Tatiana Coll*: Las revoluciones de la diplomacia cubana
no de los grandes retos de la humanidad ha sido comprender a fondo la impostergable necesidad de eliminar completamente tanto los vestigios como la presencia del colonialismo y el neocolonialismo que se extienden bajo muy diversas formas, es decir, emprender y apoyar realmente la descolonización. La diplomacia cubana que se desplegó fue parte integral de la propia revolución. Antes del triunfo se perfiló ya como una de liberación nacional, eslabón esencial para lograr su plena soberanía. El libro de Lohania Aruca, La diplomacia cubana en África (1960-1991), publicado por RUTH Casa Editorial (www.ruthtienda.com), a través de sus magníficas entrevistas a seis embajadores nos devela los retos y complejidades de empujar una diplomacia de liberación nacional.
El embajador Sánchez Monroe nos dice que el gran reto de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) fue entender que Cuba era una revolución de liberación nacional; para ello tenían que romper su esquema geopolítico este-oeste anclado en la Segunda Guerra Mundial, en el que se privilegiaba la confrontación URSS-EU. Josip Broz Tito fue el primero en confrontarlos porque consideraba su ejército como uno de liberación nacional; después, los rusos tuvieron contradicciones con Mao por la misma razón. “Si no me falla la memoria, la primera vez que Jrushchov menciona frente a Kennedy sobre movimientos de liberación nacional es en 1961 (…) Este fenómeno avanzó todo el tiempo como una dicotomía en la política soviética (…), el “problema de Cuba” era uno que le rompía su esquema con relación a EU. Para Gromiko, ministro de Relaciones Exteriores, Cuba era un problema; no era un aliado, ni un socio: era un problema”.
Para Sánchez, Fidel era el gran especialista en lo concerniente a la URSS, “era un ajedrez que él jugaba”, era una relación compleja, pero a la vez vital. Fidel señaló después de la crisis de los misiles: “nosotros estamos conscientes de que para muchos compañeros de la dirección soviética, Cuba es un problema doble: primero porque es un peso económico, y segundo porque es fuente de conflictos con Norteamérica”. Precisa que hubo una etapa de congelamiento de las relaciones: nosotros la destitución de Jruschov no la entendimos, (…) al extremo que los nuevos dirigentes soviéticos no fueron felicitados por el gobierno cubano. Ese año hubo una reunión de partidos en Moscú a la que nosotros no fuimos (…) honestamente yo pensé que las relaciones se iban a romper en 1968 (…) los soviéticos estuvieron muy disgustados por la posición de Cuba frente a Checoslovaquia”. Muchas más contradicciones se acumularon con relación al Movimiento de Liberación Nacional de Angola y las imperiosas decisiones que había que tomar, incluyendo una maniobra soviética para sustituir a Agostinho Neto. En esta entrevista se vislumbran datos desconocidos de esta relación siempre al filo de la navaja.
La entrevista del embajador Raúl Roa Kouri nos muestra, desde el inicio, muy temprana capacidad: nada más, ni nada menos, que haber propiciado el histórico encuentro entre Fidel y Malcom X durante la primera visita de Castro a la ONU, cuando lo llevó a hospedarse en el Hotel Theresa en el harlem negro y latino, una anécdota que marcó a la diplomacia de ahí en adelante. Conoció acompañando al presidente Dorticós, a Nehru, a Mao y Chouen Lai que le hablaron del “tigre de papel”; incluso al emperador Haile Selassie. Un sabor amargo le dejaron sus tres años en Checoslovaquia: “una situación que existía que me parecía que distaba mucho de ser lo que debía ser un país socialista”.
Roa relata que conoció muy joven al Che en México y siguieron siendo amigos. Muchas veces comentaron experiencias. Una de ellas fue cuando estuvo de embajador en Brasil durante el gobierno de Goulart. Coincidió plenamente con Brizola, que quería organizar un movimiento revolucionario radical. Le pidió ayuda (500 mil dólares) a Fidel, cuándo le relató al Che sobre ello, éste le dijo enseguida: “dile a Brizola que si necesita un buen jefe guerrillero, yo voy para allá. Yo le dije ¿pero tu estás hablando en serio?, y me respondió: ¡cuando coño yo no hablo en serio!”. Pasaron unos meses, y “Fidel me dijo: Goulart esta proclamando la reforma agraria, si no tiene eso bien amarrado y dudo que lo tenga, ¡le van a dar un golpe de Estado!”.
El embajador Moreno Fernández cierra un detallado recorrido sobre una cantidad de intensos procesos que se dieron en el Movimiento de los No Alineados. Su conclusión es que “los intereses fundamentales globales de Cuba en el MNOAL se han centrado en la preservación de su carácter anticolonialista, antimperialista y antineocolonialista, y en ese contexto tratar de preservar la unidad al máximo posible”. Estados Unidos no dejó de intervenir con amenazas, violencia y presiones a través de sus aliados. Los casos de Palestina, del apartheid de Sudáfrica, de Argelia y Libia, como la denuncia sobre la condición colonial de Puerto Rico, de las dictaduras en Sudamérica, la de Pinochet, y la intervención directa en Centroamérica siempre fueron denunciadas por Cuba en el movimiento.
Estos párrafos son sólo unas pinceladas sobre el imprescindible libro de Lohania Aruca.
* Autora de Entre Quetzalcóatl y el Che: Laurette Sejourné una vida a contracorriente en el México del siglo XX
KioskNews shows a cleaned-up reading view extracted from the publisher’s page — the original always lives on their site, not ours.