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Thursday, September 17, 2026

Los veterinarios recomendaron la eutanasia pero algo en ella le indicó el camino a seguir: “Nunca dejó de pedir mimos”

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Un trámite cotidiano cambió el rumbo de dos vidas esa mañana de agosto. Agustín Gallardo había salido a hacer una compra y regresaba a su lugar de trabajo en la localidad de Maschwitz, partido de Escobar, cuando una escena en el asfalto lo obligó a frenar a cero. En el medio de la calle yacía una animal visiblemente lastimado, débil y en un estado de delgadez alarmante.

“Tuna apareció en mi vida de una manera que jamás imaginé. La encontré muy lastimada, en una situación realmente complicada, y desde el primer momento sentí que no podía mirar para otro lado. Estaba en muy malas condiciones y necesitaba atención veterinaria urgente”, recuerda Agustín que se dedica a la compra venta de autos.

Sin dudar, la tomó en brazos —ella se dejó agarrar sin oponer resistencia— y la resguardó temporalmente en su galpón mientras buscaba asistencia médica.

El primer diagnóstico en una clínica de Tigre fue desolador: hipotermia, deshidratación severa, anemia severa y positivo para el virus de inmunodeficiencia felina (VIF). Tuna pesaba apenas 2,900 kilos y los profesionales calcularon que tendría unos ocho años.

“El manejo nutricional de un paciente deshidratado, desnutrido y anémico, o sea, un paciente crítico, es clave, de ello dependerá en gran medida la recuperación. Se recurre a una dieta específica para cuidados intensivos que contenga todos los nutrientes necesarios para cubrir de forma precisa los requerimientos de un animal en una situación muy delicada de salud. Puede ser a través de una sonda de alimentación asistida, con una cantidad administrada de forma gradual, a intervalos constantes y de forma progresiva, para permitir la asimilación y evitar la sobrecarga del aparato digestivo”, explica Juan Atilio Di Paolo, médico veterinario y asesor técnico veterinario de Royal Canin.

Tuna permaneció internada con un pronóstico reservado con suero y una sonda nasogástrica. El cuadro era tan crítico que los veterinarios sugirieron la eutanasia como única opción.

Sin embargo, Agustín intuyó que la historia no debía terminar allí. “En un primer veterinario me recomendaron dormirla por la gravedad de su estado. Pero yo no estaba dispuesto a tomar esa decisión tan rápido. Tenía muchas ganas de seguir adelante y sentía que todavía había una posibilidad, así que decidí buscar una segunda opinión”.

Una segunda oportunidad y la fuerza de los pequeños gestos

Decidido a agotar todas las instancias, llegó a la clínica especializada The Cat Clinic, dirigida por el veterinario Alexis Jaliquias, donde se le realizó una transfusión de sangre de emergencia para revertir la anemia. “Al principio estábamos muy preocupados porque necesitaba la transfusión de manera urgente, y en ese momento no sabíamos cómo iba a reaccionar su cuerpo ni si iba a poder superar esa situación. Por suerte, respondió bien y, de a poco, empezó a mejorar”.

Más allá de las mediciones de hematocrito y los parámetros clínicos, fue la propia actitud de la gata la que sostuvo la determinación de Agustín durante los días más oscuros.

“Algo que a mí siempre me dio esperanza fue que Tuna nunca dejó de buscar cariño. A pesar de todo lo que estaba pasando, siempre pedía mimos, se acercaba y mostraba muchísimo amor. Y para mí eso significaba algo. Yo sentía que ella quería seguir viviendo. Por eso nunca perdí la fe en ella”.

A medida que pasaban los días, las señales de recuperación comenzaron a consolidarse. “Empezó a comer, a estar más activa, a buscar mimos y hasta a lavarse por su cuenta. Son cosas que quizás para otra persona pueden parecer pequeñas, pero después de verla en el estado en que estaba, para mí eran señales enormes”.

Tratamientos pendientes y una lección de vida

Aunque Tuna superó la etapa más crítica de la internación, el camino de su rehabilitación médica requiere todavía de intervenciones complejas. Por un lado, padece un carcinoma de células escamosas en las orejas que demanda una cirugía para extirpar el tejido afectado, con un costo estimado de $1.100.000.

Por otro lado, “presenta una enfermedad periodontal muy avanzada con raíces expuestas, encías inflamadas y dientes flojos que requerirá la extracción de las piezas dañadas”, aclara Jaliquias. Actualmente, aguarda los resultados de un control cardiológico previo para fijar la fecha del quirófano.

Para Agustín, el rescate de Tuna trascendió la mera asistencia a un animal en riesgo para convertirse en un aprendizaje personal profundo.

“Llegó en una etapa bastante complicada, en un momento en el que yo estaba muy estresado por el trabajo, por mis metas personales y por las cosas de la vida cotidiana. Y, de alguna manera, Tuna hizo que todo eso pasara a un segundo plano. Hoy mi principal preocupación es ella, salvarla y darle la oportunidad que merece. Me hizo entender que a veces uno puede estar preocupado por mil cosas, pero cuando tenés adelante a un animal que está luchando por su vida, todo lo demás deja de importar”.

Mientras continúan los posteos en redes sociales para cubrir los costos médicos -Agustín organizó un sorteo de un auto con un valor de $10 mil pesos el número- y los controles de salud periódicos, la pequeña gata de Maschwitz demuestra a diario que la voluntad de salir adelante puede más que cualquier pronóstico.

“Tuna me enseñó muchísimo. Me enseñó a no perder la fe, a valorar los pequeños avances y, sobre todo, que siempre vale la pena dar una segunda oportunidad”, concluye Agustín.

Más información: en este link se puede colaborar para cubrir los gastos de Tuna. Y en la cuenta de Instagram de Agustín Gallardo (@agustingallardo3_) se puede seguir la evolución de la gata.

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Si tenés una historia de adopción, rescate, rehabilitación o ayudaste a algún animal en situación de riesgo y querés contar su historia, escribinos a bestiariolanacion@gmail.com

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