Sebastián Beccacece mano a mano con Olé: “Bielsa es el Che Guevara del fútbol” y por qué se define sereno y salvaje

“Soy los dos, el reflexivo y el que corre por la línea al costado de la cancha”, dice Sebastián Beccacece y planta la dualidad como bandera reivindicando que lo mutable, lo opuesto a lo estanco, es parte de su identidad. Al ex entrenador de la selección de Ecuador le gusta sentir en carne viva y también reflexionar, no cree que sean conceptos antagónicos y asume que hay quienes celebran su forma de dirigir y quienes se pueden llegar a mofar. Tiene claro qué han dicho de él, pero también tiene en claro quién es.
Con un buzo blanco impoluto que resulta una amenaza para un plato de fideos con salsa bolognesa, su rodete en la melena rubia que ya es su marca registrada, y una sonrisa auténtica, recibe en su casa a Olé para analizar los caminos transitados en su carrera. “Siempre seguí la misma dirección, la difícil, la que usa el salmón”, canta Andrés Calamaro y hay algo asalmonado en la forma de vivir del ex entrenador de Racing, Independiente, Defensa, U. De Chile y Elche.
Tal vez empezó a ser un poco El Salmón cuando de chico, en su colegio de Rosario, le prohibieron ir con el pelo largo y eligió revelarse y llevarlo hasta hoy, con 45 años. O tal vez empezó a serlo cuando de adolescente se dio cuenta de que no tenía talento para jugar al fútbol, pero que todos sus compañeros de equipo esperaban atentos al final para ver qué les tenía para decir. O tal vez fue crecer con un hermano mellizo lo que lo hizo querer ser diferente. O pudo haber sido la convicción con la que tuvo que trabajar para ser entrenador sin haber sido futbolista, lo cual es considerado para muchos un demérito. Algo de todo esto es lo que hace que así como puede dirigir un partido vistiendo un traje entallado gris a rayas blancas, otro día pueda hacerlo con un joggin y zapatillas.
De pibe dirigía en la escuela Renato Cesarini, y trabajaba en la distribuidora de artículos de almacén y limpieza que tenía su familia. A los 10 años empezó con su papá acompañándolo en una Ford F100 escuchando rock, y ahí aprendió lo que era una metodología de trabajo. Después siguió solo, manejando su moto iba a distintos locales tratando de conseguir nuevos clientes. Asegura que sus cualidades eran la paciencia y la escucha. Si bien la vida en Rosario no tenía grandes sobresaltos, la posibilidad de abandonar el nido estuvo a mano desde muy chico. La convicción implicaba que había que romper para crecer.
A lo largo de la charla hay dos hombres a los que confiesa admirar: el Che Guevara y Marcelo Bielsa. “Yo iba a la cancha de Newell’s y estaba la bandera del Che, siempre tuve esa inquietud. Fui a Cuba. Trabajo con un fisioterapeuta cubano y esa era también una forma de tener información. Me vi muchos documentales y películas suyas . Valoro su convicción sobre todo y el predicar con el ejemplo. Hay que poner en contexto los tiempos, aquellos eran tiempos de lucha. A mí me cautiva la coherencia entre la acción y lo que dice. Me gusta la gente que es creíble en el tiempo. Eso no quiere decir que no cambien, todos cambiamos”, relata.
Y sobre el segundo nombre hay un capítulo que cuesta entender si el espectador no vio la película completa: rechazó trabajar con él. Ese Beccacece que creció viendo a Bielsa dirigir a Newell’s, que jugaba consigo mismo a adivinar qué cambios haría su entrenador y festejaba como un gol si acertaba, optó por otro camino cuando pudo haber formado parte del cuerpo técnico del ex entrenador de Uruguay ¿las razones? lealtad a Jorge Sampaoli.
