Leonardo DiCaprio compró una isla de 42 hectáreas por 2 millones y la ha convertido en un santuario ecológico

Leonardo DiCaprio conoció Blackadore Caye durante un viaje a Belice vinculado con el buceo en los arrecifes de la zona. La isla, de unas 42 hectáreas, se encuentra frente a la costa del país y cerca de la barrera de coral, uno de los grandes sistemas marinos de la región.
En 2005, el actor compró el territorio junto con el empresario Jeff Gram por más de 1,8 millones de dólares. No se trataba de una isla habitada ni de un destino turístico en funcionamiento: el lugar había sufrido los efectos de la erosión, la pérdida de vegetación y la actividad pesquera.
La intención fue transformar el espacio en un proyecto que combinara turismo y recuperación ambiental. Diez años después de la compra se presentó Blackadore Caye, a Restorative Island, una propuesta que incluía un complejo de lujo y un amplio programa de restauración del entorno natural.
Uno de los puntos centrales era recuperar los manglares. Estas plantas ayudan a proteger las costas frente a la erosión y forman zonas de refugio y reproducción para peces, crustáceos y otras especies. El proyecto también contemplaba preservar áreas para manatíes y otros animales marinos.
La propuesta incluía construcciones con criterios de bajo impacto, uso de energías renovables, sistemas para tratar el agua y reducir residuos y una zona de conservación que ocuparía una parte importante de la isla. El diseño planteaba que las edificaciones estuvieran elevadas para reducir el contacto con el terreno y permitir la circulación de especies.
Un proyecto entre la conservación y el turismo

La iniciativa tuvo sus cuestionamientos. Científicos, pescadores y organizaciones locales expresaron preocupación por el efecto que una construcción de gran escala podía tener sobre los manglares, los fondos marinos y las zonas de pesca. Entre las objeciones aparecieron el posible dragado, el movimiento de embarcaciones, el ruido y la modificación de algunos sectores de la costa.
Los impulsores del proyecto sostuvieron otra posición: que el desarrollo permitiría financiar la recuperación del ecosistema y que la isla tendría más superficie destinada a conservación que un resort convencional. El plan también fue modificado con el paso del tiempo, en parte a partir de las críticas recibidas.
La construcción, sin embargo, acumuló retrasos. El proyecto había previsto una apertura en 2018, pero esa fecha no se cumplió. Informes posteriores señalaron nuevas postergaciones y falta de avances de obra, por lo que la transformación de la isla como resort ecológico quedó sin concretarse en los plazos anunciados.

Así, la historia de Blackadore Caye es menos la de una isla ya convertida por completo en un santuario que la de un proyecto de restauración ambiental de gran escala que lleva años intentando encontrar un equilibrio entre conservación y turismo.
La compra de DiCaprio puso el foco sobre un ecosistema deteriorado y sobre una pregunta que sigue abierta: cómo desarrollar actividades turísticas sin afectar los espacios naturales que se busca proteger.
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