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Tuesday, September 15, 2026

El Pulga Rodríguez a fondo con Olé: su trabajo como albañil, la política, su despedida y cómo "tener un país diferente"

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Hay una película que cuenta la historia de una mano que se perdió de su cuerpo tras un accidente de auto. Esta mano va por el mundo y el relato se centra en cómo vive, los obstáculos que sortea siendo una extremidad en un universo de cuerpos completos.Sería algo parecido a Dedos de los Locos Adams. Algo así sucede al mirar las manos de Luis Miguel Rodríguez, el Pulga. Un hombre cuyo artículo no concuerda con su apodo. Un hombre cuyas manos alguna vez tuvieron callos y rugosidades propias de quien trabaja en construcción y hoy luce sus uñas brillosas cuidadas y sin cutículas.

Si hay una palabra que define a este ex jugador de 1.67 de altura es Simoca, el pueblo en Tucumán donde se crió y donde elige vivir. “Es el amor de mi vida, donde yo nací, me crié, donde voy a vivir el día de mañana y donde hoy de hecho estoy viviendo”, cuenta con una sonrisa mientras se acomoda en el sillón de un hotel en Buenos Aires. Según el último censo viven alrededor de 36 500 personas, la cancha de Atlético Tucumán tiene capacidad para 36 mil. Su pueblo entero cabe en el estadio donde logró el Ascenso en el Torneo Argentino A en 2008, al año siguiente a Primera División tras 25 años y también lo hizo en 2015.

Su vida está atravesada por la rebeldía y la convicción con una gran cuota de picardía. Esa picardía con la que cuentan quienes patearon la calle, los que aprendieron a quién respetar para poder manejar las aguas turbulentas y lleva la autoridad de aquellos que eligieron salirse de lo opaco que proponía la vida de la noche. “Mi casa tenía 32 metros cuadrados, nos la había dado el gobierno de ese momento. Somos nueve hermanos, ocho vivos y mi hermano que murió de bebé. El comedor de noche era habitación, poníamos los colchones que estaban guardados. Esos se tenían que levantar más temprano porque mi papá arrancaba temprano y el que dormía ahí no tenía siesta porque ya se había convertido en comedor. Yo dormía al lado de mi papá y mi mamá”, recuerda.

El Pulga Rodríguez habla tranquilo como a quien nada lo apura. Deja el mate a un costado y se predispone a viajar en el tiempo sin miedo a sentir al acercarse al recuerdo. Tal vez porque es un hombre duro, algo que heredó de su padre. Hablar poco de las emociones y seguir andando. Ese hombre que lo llevaba a trabajar de albañil, el mismo que lo dejó decidir con 14 años si quería irse a Italia a probar suerte para dedicarse al fútbol, el que falleció antes de la semifinal de la Sudamericana contra Atlético Mineiro en 2019. En ese momento el Pulga fue al entierro un lunes, dejó a su familia en carne viva con el duelo y viajó a jugar un jueves porque así lo hubiera querido Don Pocholo. Aquella noche fue la figura para que el Sabalero se clasificara a la final: metió dos goles y convirtió su penal en la tanda.

“Cuando estábamos al pedo, tanto mi hermana como yo, mi papá nos llevaba a dar una mano. Íbamos a alcanzar un ladrillo, pasar un balde de mezcla. Ella no quería trabajar en casa de familia, quería hacer trabajo de hombre, jugaba a la pelota, se peleaba con mis amigos... Era poco habitual en ese momento que una mujer hiciera esas cosas. No había mujeres que hicieran el trabajo de albañil. Ella es gay y fue una de las primeras mujeres que se casó en Simoca y siempre fue respetada por nosotros, por mi papá, pensá que en esos tiempos era distinto ahora” , comparte.

A Luis Miguel, que no lleva el nombre por el cantante, lo interpela la necesidad de ayudar a quien lo necesita. El fútbol le permitió armarse económicamente y decidió transitar el camino de quien comparte lo conseguido. Sin embargo, encontró también los límites propios de la ayuda individual y no en conjunto con un Estado benefactor: ”Yo llegué a entregar 1.500 pollos a 1.500 familias, pero siempre faltaba. Ayudé a 100 y de repente eran 300. En su momento me afilié al Partido Justicialista porque veía que con esos recursos podía ayudar a más gente”.

El ex jugador contó su sentimiento por el Xeneize, el Manteca Martínez, Guillermo...

