Ana Wagener, actriz: "Evidentemente, en los 80 no había lo que hay ahora, algo que puede provocar o incluso hasta poner de moda la furia"

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En el mundo del crimen organizado imperan sus propias reglas, aunque eso no significa que quienes viven dentro de ellas sepan siempre qué hacer para sobrevivir. En ‘Leones en invierno’ (Albert Pintó, 2026), el dinero, las influencias y las alianzas dibujan un mapa de intereses en el que cada movimiento puede tener consecuencias completamente imprevisibles, dando lugar a un juego de la silla en el que cada uno de los personajes está dispuesto a hacer todo lo necesario para no quedarse sin su hueco.
De este modo, Jordi Mollà, Ana Wagener y José Manuel Poga forman parte de un reparto coral que encuentra en esa variedad de perfiles una de sus principales bazas. Tres actores con personalidades interpretativas muy distintas que aportan nuevos matices a una película que amplía su universo más allá de sus protagonistas. Con ellos hablamos de cómo se construyen aquellos personajes que habitan en los márgenes, y de lo que ocurre cuando las reglas de un mundo aparentemente organizado empiezan a desmoronarse.

La historia conecta a policías, narcotraficantes y antiguos ultras. ¿Creéis que los personajes de la película tienen capacidad para elegir su destino, o que se ven arrastrados por determinadas dinámicas?
José Manuel Poga: Yo creo que no, porque a lo largo de la vida se te cruzan circunstancias que te obligan a improvisar y a tomar decisiones muy rápidas, y no todas son las más acertadas. Pero es verdad que en la película, todo se mueve en un espacio tan vulnerable, que al final estas situaciones estallan por donde tengan que estallar.
Ana Wagener: Hay momentos en los que la vida te puede arrastrar a algo inesperado, y en los que en un momento dado, de un segundo a otro, te cambia absolutamente el destino. Evidentemente, eso es lo que pasa en este caso, y la cosa es intentar solucionarlo. Hay cosas que no tienen vuelta atrás. Yo creo que se trata de eso, de buscar en tu pasado si tú en tu presente puedes arreglar ese karma. Y yo creo que esto es una de las partes más importantes de la tragedia que cuenta la película.
Durante la primera secuencia de la película, vemos un flashback que nos sumerge en aquella época de finales de los 80 en la que se vivió un auge de los grupos radicales y violentos. ¿Encontráis alguna semejanza entre aquella época y el momento social que estamos viviendo ahora?
José Manuel Poga: Bueno, la violencia está ahí. La ira, la furia, es legítima, porque es una emoción. Pero en cuanto tú vuelcas la ira en otra persona, ahí ya se genera violencia, y esto lleva pasando desde los tiempos de Maricastaña, entonces así nos va.
Ana Wagener: La violencia siempre genera más violencia. Evidentemente, en los 80 no había lo que hay ahora, las redes, algo que puede provocar o incluso hasta poner de moda la furia. Y evidentemente yo creo que la película tiene esta violencia tan explícita, tan inesperada, precisamente para que tú la veas y te la encuentres de cara. Y eso también sirve como una manera de reflexionar hasta dónde nos puede llevar. Esa es la lectura que habría que hacer, y no enaltecer en ningún momento la violencia.

La mayoría de los personajes de esta película luchan por controlar la situación, pero en muchos casos acaban perdiendo ese control.
Jordi Mollà: Sí, este es el caso de mi personaje, aunque él está siempre mil millones de pasos por delante del resto. Por ejemplo, durante su primer encuentro con el personaje de Bacoy, ya se fija en que ha cambiado de coche. Él ya lo sabe. Ya ve que la situación se le va a ir de las manos. Aparte, el personaje que yo interpreto es la punta de la pirámide, y sabe perfectamente que está rodeado de pirañas. Es lo que pasa en las mafias, que hay mucha traición.
Ana Wagener: Lo que me gusta de esta película es que ninguno de nuestros personajes son héroes. Hay una imperfección tremenda en todos. Son grandes perdedores. Son gente que van pegando palos de ciego y se encuentran muchas veces con piedras en el camino que les hacen incluso perder sus propias creencias. Y eso me gusta, que en la película casi todos los personajes pierden las riendas de la situación y no son capaces de controlarla. Eso me parece que hace que la película sea realmente más humana.
Los simbolismos con la figura del león también son constantes a lo largo de toda la película.
Ana Wagener: Para mí, el león representa eso que siempre has llevado dentro, que arrastras de tu pasado. Es un secreto que guardas. Casi todo el mundo tiene algo que ocultar, y también algo de lo que arrepentirse. Todos tenemos algo que solucionar en nuestras vidas, y yo creo que ese es el león que cada uno lleva dentro.
Jordi Mollà: El león es el rey de la selva. Y esta película es una selva donde todos tienen algo de león. Por eso la película se titula ‘Leones en invierno’, en plural, y no ‘León en invierno’.

