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Friday, October 9, 2026

Jason Wright explica cómo se buscan señales de civilizaciones extraterrestres

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Director del Centro SETI de la Universidad Estatal de Pensilvania

Experto en la búsqueda de las llamadas «tecnofirmas» —señales detectables en el espacio exterior—, Jason Wright explica cómo se investiga la existencia de civilizaciones avanzadas. Para el astrónomo estadounidense, detectar una señal de tecnología extraterrestre sería el anuncio del siglo.

Wright es profesor de Astronomía y Astrofísica en la Universidad Estatal de Pensilvania, en Estados Unidos, y una de las figuras más reconocidas en la búsqueda de inteligencia extraterrestre (SETI, por sus siglas en inglés). Tras desarrollar una sólida carrera en el estudio de exoplanetas, se ha especializado en buscar tecnofirmas: señales que podrían delatar la existencia de civilizaciones avanzadas.

Gran parte de la búsqueda de vida se centra en detectar señales biológicas, o «biofirmas», como el oxígeno, el metano y otras huellas químicas. Wright plantea una pregunta distinta: ¿y si existen seres inteligentes capaces de desarrollar tecnología tan avanzada como la nuestra, o incluso más? Esa tecnología podría dejar rastros detectables por nuestros telescopios.

Como director del Centro SETI de la Universidad Estatal de Pensilvania, Wright investiga posibles tecnofirmas que van desde señales artificiales hasta estructuras gigantescas, como las hipotéticas esferas de Dyson. Su objetivo es aprovechar los instrumentos actuales de observación para encontrar indicios de otras inteligencias en el cosmos.

En 2020, Wright formó parte del equipo que logró un hito en este campo: la primera subvención de la NASA para investigar tecnofirmas distintas de las señales de radio. El proyecto, liderado por el astrofísico Adam Frank, supuso el primer respaldo de la NASA al Centro SETI de la Universidad Estatal de Pensilvania y reconoció las señales tecnológicas como una vía científica legítima para buscar vida inteligente más allá de la Tierra.

De los exoplanetas a las tecnofirmas

¿Cuándo decidió dedicar su carrera científica a estudiar o buscar inteligencia extraterrestre?

No era algo que tuviera en mente durante la licenciatura. En el posgrado, mi tutor me propuso un pequeño proyecto como pasatiempo: pensar en cómo buscar esferas de Dyson. Hicimos algunos cálculos rápidos, decidimos que no funcionaría y ahí quedó todo.

No fue hasta alrededor de 2014, cuando ya había establecido una carrera observando y catalogando exoplanetas, que me di cuenta de que aquel proyecto sobre las esferas de Dyson podía hacerse gracias a un satélite de la NASA llamado WISE. Sus siglas en inglés corresponden a Explorador de Sondeo Infrarrojo de Campo Amplio; fue lanzado en diciembre de 2009.

Enviamos una propuesta a la Fundación Templeton, una organización filantrópica, para realizar el experimento. Al principio era solo un proyecto secundario, pero captó mi atención y mi imaginación. Con los años fui dedicando cada vez más trabajo a este campo, hasta que fundamos el Centro SETI de la Universidad Estatal de Pensilvania, un centro académico plenamente dedicado a esta labor. Desde entonces, una parte cada vez mayor de mi tiempo de investigación se ha orientado en esa dirección.

¿En qué consisten las esferas de Dyson?

Las señales de tecnología pueden ser muy sutiles, aunque no necesariamente. Una especie podría viajar a una estrella cercana y utilizarla como fuente de energía para algún propósito. En 1960, Freeman Dyson describió lo que sería un proyecto máximo para aprovechar una estrella: utilizar toda su energía para algún fin.

Al principio, imaginó un hábitat gigantesco, pero después generalizó la idea. Hoy algunas personas plantean que podríamos utilizar otra estrella —con suerte, no el Sol— como fuente de energía para una computadora gigante capaz de realizar enormes cantidades de cálculos.