La lealtad es una de las palabras que aparece varias veces en la charla, una especie de pilar fundacional en su manera de vivir. En ese momento eligió ser leal al hombre con el que compartió camino 13 años codo a codo, pero con quien hoy ya no se habla. Por él se tomó un micro durante tres días rumbo a Perú porque no había plata para el pasaje. Juntos dirigieron a la Selección Argentina, Sports Boys, Coronel Bolognesi, O’Higgins, Emelec, entre otros, compartieron concentraciones, silencios, conocieron la alegría en la victoria y el golpe de la derrota, pero hoy son pasado.
-¿Cómo fue darse cuenta de chico que no ibas a ser futbolista, amando tanto el deporte, y animarte a pensarte desde otro lugar?
-Uno veía cómo sus compañeros, sus hermanos, tenían ese talento, esa capacidad que uno no tenía de destacar, de ser bueno en lo que a uno le apasionaba. Y hay un proceso en el que uno tiene que aceptar eso, ¿no? Reconocer que no soy lo suficiente bueno para desarrollarme en lo que me gustaría hacer. Ese camino te va llevando muchas veces a una sensación de incomodidad. Fue un proceso para mí muy transformador, de mucho dolor por momentos, pero al mismo tiempo con la pregunta de ¿qué puedo hacer para estar donde me apasiona?
-¿Te criaste en una casa futbolera?
- Sí, iba a todos los partidos de Newell's, no me perdía ninguno, consumía todo lo de Newell’s que estaba al alcance. Iba a hablar con el diariero, le preguntaba cosas a mi viejo y estaba todo el tiempo hablando de fútbol. Yo creo que en la época nuestra era el fútbol o la música. Y esas pasiones que uno iba encontrando generalmente partían de casa. Después convivían en los diferentes sectores donde uno se manejaba, que era el colegio, el club de barrio.
-¿Qué rol pensas que ocupan los clubes de barrio?
-Los clubes de barrio son la base de nuestra cultura. Son lugares de mucho combate porque te dan la posibilidad de contener a tantos jóvenes, tener un lugar de encuentro, de desarrollo, de pertenencia. También están los que tienen un compromiso todavía más elevado, un compromiso social ante la necesidad que hoy toca transitar, ante la diferencia económica que existe en todos los países. Lo necesario y lo indispensable que es la comida ¿cómo en un mundo tan abundante hay gente que no come? Eso es tristísimo.
- ¿Y en el colegio? ¿Cómo eras?
-En mi casa nos exigían que hicieramos las cosas, cumplir con la responsabilidad de la tarea, de atender en clase. Yo tenía un grado de dificultad ahí porque a veces terminaba ciertas actividades temprano y me quedaba un poco incómodo. Siempre fui inquieto y molestaba. Disfruté esa etapa, pero siempre me replantee las cosas ¿por qué tengo que estar acá obedeciendo? ¿por qué tengo que aprender esto que no me interesa?
-¿Del pelo te decían algo?
- Y… era un colegio católico y no te dejaban tener el pelo largo. Siempre le decían a mis viejos que me cortaran el flequillo, o un poco el largo. Yo fui cediendo un poco más que mi hermano Anibal, que también tenía el pelo largo y era motivo de pelea en casa, de llanto.
-Con un amor tan fuerte por Newell’s ¿te ves dirigiéndolo?
-Un día llego al club y había tenido un buen entrenamiento con Renato Cesarini, con pibes de 12 años, y digo: listo ya está, estoy preparado para dirigir Newell’s, convencido. Después pasa el tiempo y digo ¡qué inconsciencia! Pero qué bueno a la vez. Imaginate que todo esto siempre con el prejuicio de que yo no jugué al fútbol, hoy eso cambió mucho, pero yo tenía que convencerme de una manera extrema porque era cotidiano escuchar comentarios.
-¿En qué crees que te jugó en contra y en qué a favor no haber sido jugador?
