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Monday, October 12, 2026

María Pifarré, veterinaria experta en duelo animal: “Un perro puede buscar durante días a su dueño después de su muerte porque su vida todavía funciona como si fuera a volver”

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Cuando muere un perro con el que se compartían paseos, juegos y horas de sofá, la casa cambia aunque todo parezca seguir en su sitio. Algo parecido ocurre cuando fallece su dueño: el animal pierde una presencia que formaba parte de sus horarios, sus costumbres y su sensación de seguridad. Puede seguir acercándose al lugar donde dormía su compañero, esperar junto a la puerta a la hora de siempre o buscar por la casa a la persona que acostumbraba a estar allí. No necesita comprender la muerte como lo hace una persona para notar que alguien falta: lo acusa en su rutina, en su conducta y en una vida que, de repente, ha dejado de funcionar como antes.

Ese momento, cuando la ausencia empieza a hacerse visible en la conducta del animal, forma parte del trabajo de la veterinaria María Pifarré Valero, especializada en el acompañamiento al final de la vida y el duelo animal. Es autora de Más allá del adiós y Los últimos días de nuestras mascotas, y dirige el Experto Universitario en Duelo Animal y Acompañamiento Veterinario. En ese trabajo con animales y familias, la pérdida también aparece en el perro que deja de jugar, en el que busca a quien falta o en el que cambia sus hábitos sin que nadie entienda todavía por qué.

En ese trabajo con animales y familias, la pérdida también aparece en el perro que deja de jugar. Foto: IG/maria.pifarre.vet

¿Un perro realmente puede estar de duelo cuando muere otro animal o su dueño?

Sí. El duelo existe en los animales porque existe el vínculo. No lo viven desde la comprensión mental de la muerte, como hacemos las personas, pero sí desde la experiencia de la ausencia. El perro nota que alguien que formaba parte de su vida ya no está y que, de repente, muchas cosas han cambiado. Lo vemos en algo tan cotidiano como dejar de esperar junto a una puerta, no querer jugar, dormir en otro sitio o acercarse al lugar donde estaba su compañero. No necesitan entender qué es la muerte para notar que alguien ha desaparecido de su vida.

¿Qué cambios pueden hacer pensar que detrás de una conducta diferente hay una pérdida?

La pista está en comparar al animal con él mismo. Un perro que siempre esperaba el paseo y deja de mostrar interés, que comía con normalidad y empieza a rechazar la comida, que dormía de una manera y de repente cambia sus hábitos, está mostrando que algo ha ocurrido. También puede buscar al compañero ausente, acudir a sus lugares habituales, vocalizar más, mostrarse inquieto o, al contrario, aislarse. Algunos se vuelven mucho más dependientes de la persona que queda. No hay una conducta única que permita decir que un animal está de duelo. Lo que vemos es una transformación de su manera habitual de estar.

No hay una conducta única que permita decir que un animal está de duelo. Foto: IG/maria.pifarre.vet

¿Es diferente perder a otro perro que perder al dueño?

Son pérdidas distintas. Cuando muere otro animal, desaparecen la convivencia, el juego, los paseos compartidos y muchas de las rutinas que formaban parte de su día. De repente, falta una pieza de esa vida cotidiana que el perro conocía y esperaba. Cuando muere su dueño, el impacto puede ser mayor. Esa persona no era solo compañía: también estaba detrás de sus horarios, sus cuidados, sus paseos y buena parte de la seguridad que tenía en su día a día. Para un perro, perder a su dueño puede ser como quedarse sin el mapa que hasta entonces le indicaba cómo era su mundo. Por eso pueden aparecer más desorientación, ansiedad o una necesidad intensa de buscar a otra persona de referencia. Aun así, el duelo depende sobre todo del vínculo.

¿Puede un perro seguir esperando a alguien que ha muerto?

Sí, y es una de las conductas que más impresionan a las familias. Puede acudir a una habitación, a una cama, a una puerta o a un lugar donde habitualmente encontraba a esa persona o a ese animal. No debemos interpretar necesariamente esa conducta como una comprensión humana de la muerte. Lo que sabemos es que la ausencia rompe una expectativa que estaba profundamente incorporada a su rutina. El perro tenía aprendido que determinadas cosas ocurrían: alguien llegaba, alguien le daba de comer, alguien salía con él, otro perro aparecía para jugar. Cuando esa secuencia deja de producirse, necesita tiempo para reorganizarla.

Cuando esa secuencia deja de producirse, necesita tiempo para reorganizarla. Foto: IG/maria.pifarre.vet

¿Cuánto puede durar ese proceso?

No existe un calendario. Hay animales que recuperan buena parte de su rutina en unas semanas y otros que necesitan meses. Además, el proceso no es lineal: puede haber días en los que parecen estar mucho mejor y otros en los que vuelven a mostrarse apagados o buscan al que falta. Más que contar las semanas, hay que mirar la evolución. La pregunta es si poco a poco vuelve a interesarse por el paseo, por la comida, por el juego, por las personas y por su entorno. El duelo no consiste en borrar el vínculo. Consiste en aprender a vivir cuando ese vínculo ya no está físicamente presente.

¿Qué se suele hacer mal cuando se intenta ayudar a un perro que está de duelo?

A veces se intenta hacer demasiado. Se multiplican los juegos, los premios, las salidas o los estímulos con la intención de que el animal se distraiga. También puede ocurrir que se cambien bruscamente sus rutinas o que se incorpore otro animal demasiado pronto para llenar el vacío. Y existe otro riesgo: sobreprotegerlo desde nuestro propio dolor. Si la familia está angustiada y transmite constantemente esa inseguridad, el animal puede percibir que su entorno también ha dejado de ser previsible.

¿Qué necesita entonces un perro después de perder a un compañero o a su dueño?

Necesita que el mundo que queda siga siendo reconocible. Mantener horarios de comida, paseos y descanso puede darle seguridad cuando todo lo demás ha cambiado. También necesita compañía, pero no necesariamente una estimulación constante. A veces basta con estar cerca y permitir que el animal decida cuándo quiere interactuar. Habrá días en los que tendrá más ganas de jugar y otros en los que preferirá estar tranquilo. Y, sobre todo, necesita tiempo. El objetivo no es sustituir a quien ha muerto ni obligarle a volver inmediatamente a la normalidad. Es ayudarle a construir una nueva normalidad.

Consultar no significa que algo se haya hecho mal. Foto: IG/maria.pifarre.vet

¿Cuándo conviene acudir al veterinario o a un especialista?

Cuando el malestar empieza a comprometer de forma clara su bienestar o no observamos una evolución favorable. Una pérdida de apetito mantenida, una apatía muy marcada, ansiedad intensa, conductas destructivas o cambios que persisten y se agravan merecen una valoración profesional. También conviene pedir ayuda cuando la familia no sabe cómo manejar la situación. El duelo puede afectar al animal y desbordar al mismo tiempo a las personas que lo acompañan. Consultar no significa que algo se haya hecho mal. Significa reconocer que hay procesos de pérdida que necesitan más apoyo. En los animales, como en las personas, acompañar bien también consiste en saber cuándo dejar de hacerlo solos.

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