Si una especie llegara a una estrella y la utilizara como fuente de energía, tendría que rodearla de paneles solares. Estos podrían recoger solo el 1 % de su energía, el 10 % o incluso el 80 %. Imaginamos, por tanto, un enjambre de satélites alrededor de la estrella.

Algo así sería extremadamente evidente: alteraría profundamente el aspecto de la estrella y sería muy difícil no detectarlo. A eso lo llamamos una esfera de Dyson.

Algo así sería extremadamente evidente: alteraría profundamente el aspecto de la estrella y sería muy difícil no detectarlo.

Una búsqueda cada vez más integrada en la astronomía

Otros físicos me han dicho que, hace 30, 40 o 50 años, si alguien llegaba a una facultad diciendo que quería dedicarse a buscar vida extraterrestre, muchos pensaban que estaba loco y que no era un tema serio. ¿Es ahora muy diferente?

Es cierto que algunas personas han dedicado su carrera a este tema, como Jill Tarter, pero han sido muy pocas y han estado muy dispersas. Ahora la astronomía es lo bastante amplia y creo que el campo ha madurado lo suficiente como para que muchas más personas puedan dedicarle la mayor parte de su tiempo.

¿Ves ese cambio entre tus estudiantes?

Sí. He tenido una estudiante, Sofia Sheikh, que quería dedicarse a esto y centró en ello su tesis. Ahora trabaja como científica en este campo casi a tiempo completo; es su principal tema de investigación.

También hay estudiantes que quieren incluirlo en su cartera de proyectos, como una de las cosas en las que trabajan, aunque no ocupe la mayor parte de su investigación.

¿El creciente interés ha ayudado a integrar este tema en la astronomía y a generar conciencia social para financiar las investigaciones?

Sí. El desafío ha sido integrarlo en el resto de la astronomía y lograr que se vea como otra forma de buscar vida, junto con las demás. Jill Tarter hizo una gran contribución al acuñar el término «tecnofirmas». La NASA ya estaba muy interesada en buscar señales biológicas, o «biofirmas», que indiquen la presencia de vida en otros lugares del universo.

Con ese término, Tarter dejó claro que la búsqueda de tecnofirmas debía considerarse una vía igual de válida para encontrar vida. También puso de relieve el trato diferente que recibían las tecnofirmas y las biofirmas por parte de la NASA y de la comunidad astronómica.

Han pasado unos 20 años desde que acuñó el término y creo que ha funcionado. Ahora hay toda una generación de astrónomos que considera esta búsqueda una extensión muy natural del resto de nuestro trabajo.

En relación con la financiación, en 2024 lograste una subvención de la NASA para estudiar tecnofirmas. Es la primera vez que la agencia concede fondos para buscar señales tecnológicas que no sean de radio. Al mismo tiempo, la administración Trump ha recortado fondos de la NASA. ¿Está afectando a vuestro proyecto?

En 2020, la NASA concedió la primera subvención para investigar tecnofirmas distintas de las señales de radio; Wright formó parte del equipo del proyecto, liderado por Adam Frank. En 2024 recibió otra subvención de la NASA para estudiar tecnofirmas. Afortunadamente, nuestra subvención no se ha visto afectada. Pero tienes toda la razón: la administración actual está poniendo las cosas muy difíciles a los científicos estadounidenses que dependen de la Fundación Nacional de Ciencias (National Science Foundation) y de la NASA.

Toda la actividad científica de Estados Unidos depende de la investigación básica que estas instituciones hacen posible. La administración actual no les permite distribuir los fondos ni gestionar las subvenciones como deberían, y esto está teniendo un efecto realmente devastador.

Qué buscan los astrónomos y dónde

Cualquier persona que empieza a leer sobre tecnofirmas enseguida encuentra el término «exoplaneta». ¿Por qué están vinculados?

Cuando Frank Drake inició el primer proyecto de SETI por radio, no sabía cuántos objetivos potenciales podía haber en la galaxia. Una parte importante de la incertidumbre se debía a que desconocíamos si los sistemas planetarios eran comunes o raros.