- La ventaja me parece que es la de prepararse de una manera constante y a temprana edad. Yo creo que los entrenadores somos una especie de nexo que tiene que habilitar la escucha. Con el tiempo no siento que me haya jugado en contra, pero en mis comienzos me miraban de determinada manera cuando llegaba. También el futbolista desarrolla un ego necesario para sobrevivir a lo que son expuestos, cuando pasan a dirigir tienen esa coraza que se han construido. Yo no la tengo, entonces llego a un grupo y lo hago abierto: soy esto.
Sebastián Beccacece con Olé: "Llego a un grupo y lo hago abierto: soy esto"
Y CÓMO NO SENTIRLO ASÍ…
-¿Qué pensas de vos mismo cuando ves algún video corriendo por la línea?
-Macaya Márquez una vez me preguntó cuál era yo, si el reflexivo, el sereno o el otro. Y yo le dije que los dos. Cuando uno baja a un lugar más terrenal, más pasional, más salvaje, donde también conecta con toda esa masa ya no estás en un lugar acá resguardado, como acá con tu energía, interactuando, sino que estamos en algo más visceral. Al 50% le gusta, al otro 50% no. Para algunos soy un divino que vivo como siento y para otros soy un vendehumo. La misma exposición del cargo que tengo hace que la gente hable. El tiempo también pone las cosas en su lugar, yo hoy siento que estoy más sereno dentro del campo de juego, pero si me sale ir a abrazar a mi familia en pleno Mundial… me sale, me dejo sentir. O en el gol contra Alemania que fui a abrazar a mi hija porque me emocioné.
-Sabes que hicieron un jueguito en el que vos ibas recorriendo el mundo haciendo alusión a lo mucho que caminabas por la cancha o como cuando pateaste una heladera en un partido en Chile…
-Sí, yo cuando veo eso me río. La vida va de eso también, reírse de las cosas que uno no hace bien. Está bueno transmitir cosas que no tengan impacto de violencia, agresividad… estas son de las cosas que uno se va arrepintiendo. Eso no significa que no lo vuelva a repetir porque soy humano y me equivoco, pero eso no quiere decir que lo valide.
-¿Cómo te llevas con la crítica?
-Al comienzo muy mal, con el paso del tiempo entendí que es parte del cargo y uno va aprendiendo a convivir con eso.
-¿Qué te dolió?
-A mí lo que más me jode es cuando aparece la maldad. Una cosa es la crítica de si te gustó o no el partido, está bien, pero ya cuando hay mentira, engaño… eso no lo compro. Acá hay mucho ingenio para eso. A mi la injusticia y la mentira, me tocan por más que sepa que siempre hay intereses detrás, no soy indiferente.
EL MUNDIAL DE RUSIA Y JORGE SAMPAOLI: UNA HERMANDAD ROTA
-Muchas veces dijiste que lo que pasó en Rusia quedaba ahí, pero quería saber si volviste hablar con Jorge Sampaoli
-No, no. Yo no volví a hablar con él. Mi hija sí, es su ahijada. Fue al partido de Newell’s con Talleres, estuvo con él, pero yo no. Considero que se terminó una etapa de 13 años hermosos que he compartido con él donde realmente fue un compañero de la vida. El fútbol nos juntó y vivimos cosas muy lindas, pero las cosas no terminaron bien. Yo había terminado con él una etapa anterior, ya me había ido a dirigir a la U y después a Defensa. Él estaba en Sevilla y lo llaman para la Selección y me invita a participar, pero las cosas no terminaron bien, no salieron bien. Creo que lo mejor era terminar ahí ese vínculo. No he vuelto a hablar. Eso no quita lo vivido.
-¿Te podrías tomar un café con él?
-Sí, claro. Tengo un gran cariño por sus hijos, eso no cambia, pero el vínculo de hermandad y cercanía no va a estar. Fue en un momento. Así como la vida te acerca, también te aleja.
-¿Te dolieron las cosas que se dijeron en ese momento?
