Un planeta gigante dejará de pasar delante de su estrella en 2033: su extraña órbita está cambiando ante nuestros ojos
Un mundo enorme cruza hoy la cara de su estrella cada 2,17 días. Dentro de pocos años, seguirá orbitándola, pero ya no podremos verlo pasar por delante. La clave está en una geometría que no permanece quieta.
Publicado por César Noragueda
Periodista especializado en cine, ciencia y pensamiento crítico.
Creado: Actualizado:
Solemos imaginar una órbita como un carril trazado alrededor de una estrella. El planeta transita una y otra vez el mismo circuito y, salvo catástrofe, todo continúa en su sitio. Esa imagen sirve para empezar a comprender un sistema planetario, aunque esconde algo importante: el camino no está pintado en el espacio.
TOI-1355 b brinda una oportunidad excepcional para comprobarlo. Según leemos en Publications of the Astronomical Society of Japan, un equipo encabezado por Noriharu Watanabe, de la Universidad de Tokio, comparó registros obtenidos entre 2019 y 2024 mediante el telescopio espacial TESS y varios instrumentos terrestres. En ese material, surgió una variación leve, persistente y reveladora: el gigante no cruzaba siempre por el mismo sector de la superficie perceptible de su astro.
La pregunta parece paradójica. Si ese mundo prosigue sus revoluciones con normalidad, ¿cómo puede trasladarse el lugar por donde lo vemos pasar hasta acabar fuera de la escena? Resolverla exige entender primero qué detectan realmente los astrónomos cuando hablan de un tránsito.
Ver un planeta sin verlo
Un tránsito ocurre cuando un planeta se interpone entre nosotros y su estrella. Desde semejante lejanía, no contemplamos normalmente una bolita recortada contra un círculo luminoso. Los telescopios registran una diminuta caída del brillo: durante unas horas, el cuerpo bloquea una fracción de la luz que recibimos.
Aquí manda la geometría. Imaginemos la faz estelar como una diana enorme situada muy lejos y el exoplaneta como una canica que pasa repetidamente por delante. Si atraviesa la franja central, produce un tránsito claro. Cuando roza el contorno, apenas tapa una porción reducida. Basta correr un poco más esa ruta aparente para que la canica ya no toque la diana.
Eso no implica que se haya esfumado ni que haya cesado de girar alrededor de su sol. Simplemente, se rompe la alineación entre tres protagonistas: estrella, planeta y observador. De hecho, la mayoría de los mundos extrasolares no transitan desde la perspectiva terrestre. Localizar uno mediante este método requiere que su recorrido adopte una configuración muy concreta respecto a nuestra línea de visión.
Un gigante pegado a un sol abrasador
TOI-1355 b pertenece a la familia de los Júpiter calientes, colosos gaseosos situados a escasa distancia de sus estrellas. Tiene unas 5,84 masas de Júpiter y un radio 1,42 veces mayor. Culmina cada revolución en 2,17 días.
La órbita de TOI-1355 b presenta una excentricidad de 0,22, siendo que 0 correspondería a una circunferencia y valores crecientes, a elipses más acusadas; una desviación poco habitual entre los Júpiter calientes.
Su anfitriona tampoco es corriente. Situada a unos 247 pársecs, equivalentes a unos 806 años luz, en la constelación de Cefeo, se trata de una estrella temprana de tipo A, ardiente, con unas 2 masas solares y una temperatura efectiva que supera los 8.000 kelvin.
Hay otra peculiaridad. El curso de TOI-1355 b presenta una excentricidad de aproximadamente 0,22. Este parámetro indica cuánto se aparta una órbita de un círculo perfecto: cero correspondería a una circunferencia; valores crecientes describen elipses más acusadas. Entre los Júpiter calientes que rodean astros muy cálidos, conservar una desviación de este calibre es poco habitual.
Cuatro años revelaron un desplazamiento
Para saber por qué sus pasos frente al disco ya no son iguales, hay que introducir otra medida: el parámetro de impacto. El nombre suena técnico, pero expresa una idea sencilla: señala a qué separación del centro estelar, vista desde nosotros, cruza el planeta.
La separación del centro estelar, vista desde nosotros, a la que cruza el planeta se incrementa en unos 0,016 por año, y ya el disco planetario queda parcialmente por fuera de la silueta estelar.
Un valor bajo corresponde a un trayecto más interior; conforme aumenta, el paso se aproxima al borde. Y las mediciones dibujan una progresión nítida: el equipo obtuvo 0,853 en 2019; 0,862 en 2020; 0,904 en 2022, y 0,928 en 2024.
La tendencia equivale a un incremento del parámetro de impacto de unos 0,016 por año. En 2024, el tránsito ya comenzó a ser rasante, es decir, el disco planetario queda parcialmente por fuera de la silueta estelar. Proyectar ese avance conduce a una consecuencia sorprendente a pocos años vista.
La órbita también puede cambiar de orientación
El fenómeno responsable se denomina precesión nodal. Para visualizarlo, conviene pensar en una peonza. Mientras gira rápidamente sobre sí misma, su eje puede describir a la vez un vaivén más lento y modificar poco a poco su inclinación.

Una órbita llega a experimentar algo conceptualmente parecido: el planeta prosigue su viaje mientras el plano que contiene ese itinerario va reorientándose.
En TOI-1355 b, los autores identificaron esa precesión gracias a la variación del parámetro de impacto. La estrella anfitriona rota deprisa: el examen espectroscópico arroja una velocidad proyectada de unos 80,8 kilómetros por segundo.
Ese ritmo favorece que el astro no sea una esfera gravitatoria perfectamente simétrica, una circunstancia susceptible de modificar gradualmente la configuración orbital del compañero.