Ahora entendemos que casi todas las estrellas tienen planetas. Este descubrimiento fue una revolución que comenzó con los primeros hallazgos de planetas fuera del sistema solar, anunciados en 1992 y confirmados posteriormente en 1993 y 1995. Después llegó una segunda revolución con la sonda Kepler, un telescopio espacial que la NASA lanzó en marzo de 2009.

¿Qué supuso Kepler?

Kepler estableció ese hecho. Los argumentos pesimistas que sostenían que la vida sería extremadamente rara porque habría pocos lugares donde pudiera formarse estaban equivocados.

Ahora se plantea que la mayoría de esos planetas quizá nunca desarrolle biosferas, pero no lo sabemos. La constatación de que hay planetas por todas partes —cientos de miles de millones— ha convencido a mucha gente de que vale mucho más la pena buscar vida de todo tipo que hace apenas 30 años.

¿Cuál es el principal desafío a la hora de buscar tecnofirmas?

Es el mismo que plantea la búsqueda de biofirmas. Los efectos de la vida en un planeta o en el universo son extremadamente sutiles, salvo que la tecnología haga algo muy llamativo, como rodear una estrella con paneles solares en una esfera de Dyson. Eso sería bastante inconfundible.

¿Tenéis objetivos ideales, lugares que observáis por encima de otros?

Buscamos tecnofirmas del mismo modo que buscamos ondas de radio y biofirmas. Tenemos algunas ideas sobre qué objetivos podrían ser mejores que otros, pero, como cada estrella tiene planetas y no sabemos cuáles podrían albergar vida, en general está bien observarlas todas.

El objetivo es observar un planeta y estudiar su atmósfera y su superficie. Esperamos poder hacerlo en las próximas décadas con telescopios espaciales. Por ahora, nuestra suposición provisional, pero razonable, es que deberíamos buscar planetas como la Tierra alrededor de estrellas como el Sol.

En esta búsqueda, todos esperamos el Observatorio de Mundos Habitables, el ambicioso proyecto de la NASA para estudiar planetas directamente. La agencia prevé lanzarlo a finales de la década de 2030 o a principios de la de 2040.

Kepler y la misión TESS —el observatorio que la NASA lanzó en 2018— han descubierto miles de planetas. Ya conocemos más de 5000 exoplanetas. El siguiente paso será caracterizarlos, aunque la cifra de planetas que podremos estudiar será de decenas, no de miles.

¿Puede ayudar la inteligencia artificial en la búsqueda o caracterización de planetas?

En el sentido del aprendizaje automático, sí, absolutamente. Hay muchos aspectos del juicio humano que se pueden reproducir. Podemos entrenar a las computadoras para realizar tareas en las que las personas son buenas, como observar imágenes y decidir qué es real y qué no.

En muchos de los proyectos en los que trabajamos, el aprendizaje automático se está convirtiendo en una herramienta muy importante para los astrónomos. Wright se refiere al *machine learning*, una rama de la inteligencia artificial que permite a los ordenadores aprender de los datos y mejorar con la experiencia, sin necesidad de programarlos explícitamente para cada tarea.

Si existe otra civilización muy lejos de nosotros, ¿podría detectar nuestras señales tecnológicas? ¿Cuáles podría captar?

Estamos a punto de poder detectar planetas similares a la Tierra alrededor de las estrellas más cercanas. Por eso, es razonable pensar que una civilización con una tecnología más avanzada y antigua que la nuestra podría conocer la Tierra desde una distancia considerable.

La vida ha transformado profundamente la superficie terrestre. Durante los últimos mil o dos mil millones de años, la atmósfera y la superficie han mostrado señales bastante claras de vida, incluida la clorofila, que modifica el espectro de reflexión de la Tierra.

