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Tuesday, October 27, 2026

Navegar de noche sin faros hace 2.800 años: así se orientaban los marinos del Mediterráneo

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Aun en ausencia de faros, los marinos de los siglos VIII-IV a. C. también navegaban de noche. Un estudio calcula cuánto veían y cómo se orientaban.

Barco en la noche y cerámica pintada
Recreación fantasiosa. Fuente: Midjourney/Erica Couto - Navegación nocturna

Erica Couto

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En una noche sin luna del mundo antiguo, un barco navega con el mar y el cielo fundidos en un mismo negro. ¿Qué vería el timonel a bordo? Un estudio calcula que, en condiciones atmosféricas óptimas, un marino mediterráneo de los siglos VIII-IV a. C. podía ver la costa, de noche, al 1,4 % de su alcance diurno: es decir, 550 metros frente a 39 kilómetros.

Solemos imaginar la navegación antigua como una actividad diurna que se realizaba con la costa siempre a la vista. Sin embargo, los textos y la arqueología indican que también se navegaba de noche y, además, en una época en la que la presencia de faros no era sistemática. Los investigadores Chiara Maria Mauro y Fabio Durastante, de las universidades Complutense de Madrid y de Pisa, lo analizan en el Journal of Maritime Archaeology. Para ello, han combinado la física de la luz con las fuentes antiguas para averiguar qué se veía y cómo se compensaban las carencias de visibilidad.

Barco de noche
Recreación fantasiosa. Fuente: Midjourney/Erica Couto

Antes del faro de Alejandría, la noche era cosa del oficio

El Mediterráneo, un mar casi cerrado y lleno de islas, permitía cruzarlo, al menos en teoría, sin perder de vista la tierra. Los barcos pequeños y medianos preferían rutas que mantuvieran la costa dentro de su radio visual. Avanzaban de un punto a otro siguiendo una cadena de referencias memorizadas en travesías anteriores. Los especialistas llaman a esta práctica pilotaje o navegación ambiental.

En 1968, G. Schüle trazó un mapa del Mediterráneo con cálculos geométricos para saber desde dónde se divisaba tierra. Aunque se citó y replicó mucho, hoy se considera una simple conjetura. Según Mauro y Durastante, Schüle manejaba una definición simplificada de visibilidad que no tenía en cuenta aspectos como la estación del año y la hora del día.

Por eso, una parte de las investigaciones se ha ceñido a los siglos VIII-IV a. C., cuando se verifican abundantes testimonios de navegación nocturna, pero aún no existían infraestructuras fijas pensadas para facilitarla. El primer faro propiamente dicho, el de Alejandría, en la isla de Faros, se data en las primeras décadas del siglo III a. C.

Cerámica pintada
Recreación fantasiosa. Fuente: Midjourney/Erica Couto

Cuando la noche se mide en metros

Para medir la oscuridad, los autores recurrieron a la física. De noche, el ojo pasa de la visión diurna, o fotópica, a la escotópica, que depende de los bastones de la retina. Después aplicaron la ecuación de Allard, que calcula el alcance visual de una luz según la transparencia del aire. Los valores atmosféricos se tomaron de mediciones instrumentales actuales, pues el clima de los últimos 6.000 años no difiere drásticamente del presente.

Pongamos que de día una tripulación divisaba la costa desde 21,12 millas náuticas (unos 39,12 kilómetros). De noche, para mantener el contacto visual, debía navegar a menos de 0,29 millas (0,55 kilómetros). Eso equivale al 1,4 % del alcance diurno. El cálculo parte del coeficiente de extinción mínimo (0,0001), es decir, de las mejores condiciones atmosféricas posibles. Con aire menos transparente, el radio sería aún menor.

La luna llena mejoraba el panorama. Con un brillo de 0,3 lux, elevaba el alcance hasta el 8,4 % del diurno: 1,77 millas (3,29 kilómetros) en el mismo ejemplo. Sin embargo, la luna solo ilumina una parte de la noche, según la fase del ciclo lunar. Por eso, advierten los autores, la planificación de una ruta nocturna no podía depender estrictamente de ella.

Barco de noche
Recreación fantasiosa. Fuente: Midjourney/Erica Couto

Leer las Osas o pegarse a la costa: dos maneras para no perderse

Ante la oscuridad, una tripulación tenía dos opciones. La primera era hacerse a la mar, perder casi por completo las referencias terrestres y orientarse por el cielo y los vientos. Las dos Osas ayudaban a hallar el norte. Según las fuentes, los griegos preferían la Osa Mayor, más fácil de localizar. Los fenicios, la Osa Menor, más difícil de identificar, pero más cercana a la Estrella Polar. Kochab, de la Osa Menor, estaba en tiempos de Homero a solo 8° del polo norte.

La cerámica refuerza la idea. En Pitecusa (isla de Isquia, Italia), un fragmento de crátera del siglo VIII a. C. muestra estrellas unidas como en una constelación. Una de ellas lleva la letra beta, que probablemente alude a Boyero. Esa constelación aparece en la Odisea, cuando Calipso explica a Odiseo la ruta y sugiere al timonel que la mantenga a la izquierda.

La segunda opción era costear, a riesgo de topar con rocas, bajíos o arrecifes que el vigía apenas distinguía de noche. Tucídides cuenta que una flota peloponesa zarpó de las Arginusas aún de noche y alcanzó Sigeo esa misma tarde, pegada a la costa. Para compensar, los marinos podían afinar los sentidos y recurrir a la sonda de plomo para tantear el fondo.

Barco de noche
Recreación fantasiosa. Fuente: Midjourney/Erica Couto

Fuego a bordo: luces que deslumbran y vacíos por llenar

Aunque encender luces para alumbrar ayudaba, esto tenía un precio. Una antorcha a cuatro metros sobre la cubierta mejoraría la visión unos 10 metros en plena oscuridad. Sin embargo, quien quedaba bajo su luz tardaba hasta 25 minutos en recuperar por completo la visión nocturna. Un ánfora perforada con fuego dentro, por su parte, proporcionaría unos 50 metros de visibilidad.

Con todo, conviene leer las cifras que proporcionan los investigadores con cautela. Parte de valores fijos y estándar; solo futuras navegaciones experimentales podrían enriquecerlos con el factor humano. Además, el uso de las ánforas como luces es una interpretación que no todos comparten. Tampoco se conserva ningún manual de navegación antiguo, de modo que buena parte de estas prácticas solo puede inferirse. Solo la arqueología experimental podrá responder estas cuestiones.

Referencias

  • Mauro, C. M. y Durastante, F. 2023. "Nocturnal Seafaring: the Reduction of Visibility at Night and its Impact on Ancient Mediterranean Seafaring. A Study Based on 8th–4th Centuries BC Evidence". Journal of Maritime Archaeology, 18, 733-751. https://doi.org/10.1007/s11457-023-09385-0
  • Mauro, C. M. y Durastante, F. 2026. "On the Use of Lights as Night Navigation Aids During Antiquity". International Journal of Nautical Archaeology, 55(1), 232–239. https://doi.org/10.1080/10572414.2025.2525130
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