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Sunday, September 20, 2026

La prestigiosa actriz que decidió contar su maternidad, su inestabilidad económica y las “señales” que le envía su hermano

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Mala madre. Así se rubrica la flamante propuesta protagonizada por Raquel Ameri en Nün Teatro Bar que se vehiculiza a partir de una exploración a su propia vida, revisitar emocionalmente algunas tragedias personales y cómo, desde ese universo, ha canalizado la praxis de la maternidad con las tensiones que tal rol acarrea.

“Me vengo preguntando por qué, en mi carrera, luego de haber hecho de un chico trans, de madre de un femicida, de una mujer que tenía una hija con discapacidad o de una compositora nacida en Viena en 1878, ahora llega este proyecto. Siempre busqué materiales que me interpelaran, que me sacaran de la ignorancia, pero ahora es el tiempo de hablar sobre mi vida”, esgrime la actriz, cuya paleta de colores interpretativa es, por cierto, amplia, expandida.

—¿A qué atribuís el deseo de pensar, desde la escena, en tu propia existencia?

—Siempre lo fantaseé; fui documentando lo que me sucedía, soñaba con contar mi vida y transformarla en una obra. Apareció el eje de la maternidad, seguramente por la forma en que atravieso ese tema. Tuve un embarazo siendo soltera, otro estando casada y el tercero, ya separada. Transité embarazo, parto y puerperio en diferentes circunstancias, en todos los estados civiles. Me pareció que era un eje donde podía pensar mi relación con la maternidad en tensión con el hecho de tener una profesión y querer realizarme como actriz.

Ameri plasmó la dramaturgia de Mala madre junto a su colega Maruja Bustamante: “Respetó mi poética”. Paola Luttini, por su parte, se encuentra a cargo de la dirección: “Rápidamente pudo entender el potencial del trabajo”.

La protagonista es madre de dos varones (20 y 17) y de una niña (11) que se encuentra transitando su escuela primaria. “Siempre la maternidad me generó una energía muy fuerte porque debía, al mismo tiempo de esas crianzas, cumplir con ensayos, estrenos y funciones”.

—Un hecho trágico de tu historia familiar se filtró en el proceso de concepción del material.

—Emergió la muerte de mi hermano como un tema posible. No podía hablar sobre mí sin referirme a eso que me marcó y que, simbólicamente, fue una muerte y un duelo, pero también implicó volver a nacer desde la experiencia de la pérdida. Todo eso me llevó a pensar mucho en el ciclo que implica nacer, morir y renacer. Después del parto, morimos a la mujer que no era mamá y renacemos a la experiencia de maternar. En la vida hay muchas muertes y nacimientos, reales y simbólicos.

—Hablabas sobre la dificultad de ejercer el rol de madre y, a la vez, transitar tu profesión de actriz.

—Cada vez que he salido a escena, había un backstage que era la maternidad, la soledad, la carencia, la violencia económica. Todo eso es una carga muy fuerte que quedaba detrás de lo que mostraba en el escenario. Por otro lado, toda esa información me servía para componer a mis personajes.

—Ahora lo exponés.

—Es dar vuelta la ecuación y lo que antes estaba velado, ahora lo muestro. Mala madre es traer al escenario todo aquello que llevaba por detrás.

—¿Cómo considerás que interpelará el material al espectador?

—Todo esto comenzó hace cuatro años y significó un gran proceso de sanación. Ahora comienza otro viaje, el del espectador. Deseo que mi historia se transforme en algo colectivo. Sería interesante ver qué le sucede a la gente, incluso a los varones, que vengan a ver la obra y a aquellas mujeres que no han tenido hijos. Vamos a poder revisar el proceso amoroso de maternar, tanto en nosotros como en nuestros abuelos y padres.

—¿Notás un retroceso en cuanto a ideas y roles sociales conquistados de parte de las mujeres?

—Me parece que, cuando se pone en discusión, una vez más, que está bajando la maternidad y que la responsabilidad se coloque en el cuerpo de la mujer es un gran retroceso. Es limitar y reducir algo muy complejo al cuerpo de las mujeres; no me sorprende. Sobre el cuerpo de las hembras, en este caso humanas, también hablo en la obra. Somos las que sostenemos el sistema.

—¿Por qué lo decís?

—Si las mujeres dejáramos de estar disponibles, en cuerpo y alma, habría algo que se terminaría. En el proceso de la maternidad aparece una sociedad que se anestesió u olvidó que la mujer necesita una red, porque maternar no se hace en soledad entre cuatro paredes. Muchas mujeres terminan solas y eso lleva a una sobrecarga y el consecuente estrés que hace que se pueda estar al límite de la salud mental.

—¿Te sucedió?