En la película, cuando la violencia empieza a utilizarse como una herramienta, cada vez resulta más impredecible saber hasta dónde puede llegar esa escalada.
José Manuel Poga: Yo creo que más que una escalada, es una caída en picado hacia la destrucción más inminente. Está claro que todo acaba convirtiéndose en una rueda, y una vez que optas por la venganza o por la violencia, te destrozas a ti mismo y no tienes escapatoria.
Ana Wagener: También todo depende de las elecciones que toman los personajes, claro, todo se va complicando. Y evidentemente la desesperación juega un papel fundamental. Por ejemplo, en el caso de mi personaje, esa mujer va subiendo de temperatura porque cada vez hay más cosas encima de otras cosas, y de pronto se ve envuelta en situaciones en las que quizás en otro contexto jamás actuaría de esa manera. Creo que los personajes que pierden el control se sumen en una gran desesperación, y en general a todos les pasa un poco esto.
Es estremecedor ver cómo en ocasiones, el cine te hace conectar con personajes a los que en la vida real todos detestaríamos.
José Manuel Poga: Sí, de alguna manera incomprensible siempre se siente cierta simpatía por los villanos. Existe cierto apego por el mal, y creo que se debe a que hay algo en nuestro interior que te conecta con los personajes más oscuros. Y eso pasa.
Ana Wagener: Yo no creo que la vocación de la película sea que tú empatices con el abanico de personajes que ves en pantalla. Yo creo que simplemente te los coloca ahí para describirte esa selva de la que hemos hablado antes. Y aunque estos personajes también generen sentimientos dentro de esa oscuridad, al final no los vas a salvar por eso.

José Manuel Poga: Es interesante, porque yo creo que se empatiza más con el dolor que ellos sienten, que en mi opinión es el motor real que mueve a estos personajes.
Es interesante ver cómo el arco narrativo de vuestros personajes hace que los espectadores vayan cambiando constantemente de opinión respecto a ellos.
Ana Wagener: Me parece interesante, claro. Es que yo creo que hay muchos giros de guion. Lo bueno de la película es que te mantiene continuamente en vilo, porque no sabes qué va a pasar al segundo siguiente. Entonces esto me parece genial porque al final el cine es entretenimiento también, y me parece que esta película consigue entretener. El viaje que se va a pegar el espectador yo creo que va a ser tan grande como el propio viaje que tiene la película.
La película es a veces tan cruda que resulta hasta incómodo mantener la mirada fija en la pantalla.
Ana Wagener: Las escenas de violencia explícita están fantásticamente rodadas, hay que decirlo. A mí personalmente también me pasa, que me incomoda mucho ver algunas de estas escenas, de hecho muchas de ellas las he tenido que ver tapándome los ojos. Pero creo que realmente hay cierta vocación en esa violencia tan seca, tan explícita, no la quieren esconder. ‘Esto es lo que hay y quiero que lo veas’. Yo creo que hay una vocación por parte de Albert de haberlo hecho así. De hecho, él ha dicho que quiere que duela, que quiere que oprima, así que por supuesto que no ha tratado de esconderla.
Jordi Mollà: Lo que vemos en el fondo es una criminalidad muy marginal. Sí, vemos ostentación: un chalet, un cochazo… Pero son marginales comparados, por ejemplo, con un mafioso de Nápoles, que obviamente también podría tenerles miedo a toda esta cuadrilla, ¿no? Pero es que un mafioso de Nápoles diría: ‘Ciao, ¿come stai, caro? ¿Tutto bene? ¿Cómo está la familia? Ah, me alegro, me alegro. Mira, oí que la niña toca el piano de Dios, ¿cuándo es su cumpleaños? ¿El mes que viene, verdad? Ya te enviaré un regalo. Ciao’. Y luego estarías bien jodido. Luego también está el mafioso mexican, que es suave como la seda: ‘¿Qué pasó con la plata que te di? Me ha llegado un extracto al banco, y no me ha gustado nada. Vete con mucho cuidado, porque te digo una cosa, si esto sigue así te vas a encontrar un sobre con dos balitas: una para ti y una para tu esposa’.
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