La nueva arma espacial de Estados Unidos se suma al arsenal para contrarrestar a Rusia y China

“Por mucho que ustedes quieran saberlo, Beijing quiere saberlo aún más”, afirmó el miércoles el teniente general Greg Gagnon, comandante del Mando de Fuerzas de Combate de la Fuerza Espacial, encargado del entrenamiento del personal para operar sistemas como esta arma en órbita.
El secretario de la Fuerza Aérea, Troy Meink, anunció el lunes en una conferencia que EEUU cuenta ahora con un arma espacial destinada a proteger a las fuerzas estadounidenses, lo que provocó una advertencia del Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia sobre las “consecuencias más graves” en caso de ser utilizada.
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El dispositivo constituye el componente orbital del actual arsenal espacial estadounidense, el cual ha estado integrado por inhibidores terrestres diseñados para interrumpir temporalmente —aunque no destruir— las comunicaciones de satélites chinos y rusos.
Los inhibidores actuales se conocen como el “Sistema de Contra-Comunicaciones” (Counter Communications System), una gran arma con antena satelital desplegada desde 2020; un modelo móvil más pequeño denominado “Meadowlands”, operativo desde julio; y el sistema aún más móvil llamado Terminal Modular Remoto (Remote Modular Terminal), a punto de ser desplegado por completo.
“No vamos a hablar sobre los detalles específicos de lo que estamos haciendo: si lo hemos probado, si no lo hemos probado o cualquier otra cosa”, declaró Meink a los periodistas el lunes tras la revelación.
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Al ser consultado sobre cómo encaja esta capacidad en órbita recién revelada con el arsenal actual, Gagnon señaló que “todos los sistemas de armas se complementan entre sí y se integran cuando los sincronizas en operaciones militares”.
Sin embargo, “esta tiene su base en el espacio, por lo que ya es diferente”, explicó Victoria Samson, analista de armas espaciales de la fundación Secure World Foundation. “Hay informes de que se cree que China y Rusia poseen inhibidores espaciales y me parecía extraño que nosotros no los tuviéramos”, añadió.
Samson también indicó que los inhibidores podrían ser más fáciles de colocar en órbita que las armas de láser o de haces de partículas.
Aun así, si EEUU se limitara a desplegar inhibidores que enceguezcan temporalmente a un satélite chino o ruso, “podría quedar la impresión de que Estados Unidos tal vez no esté dispuesto a utilizar armas cinéticas en el dominio espacial físico”, advirtió Clayton Swope, especialista en espacio y aeronáutica del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), en referencia a tecnologías de mayor poder destructivo.
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En 2022, Estados Unidos se comprometió a no realizar pruebas destructivas de misiles antisatélite de ascensión directa.
“Se trata de un compromiso muy específico”, afirmó Swope.
“La idea detrás de esa moratoria de pruebas en particular era que no hay razón para generar escombros que puedan poner en peligro el uso del espacio en tiempos de paz”, continuó, agregando que “el tiempo de guerra es otra historia”.
Gagnon declaró el miércoles que la política estadounidense que prohíbe la generación de basura espacial se aplica a las pruebas, aunque no llegó a afirmar que dicha prohibición no aplique a la nueva arma.
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“La razón por la que contamos con estas capacidades es para contribuir a la disuasión”, concluyó Gagnon. “Cuando vas a la guerra, destruyes cosas”.
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