Además, los seres vivos producen todo el oxígeno y el ozono de la atmósfera, y casi todo el metano. Son señales bastante inequívocas de que algo está ocurriendo aquí. Si existen esas especies y estudian la Tierra, esperaría que supieran que alberga vida.

Pero todo eso son biofirmas. En cuanto a las tecnofirmas humanas, la situación es distinta: solo llevamos unos cientos de años produciendo señales claramente detectables. Entre las más potentes que podrían captarse desde otros lugares del espacio están las transmisiones de radio.

Ni siquiera tienen cien años de antigüedad. Además, son bastante débiles y las que no lo son suelen ser muy breves y fáciles de pasar por alto. Es posible que alguna especie situada, digamos, a 30 o 40 años luz haya detectado nuestras ondas de radio o algo parecido. Más allá de esa distancia, no darían para mucho más.

¿Buscáis tecnologías muy sofisticadas?

No necesariamente sofisticadas, sino muy grandes, llamativas o de gran escala: tecnofirmas de gran magnitud.

¿Y si la tecnología extraterrestre es muy distinta?

Se dice que toda esta investigación parte de la suposición de que la tecnología extraterrestre se basa en la química y la física.

Necesitaría conocer el contexto exacto de esa afirmación. Creo que se refiere a que algunas personas dicen: «Es absurdo buscar ondas de radio porque los extraterrestres tendrán una tecnología mucho más avanzada que la nuestra y no estarán utilizando algo tan anticuado como las ondas de radio. Tendrán otra cosa mucho más avanzada».

Siempre tratamos de tener en cuenta esa posibilidad, pero hay varias respuestas a ese argumento.

¿Cuáles?

Una respuesta es que la tecnología humana se ha vuelto asombrosa y hemos desarrollado tecnologías que podrían parecer mágicas a las personas de hace unos pocos cientos de años. La analogía habitual es que, si pudiéramos explicarle a Isaac Newton cómo nos comunicamos mediante ondas de radio, le parecería magia pura.

Así que podría ser que los extraterrestres utilizaran una tecnología casi mágica, que ni siquiera pudiéramos aspirar a detectar. Sin embargo, hay objeciones a esa idea. La primera es que seguimos utilizando formas antiguas de tecnología porque continúan siendo muy útiles.

Si Isaac Newton visitara nuestra época, no tendría ninguna dificultad para comprender las cartas enviadas por correo, las campanas de las iglesias o el habla humana. Seguimos utilizando esas formas tradicionales de comunicación: no desaparecen simplemente porque aparezcan tecnologías nuevas. Por eso todavía tiene sentido buscarlas.

¿Cuál es el otro argumento?

Creemos que comprendemos bastante bien las leyes de la física y la química. Es muy plausible, e incluso probable, que no estemos pasando por alto ningún método realmente útil para comunicarse entre las estrellas. Lo decimos de forma provisional, porque siempre podríamos estar equivocados.

Hay razones muy sólidas, basadas en la física fundamental, para pensar que los fotones son la mejor manera de enviar una señal a otra estrella. Puede hacerse mediante ondas de radio, luz óptica u otras longitudes de onda; no conocemos muchas alternativas que permitan hacerlo de forma eficiente.

Por eso asumimos que las leyes de la química y la física, tal como las conocemos, son correctas y extraemos nuestras conclusiones a partir de esa base. Si no asumimos que lo son, resulta difícil afirmar siquiera que estamos haciendo ciencia. Tenemos que partir de lo que conocemos y mantener la mente abierta ante los posibles errores.

Creo que los argumentos a favor de que la comunicación entre estrellas se produzca mediante algún tipo de luz son muy sólidos.

Cómo comunicar una posible detección

Se ha anunciado recientemente una actualización del Protocolo SETI. Imagino que es una buena noticia para ti, porque incluye el concepto de tecnofirmas. ¿Estás satisfecho con esa actualización?

Sí. La Academia Internacional de Astronáutica ha desarrollado principios sobre cómo deberían gestionar los investigadores de SETI la comunicación con el público ante un posible descubrimiento o uno confirmado.