-Yo estoy orgulloso de que me he mantenido en un lugar neutro, con todas las cosas que se manifestaban marqué una postura y estoy orgulloso de eso. Al final el tiempo pone las cosas en su lugar y yo al mes estaba dirigiendo en Defensa. Yo fui por lealtad, la verdad es que no sentía ir, pero tanto me insistió…Cuando me fui a la U, él se había enojado. Cuando le dije que iba a empezar solo no le gustó y vi en esa invitación la posibilidad de decir: te acompaño en este sueño de tu vida y después yo sigo mi camino. Al final no.
-Los finales son difíciles…
-Hay finales que pueden terminar bien, yo con Nico Diez estuve 10 años y cuando me dijo que se largaba solo le dije: ¿en qué te puedo ayudar? Y estoy orgulloso de lo que está haciendo. Yo me siento parte también de lo que es hoy como entrenador, como él me nutrió yo lo nutrí a él. Lo mismo con Jorge. A veces los finales son malos y no está mal. Cuando volví a la Argentina, me estaba yendo bárbaro en Defensa, y para mí este gesto de dejar todo eso para acompañar a Jorge era suficiente como para mostrar la lealtad que siempre digo que tengo. Siempre fui muy correcto incluso con todo lo que se inventó de mí, se decía que yo le dije a Messi cómo se tenía que parar, cómo tenía que poner el pie… después la cuenta otro y cada vez se desvirtúa más. Ahí entendí que en la vida no se puede estar desmintiendo un montón de cosas que sólo tenían un propósito: desprestigiar. Yo tenía y tengo un muy lindo vínculo con los chicos y eso a veces jode.
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MARCELO BIELSA: EL CHE GUEVARA DEL FÚTBOL
-A pesar de ser admirador de Bielsa cuando te invitó a trabajar con él lo rechazaste ¿cómo fue eso?
- En 2007 me invitó a trabajar con él en la selección de Chile. Mi papá no estaba bien y además era nuestro primer momento de dificultad con Jorge (Sampaoli). Nosotros veníamos muy bien hasta que nos echan de Sporting Cristal y no me pareció dejar en ese momento a un compañero que me había dado la posibilidad de empezar en el profesionalismo con 23 años. Por gratitud y lealtad. En mi casa, mi viejo nos formó en lo correcto, qué es lo que hay que hacer y creo que eso terminó ganando. Marcelo lo entendió, lo celebró y eso me acercó más todavía creo.
Siendo un admirador de Bielsa, ¿qué te generó todo lo que pasó en el Mundial con él? Las críticas, la conferencia de prensa posterior, etc…
Yo no conozco el día a día, solamente te puedo hablar de lo de afuera que al final nos llega un 1% de lo que realmente acontece. De ese 1% veo una persona totalmente genuina, mostrando en una libreta expresando ante los medios: esta es mi manera, esto soy yo. Una persona que tiene en claro cuáles son sus límites, qué está dispuesto a hacer y qué no y hasta dónde. Eso me cautiva, me genera admiración. Esto que hablamos de la nobleza, de la integridad, por fuera del resultado la forma. Yo me siento y observo y miro esa integridad y esa transparencia que ha trasladado en toda su carrera… creo que es el Che Guevara del fútbol. Una persona con sus convicciones extremas, que si él quisiera podría jugar de manera diferente porque tiene la capacidad, pero él eligió esa. Vivió 40 años su profesión de una manera y tal vez no sé, no está dispuesto a cambiarla y bueno… así son los revolucionarios también.
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Sebastián Beccacece mano a mano con Olé
EL PRESENTE DE SEBASTIÁN BECCACECE
-¿Con qué sensación te quedaste de tu etapa por Ecuador?
-Fue hermosísimo el proceso de la selección ecuatoriana y estoy muy orgulloso de esa conexión con el grupo. Cuando llegamos estaba todo complicado y rápidamente conectamos. Le ganamos a Argentina, Colombia, después en el Mundial a Alemania. Después arrancar el Mundial, perder sin merecerlo, había una carga de negatividad muy grande y yo quería absorber esa presión lo más posible para que no le llegara al grupo.