—No viví la depresión posparto, pero hasta el día de hoy, me encuentro resolviendo muchas cosas sola debido a la violencia económica y porque la sociedad también nos hace creer que debemos resolver todo en solitario.

Raquel Ameri en una escena de Mala madre, un manifiesto que interpela los roles socialesGentileza Varas-Otero

—Encontrás puntos de encuentro entre tu rol como madre y el modelo de tu madre.

—Mi mamá y mi abuela no ejercieron una vocación por fuera. Espero que mi hija pueda encontrar ese equilibrio y que no tenga que postergar su pasión si decide ser mamá.

Inflexión

Ameri suele referirse a “la muerte que me parió”, un eufemismo aplicado a la experiencia de una tragedia que marcó un antes y un después en la vida de su familia.

La muerte de David, su hermano, modificó el engranaje vincular definitivamente. “Yo tenía 20 años cuando mi hermano, de 18 años, murió. En el proceso de escritura de esta obra, entendí que, en ese momento, volví a nacer y que también soy la madre que soy porque atravesé esa gran pérdida”.

—¿Por qué esa percepción?

—Mis vínculos y mis experiencias siempre están resonando con esa tragedia de fondo. A partir de la obra siento que estoy generando una nueva vinculación con mi hermano, a pesar de que ya pasaron 27 años de su fallecimiento, pero me hace muy bien. En todo el proceso sentí que volví a estar a la par suya andando el camino.

Su hermano, conductor de moto, falleció como consecuencia de un incidente vial. “Me pasaron cosas muy misteriosas en el proceso de la obra; mi hermano, de alguna manera, se manifestó, fue muy impresionante, como diciéndome ´esta obra la tenés que hacer´”.

—¿Experimentaste algún hecho que te llevó a pensar en la presencia tangible de tu hermano?

-Luego de su fallecimiento, la primera vez que ingresé a su cuarto, me tiré en la cama a llorar. En ese mismo momento, las luces de la habitación comenzaron a titilar. En un ensayo, me sucedió lo mismo, la obra tiene esas dimensiones. Siempre digo que hay una dimensión personal, otra colectiva y una tercera que es espiritual. La vida y la muerte nos hace mirar hacia otro lugar y pensar en cuestiones más trascendentes. Vivimos a una velocidad que nos hace olvidar eso.

-La terrenalidad no permite determinadas miradas hacia otras dimensiones.

-Estamos atravesados por el misterio, si nos acercáramos más a eso, aunque nos duela, la vida se iluminaría y se resignificaría para poder vincularnos de otra manera, con más conciencia de todo. Entre el nacimiento y la muerte hay un círculo virtuoso.

No fueron pocos los sucesos en los que Ameri percibió la presencia de su hermano. “Compartíamos el gusto por la música de los Redondos, por eso, desde el comienzo, estuvo la decisión de incluir algo de esa música en la obra y, curiosamente, durante el proceso de ensayos, falleció el Indio Solari. Una tarde, estacioné cerca del lugar del ensayo y, al abrir la puerta del auto, encuentro en el cordón, donde apoyé el pie, un papel con la leyenda ´ya sufriste cosas mejores que estas´”.

Ese cartón hoy está adherido a su celular. Aquella prosa del tema “Un ángel para tu soledad” le resultó movilizador: “Parecía que me lo habían dejado a mí, estábamos trabajando en la obra con esa canción”.

En una escena de Mala madre apela al recuerdo de su hermano utilizando un casco de motociclistaGentileza Varas-Otero

-¿Qué es la muerte?

-No tengo certezas, convivo con el misterio y que el misterio se comunica con nosotros. Intuyo que la muerte física es una transformación y no es un final.

-¿Qué sucedió con tus padres luego de la muerte de su hijo?

-Hicieron un duelo muy sano, pudieron seguir adelante. Nunca fue igual la vida, pero nos hemos acompañado mucho y nos pudimos mirar a los ojos con el dolor. Ahora están muy ansiosos con el estreno de la obra.

Rumbos

-Tus padres, ¿apoyaron tu camino artístico?

-En algún momento lo cuestionaron desde el pensamiento y el discurso. Sabemos que ser artista es algo inestable y, aún hoy, no está tan bien visto que una madre elija este camino.

-En alguna etapa de tu vida te instalaste en la localidad de Ingeniero Maschwitz.

-Fue el sueño de la familia Ingalls, vivía en una calle de tierra. Pero, en ese lugar, terminé separándome, así que no podía vivir allá sola con mis tres chicos.

Se crio en Floresta y hoy su lugar es Villa del Parque, cerca de los núcleos de la teatralidad porteña, pero atravesando las dificultades de esa inestabilidad que ponían en la lupa sus padres: “Hace seis meses que estoy sin trabajo, así que los ensayos de Mala madre se hicieron en un momento de carencias económicas tremendas. Por un lado, estaba involucrada en la abundancia creativa, con una directora como Paola Luttini, tan generosa, pero, a la vez, la otra cara de la moneda era una gran dificultad por sufrir la violencia económica de un progenitor ausente. En el escenario muestro la lucha diaria”.