Esos principios se redactaron hace tiempo y ahora estamos en la tercera versión, que acaba de publicarse. La actualización amplía las directrices sobre cómo deben actuar los investigadores, comunicar sus hallazgos y proceder de forma responsable si detectan una posible señal o evidencia de tecnología extraterrestre.

Las versiones anteriores se redactaron antes de las redes sociales, cuando se pensaba que la forma más probable de contacto sería mediante ondas de radio, una sonda en el sistema solar o algo parecido. Además, algunas falsas alarmas recientes, como el candidato BLC-1 del proyecto Breakthrough Listen, nos han servido de simulacros de lo que podría ocurrir cuando aparezca una posible señal. Esta señal de radio se detectó entre 2019 y 2020 con el radiotelescopio Parkes, en Australia.

¿Cómo ha cambiado el protocolo para adaptarse a esto?

A partir de esas experiencias, muchas personas han trabajado intensamente para definir los principios que deberían seguirse y cómo tendría que comportarse un investigador responsable. Me alegró mucho que se publicara esta nueva versión, porque reconoce plenamente la ambigüedad que puede acompañar a una detección.

También reconoce que un descubrimiento podría ser un proceso largo y que las redes sociales y los medios tradicionales pueden enterarse de algo antes de que esté completamente verificado. Los investigadores tienen la obligación de ser transparentes, pero también la responsabilidad de protegerse y actuar de forma segura en el entorno digital.

Esta versión reúne y consolida esos principios. Todavía no tenemos protocolos detallados del tipo «primero se hace esto, luego aquello y después esto otro», porque dependerá mucho de la naturaleza exacta de lo que encontremos. Sin embargo, sí contamos con principios generales, y creo que son muy buenos. Me alegró que la Academia Internacional de Astronáutica (IAA) los respaldara.

¿Sería el anuncio del siglo?

Para terminar, imaginemos que dentro de 20 o 30 años confirmamos que hemos encontrado una tecnofirma extraterrestre. ¿Crees que sería uno de los acontecimientos más importantes de la historia de la humanidad?

Creo que podría serlo: realmente, el gran anuncio del siglo. Pero quiero matizarlo. Dependerá mucho de lo que encontremos. Hay todo un espectro de posibilidades: desde saber que hay extraterrestres en una galaxia lejana sin conocer prácticamente nada sobre ellos, hasta detectar una señal de radio procedente de una estrella cercana o descubrir lo que parece ser una sonda extraterrestre en nuestro propio sistema solar.

Creo que podría serlo: realmente, el gran anuncio del siglo.

Cada escenario tendría implicaciones muy distintas para las investigaciones de seguimiento y para lo que podríamos aprender. Una buena analogía son algunos de los grandes descubrimientos científicos, como el mapa del fondo cósmico de microondas obtenido por el satélite COBE, la primera imagen del agujero negro en el centro de una galaxia o la detección de las ondas gravitacionales.

Todos fueron hitos históricos que marcaron una época en nuestra comprensión de la física y el universo, y despertaron un enorme interés público. Sin embargo, no cambiaron directamente la vida cotidiana en la Tierra. Son cuestiones que interesan a mucha gente, especialmente a quienes sienten curiosidad por la ciencia, pero no quiero exagerar su impacto.

¿Estás pensando en el cine? En las películas suele mostrarse que una noticia así provocaría pánico masivo, que la gente dejaría de ir a trabajar y que se producirían toda clase de reacciones extremas. Muchas personas imaginan que un descubrimiento así sacudiría los cimientos de las religiones del mundo o algo por el estilo.

No creo que exista mucha base para pensar eso, en absoluto. Quizá muchas personas pensarían que es una noticia falsa y no la creerían. Hoy todo parece tan extraño y caótico… En fin, ¡incluso mucha gente ya piensa que hemos descubierto alienígenas y no le importa! O le parece bien, o lo que sea. Para esas personas no será ninguna noticia.

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