-¿Por qué tanta negatividad?
-Porque los resultados no se daban, se hacía todo y no se conseguían. No me gustaba que el escenario que planteaban en conferencia antes de Alemania fuera negativo. No quería que esa energía les llegara a los jugadores. Tampoco relajarse y después perder, pero si nos dejamos arrastrar por esa negatividad la creatividad que tiene que expresar el futbolista puede estar contaminada. Ahí fue lo de la canción. Escuché la del Ángel de la Soledad y sentía que estaba transitando toda la letra, es una poesía. Yo voy mucho a recitales, Cosquín por ejemplo, a tratar de sentir. Voy de un lugar de observador a buscar energía. Lo mismo cuando voy al teatro o a ver una película.
-¿Cómo ves al fútbol argentino hoy?
-A nivel Selección brillante, extraordinario. Creo que se ha podido darle continuidad a algo que pocos la vieron y que creo que tiene todavía mucho para dar. Si bien es una nueva etapa sin Leo, creo que hay una identidad que se fue forjando, que el público entendió y que hay que aprovecharlo. Después en el plano local por un lado siento que siguen saliendo un montón de futbolistas, que es inagotable. Sin embargo, siempre se puede estar mejor y después podemos entrar a debatir la forma. Después de lo que viví en Europa, el torneo largo, me gustaría un torneo de 20 equipos y un campeón al año. Un mérito sostenido todo el año y después que haya diferentes torneos.
-¿Qué equipo te gusta?
- Yo lo declaré antes de que se clasificara a las semis de la Sudamericana, me gusta mucho lo que está haciendo el Vasco Arruabarrena en Boca. Me gustó eso de que pusiera a los jóvenes, Flores, Aranda porque Paredes ya estaba. Obviamente Paredes es un pilar. Es como Messi en la Selección, Paredes es eso en Boca. Todos sus compañeros lo admiran, quiere estar, hacé todo por estar, viene por amor... él ya vivió todo y quiere estar acá. Cuando vos podés estar en el club que vos sos hincha y amás, creo que le da un plus. Y encima si tenés un entrenador que comprendió la forma, que gestionó, incluso en un año político, y Boca es enorme, es difícil de gestionar. Eso siempre se minimiza. No lo va a gobernar nadie. El entrenador tiene que aprender a gestionar toda esa carga emotiva y lo está haciendo de maravilla. No escucho que lo digan. Hay que decirlo. Vale la pena decirle: "Pucha Vasco, estás haciendo todo extraordinariamente bien". Más allá de si después consagra o no consagra, a veces lo que está bien hecho no tiene un final feliz. El fútbol tiene eso.
-¿Dónde tenés ganas de ir?
-Ahora estoy sintiendo, estoy aprendiendo a estar en una etapa de parar. Un proceso en el que también dije que no, ya tuve propuestas, pero estoy esperando encontrar ese lugar. Cuando uno termina de un espacio donde se involucró tanto, con profundidad, llega un tiempo de pensar.
-¿Selección o club?
-Me gustaría un par de años de club y después si es posible volver a estar en una selección, pero vamos a ver porque la vida te va llevando.
-¿Hay algún a donde no irías?
-Bueno, sí claro. Yo soy de Newell’s…
-No irías a Central.
-No, no hay ninguna posibilidad. Lo digo con respeto, tengo muchos amigos y Rosario es una ciudad que amo, pero siempre está dividida.
El DT elogió el proceso que lleva el Vasco en Boca.
MIRÁ LA NOTA COMPLETA
El ex entrenador de Ecuador repasó su carrera, analizó a Marcelo Bielsa, su distanciamiento con Jorge Sampaoli y más.
El entrenador habló de El Luchador de Rosario, institución que lo formó como jugador y persona, y explicó por qué fue tan trascendental en su vida y en la de los demás.
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