En 1997, Martha Stewart compró la finca de 63 acres de Edsel Ford en Maine por menos de 6 millones de dólares; restauró su paisaje histórico conservando la casa de piedra de 12 habitaciones y la vajilla de la familia Ford

La empresaria Martha Stewart es una de las emprendedoras más famosa de Estados Unidos. Convertida en un icono del buen gusto, dirige un negocio multimillonario que abarca desde publicaciones hasta productos para el hogar que pueden conseguirse en tiendas y online.
Dueña de varias propiedades, en 1997, pagó menos de seis millones de dólares por la finca Skylands, que ocupa 63 acres (25 hectáreas) en Mount Desert Island, cerca del Parque Nacional Acadia, Maine, y que había pertenecido a Edsel Ford, hijo de Henry Ford.
La gran casa, de 12 dormitorios distribuidos en tres plantas, fue diseñada por el arquitecto Duncan Candler para Edsel y su esposa, Eleanor.
La construcción concluyó en 1925, en una época en la que las familias adineradas levantaban grandes residencias de verano en la costa de Nueva Inglaterra.
Mantener el legado e incorporar toques personales
Un artículo de Architectural Digest revela que Stewart adquirió la propiedad amueblada, con numerosos objetos originales de sus anteriores propietarios, incluidos vajilla, cubertería de plata, cristalería y ropa de hogar.

Agrega que la piedra de la zona, utilizada para las paredes, es uno de los rasgos más reconocibles de la construcción. En lugar de imponerse sobre el terreno, gracias a esa piedra, la casa se integra visualmente con los afloramientos de granito cercanos.
La arquitectura combina líneas geométricas, grandes ventanales y elementos tradicionales que le dan una apariencia sobria, alejada de la ostentación de otras mansiones de la época. El edificio principal cuenta con un gran salón de unos 60 pies de largo, con vigas de madera a la vista que refuerzan su carácter rústico.
En el reportaje de Architectural Digest, Stewart explica que no necesitó comprar platos para equipar la vivienda, aunque con el tiempo incorporó sus propias piezas. La empresaria resumió su relación con la propiedad al describirse como la cuidadora de un tesoro estadounidense.

La decoración conserva detalles de principios del siglo XX, como ventanas con cristales emplomados, azulejos de la firma Pewabic en los baños, elementos de cobre pulido y muebles antiguos. La cocina también mantiene electrodomésticos Frigidaire de época, una combinación poco habitual en una residencia de estas dimensiones.
En su sitio web, Stewart dice que “toda casa necesita un corazón y que uno podría esperar que fuera la chimenea, pero no que una mesa circular sea lo que domine el Gran Salón y sirva como centro neurálgico de Skylands”.
Agrega que para realizar la mesa “se recogieron siete taburetes de los rincones más alejados de la casa y se tapizaron con el mismo damasco de lana que cubre los sofás; son lo suficientemente parecidos como para que combinen bien, pero lo suficientemente diferentes como para no resultar demasiado formales ni artificiales”.

Describe también que “los elementos básicos de cada dormitorio son similares, pero lo suficientemente diferentes como para que cada habitación tenga una personalidad propia; una fórmula coherente y sutil las mantiene sencillas y acogedoras”. Destaca una “reluciente cama con dosel está vestida con un dosel de voile de algodón, lino belga, matelassé de algodón, lana tejida a rayas y una falda que recuerda a un vestido de gala de tafetán”.
En uno de los baños, Stewart colocó toallas de felpa gruesas y de color crema porque, dice, son el complemento perfecto para los azulejos gruesos del mismo color.

También destaca algunos aspectos de la decoración de esta finca de verano. Por ejemplo, una pérgola cubierta con vides de kiwi; 26 reproducciones de grabados de globos terráqueos astrológicos del siglo XVII; dos esfinges de terracota vidriada diseñadas por Emile Muller; una despensa con una colección de grandes tarros de cristal con tapas que hacen juego con el metal galvanizado del fregadero.
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