¿Fuimos agricultores y caníbales? Por qué las primeras comunidades agrícolas de la península ibérica practicaron la antropofagia hace 7.000 años
Restos óseos con marcas de corte, hervido y percusión desvelan cómo las comunidades agrícolas del Neolítico procesaban a sus muertos.
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Imagina que levantas una piedra en una cueva granadina y descubres, mezclados con tierra y ceniza, cientos de fragmentos de huesos humanos. Algunos muestran cortes finos, otros se han roto a causa de golpes secos y varios conservan un brillo blanquecino, señal de que se han hervido. No parecen restos propios de un enterramiento, sino las sobras de una comida.
Un equipo internacional liderado por Palmira Saladié acaba de publicar en el Journal of Archaeological Science el análisis más completo realizado hasta ahora en tres cuevas del sur de la península ibérica (Malalmuerzo, Carigüela y Majolicas, todas en Granada) donde se practicó el canibalismo hace miles de años. ¿Por qué unas comunidades que ya sembraban trigo y criaban ganado seguían comiéndose a sus semejantes? ¿Fue hambre, violencia entre grupos rivales o un modo de despedir a los muertos?
Los investigadores, entre los que figura el veterano antropólogo Miguel C. Botella, quien ya estudió estos huesos hace cinco décadas, han hecho algo inédito: fechar directamente los restos humanos mediante radiocarbono y aplicar un protocolo tafonómico homogéneo en los tres yacimientos. El resultado desmonta la idea de un canibalismo neolítico uniforme y revela, en cambio, tres episodios distintos.
¿Por qué unas comunidades que ya sembraban trigo y criaban ganado seguían comiéndose a sus semejantes? Tres cuevas de Granada reabren el debate.
Comerse a los muertos: un gesto con muchos significados
El canibalismo prehistórico no responde a un único comportamiento homogéneo, sino a varias actitudes y prácticas. Los arqueólogos distinguen, a grandes rasgos, entre el canibalismo de necesidad, que surge ante el hambre extrema, y las prácticas voluntarias, integradas en la cultura del grupo. Dentro de estas últimas, se distingue el exocanibalismo, ligado a la agresión entre comunidades enemigas, del endocanibalismo, vinculado a los ritos funerarios y a la veneración de los propios muertos.

Esta distinción, sin embargo, no siempre es tajante. Un mismo grupo humano podía comer a un familiar fallecido como parte de un duelo respetuoso, pero también devorar a un enemigo capturado durante una razzia. El significado social y cultural de ambas prácticas, sin embargo, difiere enormemente. Los huesos retienen memoria de ese proceso: las marcas de corte, los golpes de percusión para extraer la médula, las huellas de dientes humanos en la superficie ósea y las señales de hervido permiten reconstruir cómo se procesó cada cuerpo.
Un mismo grupo humano podía comer a un familiar fallecido como parte de un duelo respetuoso, pero también devorar a un enemigo capturado durante una razzia.
Tres historias distintas de la Granada neolítica
Las tres cuevas granadinas figuran entre los ejemplos clásicos de la práctica del canibalismo desde 1973, cuando Botella publicó su primer estudio sobre ellas. Hasta ahora, nadie sabía si los tres episodios de antropofagia eran contemporáneos ni si respondían a la misma lógica. Las nuevas dataciones sitúan a Malalmuerzo y Carigüela en el Neolítico antiguo, hacia 5300-4950 a. C., mientras que Majolicas pertenece a una fase muy posterior, el Neolítico final, entre 3950 y 3760 a. C. Es probable, por tanto, que entre el episodio más antiguo y el más reciente hubieran transcurrido más de mil años.
En los tres yacimientos se verifican trazas de los mismos gestos técnicos. Se retiraba el cuero cabelludo, se desarticulaban los miembros, se abrían los cráneos para extraer el cerebro y se fracturaban los huesos largos para acceder a la médula. Ese patrón, repetido con una precisión casi idéntica en lugares y épocas distintas, sugiere que existió una tradición de procesado del cuerpo humano transmitida durante generaciones. Sin embargo, cada cueva cuenta después una historia propia.
Ese patrón, repetido con una precisión casi idéntica en lugares y épocas distintas, sugiere que existió una tradición de procesado del cuerpo humano transmitida durante generaciones.

Malalmuerzo, el escenario de una posible masacre
En Malalmuerzo se hallaron los restos de al menos 36 personas, con una proporción de niños, jóvenes y adultos muy similar a la de una población viva y sana. Ese detalle, unido a que dos cráneos muestran fracturas producidas por golpes contundentes (quizá propinados con un objeto parecido a una azuela) y a que todas las fechas de radiocarbono se agrupan en un periodo muy breve, apunta a un suceso violento y rápido.
Los autores del estudio plantean que los restos humanos de Malalmuerzo pudieron pertenecer a un grupo entero, o casi entero, que fue aniquilado en un único ataque y devorado después. Esta hipótesis conecta con otros episodios de violencia documentados en la Europa neolítica de esa misma época, como la masacre pirenaica de Els Trocs, aunque los investigadores subrayan que no hay pruebas de que ambos casos compartan una causa común.
Carigüela y las copas hechas con cráneos
La cueva de Carigüela cuenta una historia distinta. En la gruta aparecieron al menos dos copas craneales, es decir, cráneos vaciados y pulidos hasta convertirse en recipientes. Esta práctica se documenta también en otros yacimientos europeos, como Herxheim. La cueva se usó en distintos momentos del Neolítico, lo que sugiere que el procesado ritual de cuerpos humanos se repitió allí durante generaciones, quizá como parte de un ritual funerario recurrente más que de un episodio violento aislado.
El estudio plantea que los restos humanos de Malalmuerzo pudieron pertenecer a un grupo entero que fue aniquilado en un único ataque y devorado después.

Majolicas, el color rojo de la memoria
La cueva de Majolicas, la más reciente de las tres, ofrece una tercera variante de la práctica antropofágica. Diecinueve huesos, muchos de ellos pertenecientes a individuos jóvenes, aparecieron teñidos de un intenso color rojo, procedente probablemente del cinabrio, un mineral escaso y muy valorado que también se usaba para pintar tumbas y objetos funerarios en el Calcolítico ibérico. Ante la ausencia de señales claras de violencia, el equipo ha propuesto que este canibalismo pudo formar parte de un tratamiento funerario ritual, quizá ligado al recuerdo de los más jóvenes fallecidos.
Una nueva perspectiva sobre el canibalismo en el Neolítico
La principal aportación de este estudio no es la confirmación de que el canibalismo existiera (eso ya se sospechaba desde hace décadas), sino que no existió una sola forma de canibalismo neolítico, sino varias, separadas por siglos y motivadas por causas distintas. La guerra, el duelo y la memoria se entrelazan en estas tres cuevas granadinas. Comprenderlo obliga a repensar cómo las primeras sociedades agrícolas gestionaron la muerte, la violencia y el recuerdo de los suyos, mucho antes de que existieran los cementerios tal y como los conocemos hoy.
Referencias
- Saladié, P., Rodríguez-Hidalgo, A., Marginedas, F., Solari, A. y Botella, M.C. 2026. Multiphase human cannibalism in Neolithic southern Iberia: Chronological and taphonomic evidence from Malalmuerzo, Carigüela, and Majolicas Caves. Journal of Archaeological Science, 194, 106666. DOI: 10.1016/j.jas.2026.106666
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