La obra Invocación operística a la sabia de los hongos es un homenaje con tintes oníricos dedicado a la legendaria María Sabina.
Ideada y musicalizada por las hermanas Jesusa y Marcela Rodríguez, esta puesta en escena es un viaje que rememora momentos y reflexiones importantes de la vida de la oaxaqueña, todo basado en el libro biográfico de Álvaro Estrada.
El montaje se estrenó este fin de semana en el Foro Black Box del Centro Nacional de las Artes (Cenart).
Desde el principio, el público se sumerge en la oscuridad, una caja negra evoca un viaje al inframundo. Al estruendo de una percusión se unen una flauta, un violín y un chelo, invocación sonora dirigida por Gonzalo Gutiérrez.
Cinco mujeres envueltas en cabellos blancos largos cantan con ritmos nostálgicos mientras se unen al público como micelios, dando forma a esa fina red de filamentos que da vida a los hongos.
Se revive la infancia de María, su primer acercamiento a los alucinógenos, su pensamiento, sus recuerdos, sueños y hambre. En los hongos encontró una forma de concebir la vida y de superar la miseria.
El elenco está integrado por las “tejedoras del micelio”, encabezadas por Catalina Pereda. Las raíces que salen de los hongos unifican el espectáculo con el público. Rodeada de oscuridad, María Sabina se enfrenta a las memorias de la muerte, a sus experiencias.
“No sé en qué año nací, pero mi madre me dijo que fue en la mañana. Soy una mujer que está debajo del agua porque soy el agua que habla. Soy la mujer sabia en medicina, la yerbera, la mujer del rocío. Soy mujer día, mujer noche, que truena, de sangre, libre”, rezan las intérpretes.
“Los niños santos hablan”
La puesta también procesa la percepción que se tiene de ella como sabia, así como de su conocimiento y de su forma de concebir el mundo: “Soy la mujer molino, todo el lenguaje viene del libro que he heredado; mi sabiduría nadie me la enseñó. Los niños santos me hablan y yo sólo tengo el poder de leer”.

▲ Cinco mujeres envueltas en cabellos blancos largos cantan con ritmos nostálgicos mientras se unen al público como micelios.Foto Germán Canseco
Las María Sabina joven y adulta se acercan al público para tocar el estropajo, el micelio, que le es entregado al público, y generan una cadena que vincula a todos. Así se comunican los hongos, comparten memoria, se vuelven simbiontes.
La invocación rememora su papel de curandera y algunos de los casos más emblemáticos de recuperación: “un sabio no debe cobrar por sus servicios”, dice al final de la recuperación del pequeño Rodrigo, quien cayó a un acantilado, y a quien logró hacer caminar otra vez. Su pago: cinco pesos, aguardiente y una gallina.
Después habla de su encuentro con los extranjeros, los roqueros del ayer. Al respecto, se dice en la puesta en escena: “durante un tiempo vinieron jóvenes y hombres de cabellos largos”. Los roqueros, los extranjeros que vienen por experiencias, por la fama de los alucinógenos. Según esta representación, en su cabeza ella sólo encontró ruido, estruendo y caos.
Después llegan sus reflexiones sobre la muerte, sus peticiones; sabe que en su pueblo la despedirán, que matarán una gallina en su honor, la enterrarán con ella. La orquesta se hunde en el silencio y el violín resuena. Es el final y ella se “sumergirá en el mundo de los muertos”.
La obra Invocación operística a la sabia de los hongos se presentará sólo este fin de semana en el Cenart como parte del ciclo Del color de la sandía, con el que se celebran las Fiestas Patrias.
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