Las historias poco conocidas que unen a Arruabarrena y Ponzio

Domingo, Bombonera, faltan minutos para las tres de la tarde. Cancha a reventar, todavía en modo recibimiento superclásico. Sol a pleno (sería una hazaña). Un ambiente que dan ganas de entrar a jugar, a pisarla y encarar. Ahí, Rodolfo Arruabarrena, local y dueño de casa, cruza unos metros y se acerca a saludar a Leonardo Ponzio, el visitante. Es imposible hacer futurología, pero el vínculo que los une permite anticipar que será un afectuoso abrazo y no un frío apretón de manos.
Los siete años de edad que los separan (el Vasco tiene 51 y Leo, 44) no les impidieron compartir diferentes momentos dentro de la cancha. Y lo que hace aún más interesante esta historia es que, en este nuevo Boca-River, se cerrará un círculo en el tipo de enfrentamientos entre ambos: lo hicieron en algunos momentos poco recordados y solamente en Europa como jugadores, hubo capítulos bastante contemporáneos entre uno como entrenador y el otro como referente del ciclo más ganador de la historia de su club y, ahora, chocarán en esta faceta en la que el León tiene menos partidos dirigidos (siete) que las temporadas de Arruabarrena en la profesión (15).
Si bien nunca se elogiaron públicamente, la postura siempre fue de respeto mutuo: antes de que los dos gigantes del país los ubicaran en el póster del Súper, el fútbol europeo los puso en contra en encuentros que no están en la cabeza de muchos. Salvo que alguno se haya levantado temprano a ver la Liga Española hace más de 20 años, cuando acceder a un partido de esos los fines de semana era lógicamente más complicado que ahora.
Ponzio, en el Zaragoza.
Desde el 2003 al 2006, se registraron los únicos seis juegos en los que los dos actuales entrenadores se enfrentaron. Ponzio, como volante del Zaragoza (un gol); Arruabarrena, lateral izquierdo del Villarreal (sin anotaciones), que también tuvo a Juan Román Riquelme en el último capítulo de esa serie. El saldo, favorable al Vasco: tres triunfos, dos empates y una derrota, en un equipo que en la 2005/06 alcanzó las semifinales de la Champions (perdió con el Arsenal) y que tenía algunos apellidos importantes.
De hecho, en esa época se dieron grandes enfrentamientos producto de los jugadores que había de ambos lados. Zaragoza, en su regreso a Primera tras su descenso en el 2002, se había armado con el propio Leo y figuras emergentes como David Villa, Gabriel Milito y el español Cani. Del otro lado, además de los ex Boca, se destacaban Juan Pablo Sorin y Diego Forlán. Fueron partidos recordados en España por lo ascendentes que eran ambos clubes.
El Vasco compartió equipo con Riquelme en el Villarreal.
Y no hubo más. Ponzio llegó a River a principios del 2007 y volvió a España tras ganar el Clausura 2008 con el Cholo Simeone, en tanto que el Vasco se fue a mediados de ese 2007 al AEK de Atenas y un año después fichó con Tigre: por poco tiempo no se cruzaron en ese regreso al fútbol argentino. Algo similar a lo que les había ocurrido un tiempo antes, en el 2000, cuando uno se fue de aquel Boca de Bianchi ganador de la Libertadores rumbo a Europa y el otro recién asomaba en la Primera de Newell’s.
Sin embargo, la Selección los juntó por un rato. Luego del Mundial de Alemania 2006, en el que ninguno formó parte de la lista de buena fe, fueron citados en el inicio del ciclo del Coco Basile por sus buenos rendimientos en Europa y como para evaluarlos. Con algunas sonrisas en los entrenamientos, solo compartieron citación en el amistoso del 11 de octubre del 2006 contra España en Murcia (derrota 2-1), en un seleccionado que tenía a un Lionel Messi de 19 años, más Tevez, Saviola, Aimar: mientras Ponzio se quedó en el banco, el Vasco jugó los 90’ y jugó por única vez junto a Messi, lo que lo convirtió en uno de los pocos afortunados en haber tirado paredes con Leo y con Diego Maradona.
Arruabarrena y Ponzio, en la Selección.
La vida los volvió a alejar, aunque les tenía preparado lo más emocionante. De lo más frenético que vivieron en toda su vida. Porque en su tercera experiencia como entrenador (pasó por Tigre y Nacional de Uruguay), Arruabarrena llegó a Boca en el 2014 y fue testigo del inicio de la era dorada del River de Marcelo Gallardo, que casualmente tenía a Ponzio como uno de los referentes. La realidad es que no le fue del todo bien: los dos triunfos, tres empates y dos derrotas explican bastante menos de lo que significaron las eliminaciones en las semifinales de la Copa Sudamericana 2014 y los octavos de la Libertadores 2015.
Ponzio, el día del gas pimienta (DYN).
De hecho, ahí se dio la histórica noche del gas pimienta, en la que ambos fueron protagonistas a su manera. Porque así como la imagen del Vasco corriendo detrás de Rodolfo D’Onofrio con una visible cara de bronca todavía recorre las redes sociales a modo de meme, el León fue uno de los más afectados por la insólita acción ejecutada por el Panadero. “Tuvimos miedo porque parecíamos una mosca cuando la envenenás, que da vueltas. No veíamos, era una sensación rara. Nunca me lo hubiese imaginado. Si empezábamos a jugar y no veía, iba a pedir el cambio, pero lo lógico era parar. Si no, un don nadie de turno entra a pegarle una piña a un jugador y siga, siga... no es normal”, recordó Leo hace años, sobre aquel escándalo en la Bombonera.
El Vasco, en aquella noche (AFP).
“ D’Onofrio sabe por qué lo mandé a la mierda. La gente nos conoce y se sabe quién es el que miente. Hizo referencia a una situación del club, eso es algo que me saca. Queda ahí, nada más. Él sabe bien lo que dijo”, explicó el Vasco también pasado el tiempo, además de agregar que el episodio “ fue un hecho político”. Esa noche, los marcó de manera importante a ambos.
Algo similar a lo que ocurrirá este domingo, en el mismo escenario en un partido que para el Vasco puede significar encaminar definitivamente el título, pero también sacarse la espina de aquellas eliminaciones; y para Leo, afianzarse en el cargo y festejar como ya lo hizo como jugador ante el rival de toda la vida.
Quién sonreirá el domingo no se sabe. Lo que puede saberse es que, por los años que llevan en esto y el respeto que se tienen, el saludo cuando falten algunos minutos para las tres de la tarde será afectuoso...

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