El SR-71 Blackbird de la Fuerza Aérea, capaz de alcanzar Mach 3, funcionaba con un combustible tan estable que se podía apagar una cerilla en él. Entonces tuvieron que inventar una forma de encenderlo

La tecnología detrás de armamentos y máquinas de combate es tan sorprendente, que día a día se supera sin que el ciudadano común tenga acceso a conocer el detrás de esa ingeniería. Ahora se conoció una historia increíble sobre un combustible que hizo posible que exista el Lockheed SR-71 Blackbird, el avión tripulado propulsado por reacción más rápido del mundo.
El llamado JP-7 de Shell era tan estable que se podía apagar una cerilla en él, por lo que tuvieron que inventar una forma de encenderlo. ¿Por qué fue tan importante para este avión? Sencillamente porque ir a tanta velocidad (alcanza tres veces la velocidad del sonido: Mach 3) genera altas temperaturas y un peligro de incendio latente.
Surcar el cielo aproximadamente a 3.675 kilómetros por hora (se estimada que el Mach 1 son unos 1.225 km/h) genera una fricción impactante que calienta la superficie de la aeronave a unos 300 grados Celsius en gran parte del fuselaje.
El JP-7 para el SR-71: un combustible pensado para no explotar a más de Mach 3
Ese calor no solamente se queda en el exterior del avión, sino que recalienta hacia el interior, en la estructura y los sistemas. El combustible de aviación común en esos tanques habría sido una catástrofe anunciada.
Lo que hay que entender es que los combustibles convencionales son relativamente volátiles, desprenden fácilmente vapores y gases inflamables, por lo que a alta velocidad y en su punto de ebullición, son un riesgo de detonación.
Los aviones necesitaban un combustible que pudiera soportar temperaturas extremas pero que, al mismo tiempo, no se vaporizara, permaneciendo líquido, estable e inerte hasta la combustión.

Por eso su creación fue una contradicción en muchos puntos: estable al arder y fluido al congelarse, entre otros requisitos. La solución provino del laboratorio y creado mediante ingeniería.
Shell ideó una mezcla compuesta a partir de cientos de hidrocarburos, eliminando deliberadamente casi todos los compuestos aromáticos, las fracciones reactivas y propensas a la inflamación, como el benceno y el tolueno, hasta que solo quedó alrededor del 5 por ciento.
El JP-7 se elaboraba mediante mezcla en lugar de destilación para eliminar las fracciones ligeras propensas a la inflamación y las impurezas que causan problemas a altas temperaturas. El resultado es una mezcla limpia, con un mínimo de azufre, nitrógeno y oxígeno.
El combustible que no se incendiaba: la diferencia principal
Este combustible para turbinas de baja volatilidad para reactores tiene su antecedente en el desarrollo del maestro químico Clarence Brown Eichman en 1955, para la Agencia Central de Inteligencia (CIA).
El portal digital llamado "19FortyFive" (1945), especializado en el análisis de defensa, seguridad y asuntos militares, indicó que el detalle técnico que hizo la diferencia es que el JP-7 tiene un punto de inflamación alto, no bajo. Es la temperatura más baja a la que un líquido desprende suficiente vapor como para encenderse.
Si ese punto es alto, significa que el combustible debe calentarse considerablemente antes de que produzca vapor inflamable. El punto de inflamación del JP-7 ronda los 140 grados Fahrenheit o 60 Celsius, muy por encima de los combustibles para aviones convencionales.

Por esto, si se le arroja una cerilla a temperatura ambiente no produce llamas. Los expertos indican que el combustible con un punto de inflamación elevado y baja volatilidad permanece en esos tanques sin aislamiento a temperaturas superficiales extremas y sin vaporizarse, lo que permite que el avión sobreviva a altas velocidades.
El combustible del Blackbird tiene una clara lógica: el tanque que transporta el JP-7 necesitaba un punto de inflamación suficientemente alto para evitar la combustión involuntaria, porque ese mismo combustible servía como principal disipador de calor del avión.
Entonces: ¿Cómo se encendía? Si un fósforo no lo puede encender, tampoco lo haría una bujía, por lo que se buscó la solución en un compuesto químico llamado trietilborano (TEB), una sustancia que puede incendiarse instantáneamente al contacto con el aire.
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