Se cumplen 100 años del nacimiento del genial saxofonista John Coltrane, otro gran hijo del viento

Se cumplen 100 años del nacimiento de John William Coltrane, “Trane”, verdadero innovador y uno de los grandes artistas del siglo XX. Su música desafió los límites y dirigió, sin proponérselo, una revolución. Fue una influencia arrolladora en la escena musical de los años '60. Un artista que convirtió su música en una experiencia sublime y de una belleza, por momentos, perturbadora.
Resistido por algunos en el comienzo, terminó disfrutando de un generalizado consenso acerca de su estatura creativa y su vanguardismo que lo situaron en el panteón de los grandes junto con Louis Armstrong, Duke Ellington y Charlie Parker.
Coltrane nació el 23 de septiembre de 1926 en Hamlet, Carolina del Norte, aunque creció musicalmente en Filadelfia.
Era un hombre de espíritu sereno que buscó con su música ser digno de Dios. Podemos separar su obra en dos claras etapas: la primera, en el quinteto de Miles Davis en el que comenzó a construir su leyenda, y en la segunda, a partir de 1960, como líder de su Classic Quartet. Lanzó 20 discos en sólo siete años en los que se consolidó como un instrumentista y compositor diferente.
Su crecimiento como artista fue paralelo a su búsqueda religiosa. Fue un ejemplo de una espiritualidad pluralista, sin religión, aunque sus lecturas inducen a pensar que abrazó el hinduismo. Su fe tampoco lo alejó de su gente y en los calientes años '60, en que los movimientos por los derechos civiles de la comunidad negra se expandieron, asistió a los mítines de Malcom X y de Martin Luther King.

Coltrane fue un hombre consustanciado con su comunidad y rechazó el racismo imperante en los Estados Unidos. Su música, podríamos afirmar, fue su vehículo de protesta.
Sus comienzos
Con 19 años entró en la Armada y fue durante su estancia en Hawai que escuchó Salt Peanuts, tema de Dizzy Gillespie con Charlie Parker en el saxo alto que despertó su interés por el estilo bebop. Trane hasta ese momento tocaba en orquestas juveniles de Rhythm & Blues, primero con el clarinete y luego el saxo alto.
A su regreso del enrolamiento, tocó el saxo alto en la Joe Webb Band y en la King Kolax Band, dos grupos de Rhythm & Blues; luego en la de Eddie Vinson, donde cambió por el saxo tenor y poco después en la de Earl Bostic, la de Jimmy Heath y la de Dizzy Gillespie, donde grabó su primer solo; en 1954 entró en la orquesta de Johnny Hodges, histórico saxo alto de la orquesta de Duke Ellington que lo despidió a causa de su adicción a la heroína.
En 1955, en el Audubon Ballroom, de Broadway, Davis invitó a Coltrane y también a Sonny Rollins con quien tocaba habitualmente, quería dos tenores. Fue una noche en la que Trane fue apabullado por Rollins.
De todos modos, Rollins entra en Lexington para desengancharse de la heroína y Heath está en libertad condicional por tenencia de drogas y no puede dejar su ciudad, Filadelfia. Davis no tiene saxo tenor y busca entonces a Coltrane que, después de esta presentación en Broadway, regresó a Filadelfia para tocar con el organista Jimmy Smith.

El baterista del grupo de Davis, Philly Joe Jones (también de Filadelfia), lo trae al grupo y comienza así una de las uniones más fructíferas y creativas en la historia del jazz y de la música moderna. Fue en el quinteto de Davis donde comenzó a construir su estilo personal. En 1956 su solo en el tema Round About Midnight llamó la atención de la escena jazzística tanto por su improvisación como por su sonido contrastante con el de Davis. Después vendrían los solos torrenciales, extensos y lo que se definió como “sábanas de sonido”.
Mientras crecía artísticamente, su adicción a la heroína y el alcohol se acentuaba. Esencialmente, los productores discográficos avisados de este problema eran reacios a contratarlo.
Y hasta Davis relató en su autobiografía: “Era el verano de 1957 y estábamos tocando en el Bohemia y Trane sólo cabeceaba sin poder siquiera ponerse el saxo en la boca; en los camarines me enfurecí y lo golpeé. Thelonious Monk, que andaba por ahí, se lo llevó aparte y le dijo que no se deje tratar así y que si quería tocar tenía lugar en su grupo, y Trane se fue de mi banda”.

