Hallazgo extraordinario en Alemania: analizan los restos de un hombre enterrado hace 1.600 años en un barco y descubren una rara variante de lepra
El ADN de un hombre enterrado en una embarcación de madera en el siglo V revela una antigua infección de lepra y posibles conexiones con la frontera del Imperio romano.
Creado:
En el siglo V, mientras el poder de Roma se debilitaba en Europa occidental, las comunidades asentadas junto al mar del Norte mantenían contactos con territorios situados a cientos de kilómetros. Las rutas comerciales, las alianzas militares y los desplazamientos de población conectaban regiones que, sobre el mapa, parecían pertenecer a mundos muy diferentes. Una de esas conexiones acaba de adquirir un rostro gracias al análisis genético de un enterramiento excepcional descubierto en Alemania.
El protagonista es un hombre que murió hacia mediados del siglo V, cuando tenía aproximadamente 50 años. Sus restos aparecieron en el yacimiento de Fallward, entre los ríos Elba y Weser, dentro de una embarcación de madera acompañada de objetos extraordinarios. Sin embargo, lo que más ha sorprendido a los investigadores no estaba entre las piezas funerarias: se encontraba en su propio ADN.
Un equipo de científicos de la Universidad de Kiel ha identificado en sus restos material genético de Mycobacterium leprae, la bacteria responsable de la lepra. El microorganismo pertenece a una antigua rama evolutiva que hasta ahora no había sido documentada en esta región del norte europeo. Además, el perfil genético del fallecido presenta semejanzas con poblaciones vinculadas a la frontera danubiana del Imperio romano.
La investigación, publicada en la revista científica iScience, combina arqueología, paleogenómica e historia de las enfermedades para reconstruir parte de una biografía que llevaba unos 1.600 años enterrada.
Una embarcación convertida en sepultura
Fallward fue uno de los asentamientos establecidos sobre elevaciones artificiales en las marismas costeras del noroeste de Alemania. Estas plataformas protegían las viviendas frente a las inundaciones y las mareas, permitiendo aprovechar las fértiles tierras próximas al litoral. La comunidad prosperó durante siglos, aunque terminó desapareciendo hacia finales del siglo V.
Durante las excavaciones realizadas en la década de 1990, los arqueólogos localizaron un cementerio con aproximadamente 200 cremaciones y 60 enterramientos. Las condiciones del terreno resultaron fundamentales: la arcilla permanentemente húmeda había conservado materiales orgánicos que normalmente desaparecen con el paso del tiempo, incluidos tejidos, objetos de madera y elementos del mobiliario funerario.
Entre todas las sepulturas destacaba la número 265. Allí descansaba un hombre depositado sobre una estera de juncos dentro de una embarcación de roble de más de cuatro metros de longitud, cubierta mediante una estructura de tablones. El enterramiento estaba acompañado por un conjunto de pertenencias que reflejaban una posición destacada dentro de su comunidad.
Los investigadores encontraron una silla tallada en un tronco de aliso, interpretada como posible símbolo de autoridad, y un taburete de arce decorado con una escena de caza y una inscripción rúnica. También aparecieron un tablero de juego, una vasija cerámica, una palangana de bronce y un cinturón militar de tradición tardorromana. Varios objetos presentaban señales de uso y reparaciones, lo que sugiere que habían formado parte de la vida cotidiana del difunto.

Un rastro genético que conduce hacia el Danubio
El nuevo estudio analizó muestras óseas de once individuos del cementerio. Sin embargo, únicamente tres proporcionaron suficiente ADN humano para realizar comparaciones poblacionales. Dos mostraron afinidades con grupos de la Edad del Hierro del noroeste europeo y con poblaciones anglosajonas tempranas de Inglaterra.
El tercer individuo, el hombre de la embarcación, presentaba un perfil diferente. Sus resultados lo aproximaban a individuos antiguos de regiones situadas en las actuales Croacia, Eslovenia, Hungría y Serbia, territorios relacionados con el espacio fronterizo romano del Danubio.
Un análisis geográfico de semejanzas genéticas situó su mayor afinidad a más de 1.400 kilómetros al sureste de Fallward. Esto no demuestra que recorriera personalmente esa distancia, pero plantea que él o algunos de sus antepasados recientes pudieran proceder de regiones alejadas del lugar donde fue enterrado.
El cinturón militar añade otra pieza al rompecabezas. Los investigadores contemplan la posibilidad de que hubiera servido como foederatus, un guerrero integrado en las fuerzas romanas mediante acuerdos militares. También pudo haber participado en intercambios comerciales o heredado el objeto. Los datos disponibles no permiten determinar su profesión ni su lugar exacto de nacimiento.

La enfermedad que permaneció oculta durante siglos
La sorpresa llegó al examinar el ADN conservado en un diente y en el calcáneo, uno de los huesos del talón. Ambas muestras contenían material genético de la bacteria causante de la lepra, cuya conservación resultó considerablemente mejor que la del ADN humano.
Los científicos pudieron reconstruir el genoma bacteriano con una profundidad media de lectura de 58,3 veces. La comparación con otras cepas antiguas y modernas reveló que pertenecía a la rama filogenética 4 y ocupaba una posición temprana dentro de su evolución conocida.
Este detalle resulta especialmente interesante porque uno de los representantes más antiguos de esa rama procede de una momia egipcia fechada entre los siglos IV y II antes de Cristo. El descubrimiento en Alemania amplía el conocimiento sobre la distribución histórica de este linaje bacteriano, aunque no permite establecer dónde se contagió el fallecido.
Curiosamente, sus huesos no mostraban lesiones características de la lepra. Es posible que la infección no hubiera desarrollado manifestaciones óseas o que los síntomas afectaran principalmente a los tejidos blandos. Tampoco existen pruebas de que esta enfermedad provocara su muerte.

Una vida desconocida en una Europa en transformación
La sepultura ofrece algunas pistas adicionales sobre sus actividades. Los huesos de los brazos mostraban un desarrollo muscular notable y, junto al cadáver, aparecieron espinas de pescado y una pequeña caja con forma de ave acuática. Estos elementos han llevado a plantear que pudo mantener una estrecha relación con la navegación o la pesca.
Su historia encaja en un periodo caracterizado por la transformación de las fronteras romanas, los movimientos de población y la formación de nuevas comunidades en Europa. Sin embargo, los autores insisten en las limitaciones del análisis: la escasa cantidad de ADN humano recuperado impide confirmar su procedencia geográfica y reconstruir sus desplazamientos.
Lo que sí ha quedado demostrado es que aquel hombre convivió con una antigua variante de la bacteria de la lepra y recibió un enterramiento excepcional. Su tumba permite observar cómo, incluso en una comunidad costera alejada de los grandes centros políticos romanos, podían confluir tradiciones locales, objetos de inspiración mediterránea y conexiones humanas de largo alcance.
Referencias:
Myburgh, D. A., da Silva, N. A., Romeyer-Dherbey, J. H., Grefen-Peters, S., Jöns, H., Peek, C., … Krause-Kyora, B. (2026). Paleogenomics reveals leprosy at the late antique burial site of Fallward in northern Germany. iScience, 29(11), 117877. doi:10.1016/j.isci.2026.117877
KioskNews shows a cleaned-up reading view extracted from the publisher’s page — the original always lives on their site, not ours.