Detuvieron a un integrante de la banda que roba caballos de polo para faenarlos

A Jorge Maiquez le robaron cuatro de sus caballos de polo del Haras La Fija, de Pilar. En las últimas horas, la Policía de la Provincia de Buenos Aires detuvo a un presunto integrante de una banda dedicada a la sustracción y faena de animales con la que se alimenta un mercado ilegal y peligroso: el de la comercialización, para consumo humano, de carne equina.
Según informaron fuentes policiales, el sospechoso, identificado como Lautaro Rodrigo Manzanares, de 26 años, fue arrestado en Moreno. No solo era buscado por el robo de los animales de La Fija Polo Club, sino que también pesaban sobre él pedidos de captura por robo agravado, homicidio agravado y robo agravado por el uso de arma de fuego y homicidio agravado en grado de tentativa.
Hubo otros siete aprehendidos (dos mujeres y cinco hombres, uno de ellos de nacionalidad paraguaya) al cabo de una serie de allanamientos en distintas zonas de Moreno, en las que, además de armas de fuego —un rifle de aire comprimido, dos revólveres calibre 22 y 32, una pistola calibre 22 y una Bersa 9 milímetros con kit Rony—, se encontraron restos de faena, según se informó.
Maiquez reconoció algunos de esos restos como de los caballos que le habían robado —dos machos, un bayo y un zaino, y dos yeguas, una alazana y una tordilla— tras cortarle un alambrado perimetral del centro de polo situado en la calle El Tobiano. Lo hizo a partir de las características del pelaje y de individualizar una cabeza completa, según pudo saber LA NACION de fuentes de la investigación.
La pesquisa desplegada por detectives de la Delegación Departamental de Investigaciones (DDI) de San Isidro, de la SubDDI de Pilar y del área de Abigeato reveló que la carne iba a ser comercializada en la zona de Villa Trujui, en Moreno.
Los sospechosos serán indagados en las próximas horas por el fiscal Andrés Quintana, de la Unidad Funcional de Instrucción (UFI) N° 2 de Pilar, y el juez de Garantías Walter Saettone. Se prevé que, después, Manzanares será puesto a disposición de la Justicia de Moreno, que había librado tres órdenes de captura en su contra: una por robo agravado (cursada por el Juzgado de Garantías N° 1 de ese departamento judicial), otra por homicidio agravado y robo agravado por el uso de arma de fuego (de la UFI N° 1 de Moreno) y otro por homicidio en grado de tentativa (de la UFI N° 8 de ese distrito).

Un problema en crecimiento
Como publicó Isabel de Estrada en LA NACION el viernes pasado, durante los últimos años, el robo de equinos para faenarlos clandestinamente y entrar en el circuito ilegal de la carne de caballo se convirtió en un delito estructural, aun cuando en la Argentina está prohibido venderla para el consumo humano.
Los partidos de Pilar y Cañuelas se transformaron en la meca de la sustracción de ejemplares para faena. La carne se distribuye para hacer chorizos, carne picada y milanesas. Todo esto sin ningún control bromatológico.
En estas zonas, en los últimos meses, se venden caballos robados en el circuito del polo. “Es que los caballos de polo son muy mansos. Están acostumbrados a estar entre gente, no le tienen miedo al humano y los pueden agarrar y llevar de tiro fácilmente durante 30 o 40 kilómetros, que es lo que recorren con ellos, generalmente”, explica Abel, empleado del centro de polo La Fija.
Maiquez había dicho a LA NACION, tras el robo de sus cuatro caballos: “Todos saben que atravesaron la ruta 25; encontraron todo el recorrido. En dos quintas de productores bolivianos los vieron pasar, pero nadie se animó a denunciar: tienen miedo”, dice.
La modalidad de robo generalmente es la misma. “Primero entran con los galgos a cazar y ahí miran cómo es el movimiento. Después, esperan a que se apaguen las luces de las caballerizas. Se sabe perfectamente adónde van, adónde los llevan, adónde los faenan”, describe Maiquez. Y agrega: “Me robaron la yegua de mi nieta, mansa, que ella adoraba, y la mataron. Atraviesan las zonas de quintas, después monte y pastizales, y llegan a El Morenito, en Cuartel V; ese es el recorrido que todos conocen”.

“La carne tiene un circuito de distribución y se sabe. Se mezcla en la carne picada, en el chorizo, en las milanesas. Y la comemos sin saber. Por eso es un riesgo sanitario también”, agrega.
¿Cuál es el negocio? El caballo de polo vivo no se puede vender así nomás. Está marcado; todo el mundo lo conoce. El negocio es la faena clandestina y, a veces, se faenan caballos valuados en 20.000 dólares. Lo que se hace es similar a lo que ocurre en un desarmadero de autos: el animal vivo vale una fortuna, por los años de trabajo y de genética; faenado no vale nada.
“Lo venden por dos mangos como carne vacuna. Destruyen un capital enorme. Hay extranjeros que se han ido del país justamente por esa razón”, agrega otro de los damnificados, que pidió permanecer en el anonimato.
La modalidad se repite. “No te roban uno, te los arrean de a cinco. La primera noche los tamberos los vieron. Llamaron a la policía. Llegó y no pudieron cruzar la autopista. Los escondieron. Dos se escaparon y volvieron solos. Al otro día volvieron por el resto, a pie, a plena luz”, relata otro damnificado de la zona de Cañuelas, que también encontró sus caballos descuartizados.
“Cuando ponen música fuerte a la noche, están faenando. Tapan el ruido con cumbia a todo volumen. Esa es la marca del frigorífico clandestino. Después baja en camionetas sin cadena de frío y termina en carnicerías de La Matanza y en supermercados de Pilar”, añade.
“Existen circuitos, mercado... Y todos conocen todo. Es una cuestión de decisión política. De que los quieran agarrar. Por eso decimos que la provincia está liberada. Hacen solo pequeños gestos. Son los vecinos los que se organizan. Si no hacemos mucho ruido sostenido, todo vuelve a fojas cero”, dice Ignacio Tonoli, que después de vivir años en Francia llegó a la Argentina hace un año y casi inmediatamente le robaron los caballos en la zona de Cañuelas.
“Hoy, por primera vez y con nuestra acción, intervienen la Policía Judicial y la oficina de Delitos Ambientales del Ministerio Público bonaerense y personal de Delitos Complejos y Crimen Organizado”, destaca.
Sin perder tiempo, Tonoli creó una app, “Alerta Equina”, que hoy circula entre la gente propietaria de caballos. “No podemos perder tiempo si queremos encontrarlos con vida —advierte—. Nos tenemos que poner en acción inmediatamente”.
“Esto se ha convertido en un delito estructural. Se apunta a que deje de ser abigeato y se convierta en asociación ilícita, que es lo que es. El abigeato conlleva una pena de uno a ocho años de prisión. Con buena conducta, en poco tiempo están afuera... cuando los agarran. Y los caballos nunca aparecen vivos”, agregan los damnificados, la mayor parte de ellos, siempre desde el anonimato.

Tonoli describe que “es una organización de criminales. Cada uno tiene su rol. La Matanza, José C. Paz, Moreno, Rafael Calzada y Rafael Castillo, esa es la ruta; todos la conocen”.
Mientras tanto, las autoridades comienzan a movilizarse ante la reacción de los damnificados. “Solo así, uniéndonos, tenemos la esperanza de que reaccionen y empecemos a terminar con este flagelo”, concluyen al unísono.
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