Coltrane hizo lo más indicado, dejó la banda y regresó a su ciudad, Filadelfia, con su familia. Ahí, habría pasado dos semanas para “limpiarse” y dejar las drogas y el alcohol. Poco tiempo después, contó el contrabajista Reggie Workman, todavía en Filadelfia, que una noche mientras actuaba en un local Coltrane sufrió una crisis de abstinencia. “Fue impresionante ver a Trane que apenas podía tocar, sonaba como un adulto que estaba aprendiendo a hablar”.
De regreso a Nueva York comenzó a tocar con Monk, en el Five Spot y nuevamente la atención se dirigió sobre él, más aún con la salida de su disco Blue Train (1957), un disco enérgico y carismático que sacudió la escena jazzística y lo mostró como un saxofonista arrollador, compositor potente y con materia prima de líder.
Davis le pidió que volviese al grupo, que terminaría siendo con Coltrane una de las formaciones más importantes de la historia del género con trabajos geniales como Milestones y Kind of Blue.
Se lanza como líder
En 1959, Coltrane necesitaba otro tipo de espacio para su música que el quinteto de Davis no podía ofrecerle y se dispuso a hacer su propio camino. Firmó con Atlantic Records y sacó una obra de arte, Giant Steps (1960), un disco histórico donde Trane trasciende el hard bop, derrumba toda previsión y da un paso gigante en la vanguardia. Sus otros trabajos, en los que incluyó como instrumento el saxo soprano, consolidaron su potencia como saxofonista y compositor: Coltrane Jazz, My Favorite Things y Olé Coltrane, todos lanzados en 1961 y Coltrane Plays Blues (1962).
Un magnífico inicio para una obra musical inmensa, plena de una fortaleza conceptual poco común. Coltrane rompió con los arquetipos del jazz al redefinir su lenguaje musical; un músico inconformista para quien la aventura no tendría final.
Atlantic no estaba preparada comercialmente para un Coltrane que derrumbaba disco a disco fronteras convencionales y se pasa a Impulse!, donde creció como líder de un movimiento de vanguardia aunque también se permitió trabajos con Duke Ellington (1963) o con el cantante Johnny Hartman (1963).
Su esplendor artístico se percibió en dos discos en vivo, Live At The Village Vanguard (1961) y el maravilloso Live At Birdland (1963), pero su gran obra sería A Love Supreme (1965), una suite de cuatro movimientos dedicada al Creador, y que marca en cada uno de sus temas los pasos hacia la iluminación espiritual. En este disco tocó solos hechizantes y de una desnuda sinceridad sostenido por un ritmo de densas texturas a cargo de su sección rítmica, con McCoy Tyner en piano, Jimmy Garrison en contrabajo y Elvin Jones en batería.
Este trabajo logró atravesar al rock, a la contracultura de esos años y al movimiento hippie. Patti Smith, Lou Reed, Roy Orbinson, Carlos Santana y David Bowie fueron algunos de los que reconocieron su genio.
Sus monumentales solos, llenos de penetrantes pasajes, superan casi los límites de su instrumento y de su propia resistencia física; no es casualidad que su música despertara una admiración tan amplia y consensuada.
Luego vendrían discos que anunciaban cambios tanto en el modo de composición como en las sonoridades de su grupo. Entre los más destacados está la trilogía formada por Ascension, Meditations y su disco póstumo Expression.
El adiós
Luchó silenciosamente contra un cáncer de hígado y al momento de ingresar al hospital su salud ya estaba muy deteriorada; se cuenta que cuando le quisieron suministrar morfina la rechazó, al parecer, apoyado en la creencia kármica.
Fue un hombre de una genuina espiritualidad que murió, en Nueva York, el caluroso y nublado lunes 17 de julio de 1967; tenía 40 años, estaba casado con Alice, arpista y compositora, y tenía tres hijos: John Jr, fallecido en 1982, Ravi, saxofonista, y Oran, guitarrista.

En San Francisco, la Iglesia Africana Ortodoxa Saint John Coltrane lo canonizó y cada domingo en el altar se entona su música. Su obra reunía entusiasmo, elevación y elegancia.
El poeta Amiri Baraka decía: “Con Coltrane existe la poco común coincidencia de que el artista sea aclamado como grande por sus compañeros artistas, los críticos y el público a un mismo tiempo y no solamente mientras está vivo”.
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