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Friday, September 11, 2026

Mercedes Bermejo, psicóloga sanitaria experta en infancia: “El ser humano enferma a través de los vínculos y relaciones, pero también tiene la capacidad de poder sanar a través de vínculos y relaciones”

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La psicóloga y especialista Mercedes Bermejo advierte que el sufrimiento individual raramente es solo individual. En una entrevista con el doctor José Luis Marín, publicada en el canal de YouTube José Luis Marín - Formación Psicoterapia, la especialista planteó que la mayor parte de los problemas de salud mental en la adultez son visibles desde la infancia, y que el sistema sanitario sigue mirando al individuo cuando debería mirar al sistema familiar.

"El ser humano enferma a través de los vínculos y relaciones, pero también tiene la capacidad de poder sanar a través de vínculos y relaciones", afirmó Bermejo durante el encuentro.

La especialista es fundadora de la psicoterapia emocional sistémica infanto-juvenil y familiar, directora de Psicólogos Pozuelo y presidenta de la Federación de Asociaciones de Psicólogos y Médicos Psicoterapeutas de España. Lleva más de veinte años desarrollando un modelo clínico propio que integra la terapia sistémica con herramientas lúdicas y simbólicas para el trabajo con niños, adolescentes y familias.

El paciente identificado: el más sano del sistema

Uno de los conceptos centrales del modelo que Bermejo desarrolló es el del paciente identificado, noción que proviene de la investigadora Mara Selvini y sus contactos con el Mental Research Institute de Palo Alto en los años 70 y 80. La idea sostiene que quien llega a consulta con un síntoma no es necesariamente el más enfermo del sistema familiar, sino muchas veces el más sensible y el más leal.

"El paciente identificado —que muchas veces es el pacientito— es el más sano, el más sensible, el más noble y más leal a la familia, y al final nos está hablando de algo que ocurre dentro de la familia", señaló Bermejo. La pregunta que orienta este enfoque no es el por qué, sino el para qué: qué función cumple ese síntoma dentro de las dinámicas del sistema.

Este abordaje implica abandonar la lógica lineal de causa y efecto para pensar desde la circularidad. No se buscan culpables, sino narrativas que permitan a la familia ubicarse en el presente.

El impacto de la terapia se extiende hasta tres generaciones

Bermejo citó investigaciones recientes, incluyendo revisiones de 2024 sobre estudios del psiquiatra Murray Bowen, que muestran cómo intervenir sobre la pareja mejora el funcionamiento familiar y se mide su impacto hasta en tres generaciones. La transmisión intergeneracional de los patrones disfuncionales, dijo, puede revertirse a través de la psicoterapia.

El doctor Marín sumó un dato de peso: el neurocientífico Eric Kandel recibió el Premio Nobel por demostrar que la psicoterapia bien aplicada afecta al material genético de la célula, con beneficios que trascienden al consultante original.

"Como dice la evidencia científica y la OMS, hasta el 70% de los problemas de salud mental en la etapa adulta tienen su origen en la infancia y la adolescencia", recordó Bermejo. Sin embargo, señaló que desde el punto de vista político no hay incentivos para invertir en prevención: los resultados no son visibles a corto plazo.

Por qué los niños hablan con juguetes, no con palabras

Para adaptar la terapia sistémica al mundo infantil, Bermejo incorporó metodologías lúdicas y simbólicas: muñecos, peluches, botones y animales que representan a los miembros de la familia. La justificación no es anecdótica.

Mercedes Bermejo advierte: el sufrimiento individual raramente es solo individual. Foto: LinkedIn.

"En un mundo adultocrático donde los adultos decidimos y nos falta perspectiva de infancia, debemos bajarnos a su nivel y hablar su idioma", explicó. El lenguaje simbólico y lúdico es el idioma natural de la infancia, y trabajar desde ahí permite evaluar, intervenir y acompañar sin las resistencias que genera la palabra directa.

Bermejo aclaró que este trabajo tiene un encuadre riguroso: primero se construye el vínculo terapéutico, sin el cual ninguna técnica resulta transformadora.

Sobrediagnóstico y etiquetas que se quedan para siempre

Tanto Bermejo como Marín coincidieron en cuestionar la tendencia a diagnosticar y medicar a los niños con categorías del DSM-5 (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, Quinta Edición). "Hay un sobrediagnóstico constante", advirtió la especialista. "Las etiquetas se transmiten y el niño las hace suyas de por vida".

Para Bermejo, lo que sana no es la medicación —que puede sedar— sino el vínculo, la mirada y el acompañamiento emocional. Por eso, en el centro que dirige no se atienden casos si los cuidadores primarios no se involucran en el proceso.

En la misma línea, citó a la psicóloga Begoña Aznárez: la psicoterapia infantil, como tal, no existe. Es psicoterapia de la relación entre padres e hijos.

Una crisis vincular en un mundo hiperconectado

Bermejo trazó un diagnóstico sobre el contexto actual: vivimos una crisis vincular marcada por relaciones líquidas, hiperproductividad, consumismo y dominio del algoritmo. Los adolescentes pasan más tiempo en la vida online que offline y no desarrollan las herramientas para manejarse en la vida real.

Los síntomas internalizantes —retraimiento, autolesiones, intentos autolíticos— aumentaron en los últimos años. Para Bermejo, expresan que el mundo exterior no se percibe como un lugar seguro, y que hay una necesidad de mirada que no encuentra respuesta.

"Nos hemos hiperconectado tecnológicamente, pero desconectado emocionalmente", sintetizó. Los cuidadores primarios, subrayó, son también víctimas del macrosistema cultural, no sus responsables únicos.

Empoderar a las familias para cambiar la narrativa

Frente a ese panorama, Bermejo propone generar conciencia social y empoderar a las familias para que confíen en su instinto, practiquen el autocuidado y desarrollen resiliencia. Cuando un padre o una madre dificulta el proceso terapéutico, recurre al genograma trigeneracional de Bowen para comprender los mandatos y lealtades invisibles que operan en esa historia.

"Ellos también son víctimas y quizás tampoco fueron bien queridos", planteó. "El cambio no viene de la directividad, sino de la conciencia".

Y cuando la familia no quiere involucrarse en el tratamiento de un niño, la postura de Bermejo es clara: desde la ética sistémica, es preferible confrontar o incluso interrumpir el tratamiento antes que asumir el rol de salvador y sostener una dinámica que no puede cambiar sin el sistema completo.

Nota generada con inteligencia artificial bajo supervisión y edición humana.

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