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Tuesday, October 6, 2026

Catalejo: cuestión de semántica

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En el siglo pasado también había delivery, pero no sabíamos que se llamaba así. Nadie andaba en moto y las transportadoras no eran tan llamativas como las actuales. En los veranos de mi infancia, se escuchaba de lejos un encantador llamado a comprar “palito, bombón, helado” y unos minutos después se veía pasar por la cuadra al heladero con su traje blanco. Pedaleaba duro y parejo bajo el impiadoso sol de la siesta. En las tardes de invierno, aparecía también en bicicleta el delivery de churros. Pocos se resistían a quedarse en sus casas y aceptar el pan con manteca y azúcar tradicional de las meriendas. Por las mañanas, era muy usual escuchar al virtuoso de la armónica que anticipaba sus dotes de “afilador”. Una piedra especial, adaptada al cuadro de la bicicleta, le permitía restaurar cuchillos y tijeras. Las amas de casa lo solían esperar ya preparadas para salir con sus armas desgastadas a la espera de una nueva vida en la cocina. Seguro que algún querido lector sumará a esta altura del Catalejo una imagen propia: el lechero, el sodero, el garrafero o el colchonero, que con su cardadora arreglaba al paso más de un colchón y una almohada de lana que necesitaba recuperar su lozanía.

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