Un estudio asocia el aceite de oliva con menor mortalidad prematura

El interés por el aceite de oliva virgen volvió a instalarse en la agenda de bienestar a partir de una pregunta concreta: qué evidencia tiene cuando se lo vincula con la longevidad.
La respuesta que reunió una nota reciente de Aurora Casanova, especialista con formación en salud y bienestar y diplomada en nutrición deportiva, en Sport Life, no apunta a un alimento novedoso ni a una fórmula rápida, sino a un ingrediente de uso extendido cuya relación con la salud aparece estudiada desde hace años en trabajos de gran escala.
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Ese recorte resulta relevante porque la conversación sobre alimentación saludable suele mezclar costumbre, marketing y datos científicos de distinto peso.

En este caso, el punto que ordena la información no es solo que el aceite de oliva forme parte de la dieta mediterránea, sino que una parte de la evidencia disponible distingue entre tipos de aceite y asocia a la variedad virgen con resultados más favorables. Esa diferencia aparece con claridad en estudios que analizaron mortalidad prematura y composición del producto.
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La pregunta, entonces, no es si el aceite de oliva tiene buena reputación, sino qué puede afirmarse a partir de las fuentes citadas y qué alcance tiene esa afirmación.
A partir de ese eje, la información disponible permite separar tres planos: el dato sobre longevidad, la diferencia entre aceite virgen y refinado, y las condiciones de uso en la cocina que la fuente considera más adecuadas para conservar sus propiedades.
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De acuerdo con la nota firmada por Aurora Casanova, especialista con formación en salud y bienestar y diplomada en nutrición deportiva, el respaldo más citado surge de un estudio de Harvard publicado en Journal of the American College of Cardiology, elaborado con datos de más de 90.000 personas en Estados Unidos a lo largo de casi 30 años.
Según ese estudio, el consumo de aceite de oliva se asoció con un menor riesgo de muerte prematura dentro de un seguimiento prolongado.
El artículo precisó que, entre las personas que reemplazaron mantequilla, margarina o mayonesa por aceite de oliva, el riesgo de muerte prematura se redujo en un 34%.
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La misma autora indicó que el ingrediente señalado por la evidencia no es cualquier aceite dentro de esa familia, sino el aceite de oliva virgen, obtenido a partir de la aceituna por medios mecánicos y sin disolventes químicos.
En esa descripción, Casanova mencionó la presencia de ácido oleico, vitamina E y polifenoles, que son compuestos naturales presentes en algunos alimentos vegetales y aparecen vinculados, en la literatura citada por la especialista, con parte del interés científico que rodea a este producto.
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El segundo punto que vuelve publicable el tema es que la discusión no gira solo alrededor del aceite de oliva en términos generales.
Un estudio publicado en European Journal of Clinical Nutrition observó que los efectos protectores frente a la muerte prematura se reducen cuando se trata de aceite de oliva virgen y no de aceite refinado.
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Si el hallazgo principal se vincula con longevidad, el dato relevante para la audiencia no pasa por reforzar una fama ya instalada, sino por identificar qué tipo de producto concentra el respaldo citado.

En la información atribuida a Casanova, el aceite virgen conserva nutrientes de su composición original que lo distinguen del refinado. Ese rasgo es el que la especialista conecta con su interés nutricional y con los resultados observados en los estudios mencionados.
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La autora sumó además otro plano de análisis al revisar estudios experimentales sobre acción antiinflamatoria e inmunorreguladora, que refiere a mecanismos vinculados con la respuesta del sistema inmunitario.
En ese repaso, la nota mencionó enfermedad inflamatoria intestinal, artritis reumatoide, lupus eritematoso sistémico y esclerosis como parte de ese campo de investigación, aunque ese bloque funciona más como contexto científico adicional que como eje central del hallazgo sobre mortalidad.
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La nota sumó una dimensión práctica con aportes del cocinero Santi Ávalos sobre cómo usar el aceite de oliva en la cocina diaria. Según las declaraciones recogidas en el artículo, destacó su sabor frente a otros aceites, aunque señaló que su intensidad requiere equilibrio, sobre todo en variedades virgen extra de menor acidez.
En esa línea, la autora indicó que un aceite de buena calidad puede ofrecer un perfil afrutado y un matiz picante, apto para condimentar, aliñar ensaladas o agregar al final de una cocción en cantidades moderadas.
También señaló que sus propiedades se conservan mejor en crudo, ya que así preserva sus cualidades organolépticas, como sabor, aroma y textura.
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