A sus 41 años habla con la misma rebeldía con la que le tiraba caños a los árbitros antes de arrancar un partido y la parsimonia de quien manejaba 100 kilómetros diarios a entrenar para poder mantener la calma que reinaba en su pueblo. Ahora se prepara para su despedida el 26 de septiembre en la cancha en la que fue feliz: Estadio Monumental Presidente José Fierro.

Pulga Rodríguez mano a mano con Olé: "Yo llegué a entregar 1.500 pollos a 1.500 familias, pero siempre faltaba"Pulga Rodríguez mano a mano con Olé: "Yo llegué a entregar 1.500 pollos a 1.500 familias, pero siempre faltaba"

LOS INICIOS EN EL FÚTBOL

-¿Cómo arranca el camino en el fútbol?

-Yo jugaba con mis amigos en el barrio, a veces jugábamos por plata, perdía muy poco. Me gustaba mucho competir, era calentón, me peleaba mucho, pero llegaba sin marcas a mi casa. Pega primero, pega dos veces, pero correr nunca. Prefiero que me caguen a palos a correr, ja. Y después a los 12 años surgió una prueba en mi pueblo que venía gente de Italia a ver jugadores. Le dije a mi mamá que quería ir y no me dejó porque no tenía botines. Era invierno, llovía. Le dije que no iba a jugar, que sólo iba a ver. Llegué y jugué obviamente.

-¿Te prestaron botines?

-No, jugué en zapatillas y después como me molestaban por la lluvia jugué descalzo. Parece que jugué bien, pero terminó y yo miraba mis zapatillas que estaban negras. Pensaba: mañana tengo que ir al colegio, mi mamá me va a matar. Ahí me dicen que quieren ir a mi casa a hablar con mis papas. Nosotros éramos una familia muy humilde. Les dije que me dejaran media cuadra antes así hablaba con ellos porque no sabían que me había ido a probar. A ella le preocupaba mostrar mi casa, yo mostraba mi casa con orgullo no me importaba, era lo que tenía. Mi papá preparó pochoclos, le sirvió a la gente y terminó diciendo: “Lo que él decida nosotros lo vamos a acompañar” y yo decidí irme.

-Nunca habías viajado en avión, otro país, toda una experiencia…

-No me había tomado ni un colectivo ¿me voy a haber tomado un avión? Yo no había salido de Simoca en mi vida. Hicimos los trámites de pasaporte y me fui. Fue una excelente experiencia, después que no se concretó mi estadía es algo que puede pasar. Crecí, me fui haciendo más maduro, con 16 era como un chico de 22. Conocí al Pupi Zanetti. Descubrí todas las cosas hermosas que tenía el fútbol. Fui a Italia, España, Rumania, pero después volví. Siempre pasaba algo que no se daba. Estuve dos meses sin jugar y arranqué en el Argentino A en Racing de Córdoba. Cobrábamos 200 pesos y vivía en la pensión. Me quedaba con 100 que los usaba para el ciber y le mandaba 100 a mi mamá. Ascendimos ese año, me pagaron un premio de 1800 pesos y se los di mil a ella para que arregle la casa. Después del ascenso no me dan el préstamo y me tengo que volver a Tucumán, juego la liga, otra vez al Argentino A y a los 18/19 años dije: “No juego más”. Ahí trabajé de albañil, de pintor, todo. Salía mucho de joda, canalizaba por ahí. Nos peleábamos mucho en la puerta de los boliches. Después conocí a mi señora que vivía en San Miguel y ahí traté de alejarme de la joda.

-¿Qué te hizo querer alejarte?

-Veía que no íbamos para ningún lado, peleábamos todos los fines de semana. Llegábamos a un lugar y ya nos miraban. Nos peleábamos de onda. Eso es lo peor que hice porque había gente que no tenía nada que ver y yo terminaba arruinando un lugar o se suspendía la joda por nuestra culpa. Así estuve siete meses hasta que vino mi hermano con el pase y me dijo que vuelva a jugar. Ahí apareció el club UTA. Empecé a jugar, hacer goles y eso despertó la mirada del técnico de Atlético Tucumán, el Indio Jorge Raúl Solari que me llevó.

Gran anécdota del ex jugador en mano a mano con Olé.

LOS PENALES Y EL FÚTBOL DE PRIMERA

-¿Cuál es la clave para patear penales al estilo Pulga Rodríguez?

-Hay que practicar. Yo practiqué mucho para hacerlo como lo hacía. Es muy difícil ir a patear un penal sin mirar la pelota, mirando solamente al arquero. La pelota está quieta, pero perder la vista de ahí es difícil.

