Más allá de la controversia

El debate sobre las rebajas de condena exige más que respuestas dictadas por la coyuntura. En las últimas décadas se han restringido mecanismos de egreso penitenciario, como la libertad condicional y las rebajas de condena, previstos por el legislador.
El riesgo es que esta polémica profundice esa tendencia, sin reflexionar sobre los fines de la ejecución penal. Los mecanismos de egreso anticipado no son concesiones arbitrarias ni deben confundirse con impunidad. Responden a fundamentos de humanidad de las penas, prevención especial y racionalidad político-criminal. La pena debe responder a la gravedad del delito, pero su ejecución debe reconocer la capacidad de cambio de las personas y ofrecer incentivos y oportunidades de reintegración. La criminología ha advertido sobre los efectos potencialmente criminógenos del encarcelamiento prolongado, especialmente en contextos de hacinamiento, violencia y precariedad institucional.
Urge avanzar hacia una ley de ejecución de penas y una judicatura especializada para resolver estas cuestiones. Una política penitenciaria racional requiere decisiones de largo plazo, protegidas de la instrumentalización política.
El desafío es equilibrar la dignidad y los derechos de quienes cumplen condena, las legítimas demandas de justicia de las víctimas y las necesidades de seguridad de la sociedad. Este equilibrio no se alcanza restringiendo beneficios, sino con un sistema de ejecución penal fundado en criterios rigurosos y transparentes, decisiones individualizadas y mecanismos efectivos de acompañamiento y supervisión tras el egreso, que permitan evaluar resultados y resguardar su legitimidad.
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