Grace Gold: su debut como actriz, los consejos que nunca siguió y el fenómeno que vive con el público joven
“Estoy aprendiendo todo de nuevo, a mis millones de años”, reflexionó Grace Gold sobre su nueva experiencia frente a cámara. Después de conquistar al público del streaming con su participación en Hablemos sin saber, el programa de Olga encabezado por Yayo, y de animarse al teatro con Sex, de José María Muscari, ahora suma un nuevo desafío: su participación en La gurú del amor, una comedia romántica vertical que se estrenó el 15 de octubre en Shorta.
La ficción, protagonizada por Bárbara Lombardo, cuenta la historia de Jules, una influencer que tiene cinco millones de seguidoras y se hizo famosa por dar consejos sentimentales. A punto de casarse, la mujer contrata a tres organizadoras de bodas sin sospechar que, lejos de querer ayudarla, están decididas a arruinarle la ceremonia. Las tres se sienten perjudicadas por sus recomendaciones amorosas y tienen apenas 24 horas para ejecutar su venganza.

En esta historia, Grace interpreta a Rosana, una de las mujeres que participan del plan contra Jules. La producción, dirigida por Azul Lombardia, está compuesta por 23 episodios de entre uno y tres minutos y también cuenta con las actuaciones de Julieta Zylberberg y Luciana Lifschitz. A través del humor, la serie pone en cuestión la cultura de los influencers, los canjes y la distancia entre la vida que se muestra en las redes y la que transcurre fuera de ellas.
Antes de convertirse en una figura conocida del streaming, Gold desarrolló una extensa trayectoria como empresaria y decoradora. Madre de seis hijos y abuela, llegó al universo de Olga gracias a sus sobrinos, Luis y Bernarda Cella, y encontró en el humor una faceta que hasta entonces no había explorado profesionalmente.
Durante una entrevista con LA NACION, Gold habló de su nueva faceta como actriz, su particular mirada sobre el amor y los proyectos que tiene por delante.
Una nueva experiencia frente a cámara
—¿Qué fue lo que te interesó de sumarte a La gurú del amor?
—Primero, el equipo. Me puse a googlear porque soy bastante brutita en este mundo. Es como si viviera en Narnia: me cruzo con gente y no tengo ni idea de quiénes son. Entonces empecé a buscar y dije: “Estas son grosas”. Era un honor que no podía creer. Googleé a Azul y también hablé con productores que conozco, que me decían: “Es brutal”. Aprendí un montón. Me dio bastante timidez al principio, pero el equipo era magnífico. Esto es imposible que no la rompa, les aviso. La energía durante las grabaciones era impresionante. Nunca vi una producción semejante. Todos amorosos.
—¿Hubo alguna escena con la que te divirtieras especialmente?
—La de la torta me hizo pensar en el karma. Siempre estuve convencida de que existe. Yo soy la anti-Rosana: se me ocurren tres mil maldades, pero no las hago porque me preocupa mucho el karma.
—Venís del mundo del streaming y ahora te toca interpretar un personaje de ficción. ¿Cómo fue adaptarte a este nuevo formato?
—Imaginate. Estoy aprendiendo todo de nuevo, todas cosas nuevas, a mis millones de años. Y después me di cuenta de que, si miro mi vida para atrás, siempre actué. Porque, aunque estuviera hecha miércoles, uno actúa todo el tiempo en su vida. Entonces, ahora actuar así, de verdad, me parece espectacular.
Su mirada sobre el amor
—La serie también se ríe del mundo de los influencers, los canjes y la inteligencia artificial. ¿Cómo te llevás con ese universo ahora que también formás parte de él?
—Consumo y me quedo muchas horas. De pronto me despierto y digo: “Estoy obnubilada viendo y poniendo corazoncitos o leyendo algo que me interesa, así, cortito”. Entonces trato de volver al recato. Pero después aprendo. Yo no sé subir videos, ni editar, ni ninguna de esas cosas, así que tengo una community manager que me tiene que ir enseñando.
—¿Cómo hacías cuando arrancaste?
—Al principio me resistí. Cuando empecé Hablemos sin saber, no quería tener Instagram porque decía: “¿Me voy a sacar una fotita haciendo boquita? ¿Qué voy a decir?”. Lo único divertido que tengo es contar mi vida y mi forma de pensar, que creo que siempre voy a contramano de los demás. Siempre me parece que la gente agarra el camino más difícil. Entonces dije: “Bueno, esto está bueno para comunicar”. Cuando hablé con mis sobrinos les dije: “O me pagan el caché de Susana Giménez, que no me lo van a pagar, o se los hago gratis, pero ustedes comunican mi mirada de las cosas”. Y así fui haciendo.
—En la serie se habla mucho de los consejos amorosos. ¿Vos sos de dar o recibir consejos sobre el amor?
—Yo creo que cada vez que me dieron un consejo hice todo lo contrario. Me equivoqué varias veces. Pero me encanta; escucho a todos, hago un focus group de distintas situaciones y después hago lo que se me canta. En cuanto a dar consejos, por ahí me pongo un poquito densa con lo orgánico, con la vida más saludable: poner las patitas en la tierra, hacer grounding, respirar, meditar un poco para que no te lleve puesta la vida, nada más. Entonces por ahí soy un poco densa en eso, pero no importa, sigo.
—Después de las distintas relaciones que atravesaste, ¿cómo cambió tu manera de entender el amor con los años?
—Para mí siempre el amor fue clave en cualquier vínculo. No solamente con una pareja, sino también con mis amigos, mi familia, mis tíos y mis abuelitos. Por ahí me enojo un ratito y a los dos minutos digo: “No, esto no. Enojarme no está muy bien. Envejece y embrutece y nadie te lo agradece”. Ese es mi dicho.
El reconocimiento y los nuevos proyectos
—¿Cómo estás viviendo este reconocimiento del público, especialmente de los más jóvenes?
—Les doy las gracias a todos. Les daría un pico a cada uno porque no puedo creer cuando vienen, se acercan y me dicen: “Te amo, me divertís”, y todo. No sé, es como una inyección todo el tiempo de amor, divina, hermosa.
—Después del streaming, el teatro y ahora la ficción, ¿qué nuevos proyectos estás preparando?
—Estamos armando un reality, entre comillas, con mi mirada de la vida. También estoy desarrollando una línea de cosmética orgánica, que ya está prácticamente terminada, en alianza con una firma que me gusta mucho. La idea es agregarle activos de la Argentina porque quiero activar la producción nacional. Por ejemplo, el maqui, que es un fruto silvestre que prácticamente nadie conoce y que tiene un coeficiente de antioxidantes altísimo, reconocido hoy en el mundo. Sin embargo, lo tenemos y acá no lo aprovechamos. A la mayoría de las marcas les digo que no. Una porque tiene parabenos, otra porque no estoy de acuerdo con no sé qué. Entonces me voy a morir de hambre. Con lo cual decidí hacer una curaduría de todo lo que fui recopilando a través de la vida, viendo qué era realmente eficiente y que detrás hubiera gente con corazón, que pusiera amor en lo que hace. Me importa mucho la trazabilidad de todas las cosas que hago.
—¿Y te gustaría seguir trabajando en el streaming y la actuación?
—Cuando me subieron al Movistar Arena, cuando bajé, le decía a mi sobrino (Luis Cella): “A mí no me bajan más de acá”. La adrenalina era tremenda, fue espectacular. Pero bueno, por ahí esto me obliga a salir menos con todos los pelos parados. Vivo en San Isidro, antes iba en patas a hacer las compras, y ahora me cuido un poquitito más por mis fans.
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