-¿Pateaste penales por plata? ¿Cuándo fue la vez que mejor te fue?

-Sí, siempre. Yo perdí muy poquito digamos… ja. Debo haber errado un penal en todos los penales que metí en el barrio.

-Hablas de penales errados y pienso en la final de Colón contra Independiente del Valle

-Fue difícil. Nos encontramos con un rival que a mi entender no nos dimos cuenta del nivel que tenía. Muy buen equipo, su forma de jugar era muy buena. Ese año yo perdí a mi papá y me fui a jugar la semifinal con Mineiro. Venía con un montón de carga. Después de pasar las semis pensé que era el año para salir campeón, pero el rival nos superó.

-¿Cuál fue la derrota más dura de tu carrera?

-Esa y la final de 2017 de Copa Argentina con Atlético Tucumán.

-¿Y la mejor victoria?

-Con Colón contra Atlético Mineiro en cancha de Colón, por el contexto de mi vida. También el ascenso con Atlético Tucumán.

-¿El rival que te enfrentaste que más te gustó?

-Palmeiras, Atlético Mineiro y de acá Boca. Siempre el entorno es espectacular. En River me tocó también ganar y son rivales que ganarles es impresionante. Haces un gol y te quedas mirando.

-¿Tu gol preferido?

-Con Palmeiras en cancha de Palmeiras porque con ese gol logré cumplir el record de meter gol en todas las categorías que disputé con Atlético Tucumán

-¿Te quedaste con ganas de algo?

-Me hubiese gustado salir campeón con Atlético porque es el lugar que me dio todo.

-¿Quién te gusta del fútbol local hoy?

-Flores me gusta, Almada, Correa, Aranda, Módica también ¿viste que se va uno y aparece otro? Se fue el Changuito Zeballos y aparece otro. Eso es lo bueno del fútbol argentino.

"Murió un lunes y el jueves estaba jugando".

LA PATRIA ES EL OTRO

-Siempre te movió colaborar con otros, incluso te afiliaste al Partido Justicialista

-Sí, siempre. Hoy retirado del fútbol ayudo, doy soluciones… no sé me piden unos anteojos por ejemplo y llamo pidiendo que me faciliten del gobierno. En Tucumán puedo llamar y gestionar, tengo el acceso y la posibilidad de dar. Yo lo hago porque me satisface y enorgullece. No sé si alguien no se puede operar de la rodilla, ayudarlo. Dentro de la política vos tenés más accesibilidad para hacerlo que desde afuera. El día de mañana al ex jugador el teléfono le deja de sonar, te dejan de atender y no vas a poder dar esa mano.

-¿Crees que dentro de ese espacio se pueden dar esas oportunidades?

-Yo tengo esas oportunidades claro, por eso es que me afilié. No fue que dije: me voy a afiliar para que me den tal cargo. Lo hice porque creo que puedo colaborar desde ese lado.

-Vos contaste que la casa de tu familia se las dio el gobierno, hay una perspectiva de un estado interventor ahí

-Sí, claro. Es muy difícil hoy hacerse una casa. Un terreno en mi ciudad está arriba de los 25 millones, sin contar la construcción y es muy difícil para una familia.

-¿Te interesaría ocupar un cargo político?

-Un lugar donde pueda ayudar, donde pueda dar soluciones.

-¿Por qué crees que los futbolistas no hablan tanto de política?

-Porque nosotros vivimos en una burbuja. El tiempo que jugas venís solamente a lugares así donde la comida esta lista, descansas, entrenas y volves a tu casa. Te movés en avión. Casi siempre vivís en un lugar cerrado, pero la vida real está afuera. Yo viví siempre así de jugador, pero cuando veía que me estaba desorientando volvía a mi pueblo. Miraba a la gente con cuánto vive, cómo vive, la realidad de la vida.

-¿Te consideras peronista?

-Yo sí, con un montón de cosas de poder ayudar. Veo que hay muchas cosas que puede ser que se hayan hecho mal, pero si entre todos aportamos un granito de arena vamos a tener un país totalmente diferente. Muchas veces entre las peleas el que queda en el medio es el que necesita. Yo puedo pagar un colegio privado para mis hijos, pero hay otros que no. No veo la vida como solamente yo porque salí de una familia donde eramos todos. Lo que uno tenía era de todos.

Afiliado al PJ y su idea de "tener un país diferente"

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Fútbol, recuerdos, su tierra, política y muchos más.

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