-¿Cómo afrontaste las dificultades económicas?

-Este año, cuando no tenía ni para tomar el colectivo, hubo una red de amigos y familia que me ayudaron.

-La situación de la mayoría de los actores hoy es extremadamente compleja.

-Esperemos que todo cambie, lo que vivimos daña las almas de las personas. Cuando el sistema te lleva a estar pendiente de la supervivencia, se vive en una alerta constante que no deja aire para desplegar todo lo otro que tenés para ofrecer al mundo. Voy a cumplir 50 años y esto es lo que sé hacer, no quiero claudicar, espero llegar a ser muy viejita y seguir actuando.

-Nada te corrió de tus convicciones.

-Nada, pero veo a los chicos jóvenes, incluso a mis hijos, que dicen “quiero tener plata” y apelan a ese concepto vaciado de todo sentido, más allá del material.

-¿Qué es el dinero?

-Un medio para hacer algo, pero no un fin. Me gustaría dejarles a mis hijos un mensaje de espiritualidad, de solidaridad.

-A pesar de los escollos, has podido canalizar tu vocación y desarrollarla en paralelo a tu vida familiar.

-Sí, es así, pero, cuando todos mis compañeros, luego de un ensayo o una función, se iban a comer, yo volvía a casa, no había otra posibilidad. No tuve vida social alrededor de mi profesión. Por otro lado, nadie premia a la mujer que entrega horas y horas de su vida a la maternidad, es trabajo no reconocido ni remunerado. Incluso, sucede con las abuelas con sus nietos o las hijas con sus padres mayores. Seguí contra viento y marea, pero los chicos sufren los coletazos de tener una madre sola.

-¿Cómo considerás que te ven tus hijos?

-Creo que me perciben cada vez más humana y real y conectan más con entender que soy mujer con sueños y ganas. Lo charlamos mucho.

-Ver a una madre realizada es muy estimulante.

-Una madre frustrada es una carga muy grande para los hijos, por eso prefiero la fricción que puede aparecer por hacer lo que me gusta, a culparlos por no haber hecho algo debido a haberme quedado en casa para criarlos.

Mirada y cuerpo para dar vida a piezas como Millones de segundos, Alma Mahler y Rota, entre tantos otros títulos Alejandra López

Cuerpo y alma

-Todo actor o actriz debería tener un cuerpo disponible. En tu caso, llevás a la mayor expresividad y simbolismo posible, tanto de la plasticidad, como de la desnudez y la forma en la que habitás el espacio escénico. ¿Qué hay detrás de todo eso?

-Me fui acercando a esos temas primero desde la danza, y luego con Guillermo Angelelli, mi maestro, con quien trabajé la disponibilidad del cuerpo. Un cuerpo no solo virtuoso, sino vinculado a la energía emocional, psicológica y espiritual. Entendí que mi cuerpo era el material con el que contaba para hacer mi trabajo, con todos mis colores, todo hace al instrumento. El cuerpo es la bitácora, allí está todo. Tengo un arrojo desmesurado. Como entiendo el hecho artístico como un hecho transformador, si me permito entregar toda mi sustancia a la transformación escénica, tracciono la transformación sustancial del espectador, es metafísico. Hay que actuar con conciencia cósmica, eso viene de mi abuela, que me hablaba de la Pachamama, ella también está en Mala madre.

-En un contexto que pareciera reivindicar el individualismo extremo, el teatro recupera el ritual y la posibilidad de crear comunidad.

-Hay mucho coraje en el teatro, es reunirse a que te pasen cosas en un espacio del que no podés salir durante lo que dure la función. Es una experiencia excitante en medio de la desconexión generalizada.

Hizo de su físico, su instrumento, una caja de resonancia expresivaGentileza Varas-Otero

-¿Qué es esa quimera llamada prestigio? ¿Una banalidad?

-Alguien dijo, “cuando voy al chino, no puedo pagar con prestigio”, pero hay un valor en el prestigio y ese valor no es material. Siento que soy una actriz prestigiosa y todo lo hice de una manera muy dedicada, pero, a la vez, necesito pagar el chino. De todos modos, me gusta el camino elegido, por eso, espero que Mala madre me permita visibilizar mi trabajo.

-¿Por qué el título Mala madre?

-Es una forma de explorar ese carnet de mala o buena que te da la sociedad.

Para agendar

Mala madre. Viernes, a las 22.30, en Nün Teatro Bar (Ramírez de Velazco 419, Villa Crespo)

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