La estrella anfitriona rota deprisa, a unos 80,8 km por segundo, lo que favorece que no sea una esfera gravitatoria simétrica y eso modifica la configuración orbital del compañero.
La distinción es importante. TOI-1355 b no se está alejando hasta perderse en el cosmos ni se encamina a abandonar su sistema en 2033. Tampoco significa que vaya a dejar de rodear a su estrella. Varía el ángulo desde el cual apreciamos su curso. El escenario físico permanece; el encaje necesario para presenciar el eclipse planetario se está deshaciendo.
En 2033, cruzará fuera de nuestra diana
Aquí aparece la fecha del titular. Si el ritmo observado se conserva prácticamente constante, los investigadores calculan que la configuración de tránsito actual desaparecerá por completo hacia mediados de 2033.
A partir de entonces, TOI-1355 b continuará completando una vuelta cada poco más de dos jornadas terrestres pero, desde aquí, su silueta discurrirá junto al disco estelar en lugar de superponerse a él.
La predicción contiene una condición que conviene preservar: proyecta hacia el futuro la tendencia constatada durante el intervalo analizado.
La paradoja es atractiva precisamente porque no requiere ninguna desaparición efectiva. Continuarán existiendo el mismo planeta y la misma estrella. Lo que se cerrará será una ventana geométrica desde la Tierra, y con ella perderemos una herramienta especialmente valiosa para examinar ese cuerpo lejano.
Una órbita que conserva huellas de su pasado
La singularidad de TOI-1355 b va más allá de su inminente salida del escenario. Los gigantes gaseosos son difíciles de originar en las inmediaciones de una estrella, por lo que los astrónomos estudian distintos mecanismos capaces de conducirlos hacia regiones interiores después de su nacimiento.
Las interacciones gravitatorias con otros planetas o una estrella compañera pueden alargar e inclinar su itinerario, las mareas generadas durante los acercamientos redondean la elipse y el desenlace puede ser un Júpiter caliente en los dominios de su anfitriona.
Uno de ellos es la migración de alta excentricidad. Interacciones gravitatorias con otros planetas o con una estrella compañera pueden alargar e inclinar inicialmente su itinerario. Más tarde, las mareas generadas durante los acercamientos al astro central disipan energía y tienden a redondear la elipse. El desenlace puede ser un Júpiter caliente instalado en los dominios de su anfitriona.
Que TOI-1355 b conserve una excentricidad de 0,22 resulta interesante porque quizá estemos contemplando una fase intermedia de esa historia. Los autores estiman un plazo de circularización de unos 33 millones de años bajo determinadas suposiciones sobre la disipación interna del planeta, aunque esa propiedad se conoce mal.
Por eso plantean posibilidades, no una biografía demostrada: el gigante pudo adquirir su trazado excéntrico hace relativamente poco o disipar energía de otra manera.

Una ventana científica con fecha de cierre
Los tránsitos sirven para mucho más que descubrir planetas. Cuando un mundo pasa delante de su estrella, una pequeña parte de la radiación atraviesa las capas de su atmósfera antes de alcanzarnos. Ciertas moléculas absorben determinadas longitudes de onda y dejan huellas capaces de desvelar rasgos de esa envoltura gaseosa.
TOI-1355 b constituye un objetivo atractivo para esa clase de seguimiento. El estudio encuentra indicios de variabilidad atmosférica entre varias épocas, aunque sus responsables advierten de que hacen falta más pruebas para esclarecer la causa. También mencionan equipos de alta resolución y telescopios espaciales como Hubble o James Webb entre las alternativas para próximas campañas.
La ocasión, al menos mediante tránsitos, no durará indefinidamente. Cada temporada hasta 2033 ofrece la posibilidad de averiguar cómo avanza este proceso y, potencialmente, reunir información sobre su atmósfera antes de que el planeta cese de recortar el resplandor de su estrella desde nuestro punto de vista.
Las órbitas no son raíles
Hay una lección más amplia detrás de este caso. En los esquemas escolares, dibujamos elipses alrededor del Sol porque necesitamos representar algo imperceptible. Es fácil terminar confundiendo ese trazo con una construcción tangible, como si cada mundo viajara por una vía rígida que permaneciese intacta durante toda su existencia.
En realidad, una órbita surge de la dinámica de cuerpos sometidos a la gravedad, que giran, se deforman y ejercen influencias mutuas. Sus dimensiones, contorno e inclinación pueden variar. A menudo, esos procesos abarcan escalas temporales enormes y, aquí, una parte de esa metamorfosis resulta perceptible al cotejar observaciones separadas por apenas unos años.
Eso convierte a TOI-1355 b en algo más instructivo que un planeta cuyo tránsito tiene fecha de caducidad. Nos permite concebir un conjunto de mundos como lo que verdaderamente es: una arquitectura dinámica. Hacia mediados de 2033, la canica de nuestra analogía dejará de tocar la diana. Nada se habrá desvanecido. El gigante mantendrá su periplo, mientras nosotros habremos presenciado cómo una disposición astronómica se modifica ante nuestros ojos.
Referencias
- Laurence Tognetti. "Strange giant planet TOI-1355 b set to vanish from view in 2033". Universe Today, 30 de septiembre de 2026.
- Noriharu Watanabe, Norio Narita, Akihiko Fukui, Bun'ei Sato, Keisuke Isogai, John H Livingston, Jerome de Leon, Daniel Huber, Yugo Kawai et al. "Discovery of an eccentric hot super-jupiter leaving the transiting geometry of the early-A-type star TOI-1355". Publications of the Astronomical Society of Japan, 18 de septiembre de 2026. DOI: 10.1093/pasj/psag103.
KioskNews shows a cleaned-up reading view extracted from the publisher’s page — the original always lives on their site, not ours.