Las elecciones en Brasil, una prueba de fuego para la estrategia regional de Trump
WASHINGTON.- En la catarata de anuncios publicitarios que inundaron los medios brasileños de cara a las elecciones del domingo, uno lanzado por la campaña del presidente Luiz Inacio Lula da Silva apuntó contra su principal rival, Flavio Bolsonaro, por ser “el candidato de Donald Trump”, y advirtió que lo que en realidad busca el jefe de la Casa Blanca con ese respaldo es “colonizar Brasil, llevarse nuestras riquezas, robarnos el futuro y dejarnos en la miseria”.
El spot fue solo un eslabón más en la cadena de denuncias -incluso de Lula- contra el gobierno republicano de llevar a cabo una campaña de interferencia y presión en la política interna para favorecer al senador e hijo del expresidente Jair Bolsonaro en su duelo con el actual mandatario, en unos comicios trascendentales que resultarán una nueva prueba de fuego para la estrategia de Trump en América Latina.
Cuando la semana pasada, en la sede de la ONU en Nueva York, mantuvo un breve encuentro con sus aliados regionales del Escudo de las Américas, entre ellos Javier Milei, el presidente norteamericano se ufanó de las “grandes victorias electorales” de algunos de los líderes a quienes les dio su “respaldo” en campaña.
“Creo que llevo un récord de nueve de nueve: todos aquellos a quienes apoyé, ganaron”, destacó Trump, quien recordó especialmente el caso de Milei. Ahora, con su preferencia por Bolsonaro, va por su mayor apuesta para consolidar su bloque ideológico en esta nueva era de influencia estadounidense sobre América Latina: Brasil.
“Son comicios de gran importancia para la estrategia regional de Trump. Su manejo hiperideologizado de la diplomacia resulta en una situación en la que los dos países más grandes de América Latina, Brasil y México, mantienen relaciones tibias con la Casa Blanca y quedan fuera de su alianza de seguridad”, señaló a LA NACION Benjamin Gedan, director de estudios latinoamericanos del Stimson Center, en Washington, y exdirector para América del Sur del Consejo de Seguridad Nacional en la administración de Barack Obama.
Un eventual triunfo de Flavio Bolsonaro -en una batalla electoral que las encuestas anticipan muy ajustada- “cambiaría profundamente esa dinámica, al menos en términos simbólicos”, señaló el experto. “Es tan MAGA como Milei e igualmente comprometido con asumir el rol de principal aliado sudamericano”, añadió.
Sin bien Trump no apoyó explícitamente a Flavio Bolsonaro, lo recibió este año en un encuentro privado en la Casa Blanca y dio otras señales de su predilección por el senador. En los actos de campaña del candidato del Partido Liberal (PL) suelen verse banderas de Estados Unidos e imágenes del presidente norteamericano.
Este jueves, Trump afirmó que está siguiendo “muy de cerca” las elecciones en Brasil, a las que calificó de “muy importantes”. Evitó menciones a Lula o Bolsonaro.
En campaña, el candidato de derecha prometió que, en caso de resultar vencedor, sumaría a Brasil al Escudo de las Américas, la coalición multinacional sobre seguridad regional lanzada en marzo por Trump con líderes afines; buscaría avanzar en una zona de libre comercio en el continente que incluya a Estados Unidos, y, a la vez, podría favorecer a la Casa Blanca en su pulseada con China para ampliar las cadenas de suministro de minerales críticos.
“Una victoria de Bolsonaro le daría a la administración Trump otro gobierno afín, sumándose a la creciente lista de líderes alineados con la Casa Blanca, ya sea por motivos transaccionales o ideológicos, en Colombia, Venezuela, Paraguay, la Argentina, Chile, Perú, República Dominicana, Honduras y Ecuador”, escribió Christopher Sabatini, director del programa de América Latina del think tank Chatam House.
De hecho, un gobierno de Bolsonaro probablemente adoptaría el enfoque de Trump en diversos temas, incluido un “planteo más beligerante frente al narcotráfico y las redes criminales transnacionales que operan en Brasil o desde allí”, amplió.
La victoria en junio del derechista Abelardo de la Espriella en Colombia, a quien Trump había respaldado, fue el último capítulo de su racha ganadora en la región, y un eventual éxito de Bolsonaro consolidaría su narrativa de una región que gira hacia la derecha y dejaría a México -bajo la presidencia de Claudia Sheinbaum- casi aislado como contrapeso.
“La política exterior de Washington está orientada a reafirmar el dominio en el hemisferio occidental y contener a potencias rivales. Brasil es, claro, importante para eso”, explicó a LA NACION Bruna Santos, directora del Instituto Brasil, con sede en Washington, con una alusión elíptica a la creciente influencia china en la región durante los últimos años.
“Al concentrar la mitad del territorio, la población y la economía de América del Sur, Brasil, bajo la presidencia de Lula, actúa como el principal contrapeso diplomático, impulsando la autonomía estratégica y el multilateralismo desde del Sur Global. Una victoria de la oposición conservadora desplazaría al país de ese rol para integrarlo en el Escudo de las Américas, consolidando una red de gobiernos afines en la región”, añadió.
Bolsonaro ha defendido la iniciativa de Trump, y sostuvo que una integración le serviría a Brasil para “asfixiar financieramente” al crimen organizado. “¿Por qué no estamos? Porque hay un presidente que es condescendiente con los bandidos, que considera que todo está bien", fustigó.
Washington y Brasilia mantienen una tensa relación marcada por los elevados aranceles impuestos por la administración Trump a las importaciones de productos brasileños, justificados sobre prácticas comerciales desleales, aunque fueran en represalia al proceso judicial contra el expresidente Jair Bolsonaro (2019-2022). El aliado del magnate enfrenta una condena de 27 años de prisión tras ser hallado culpable de planear un intento de golpe de Estado para impedir la investidura de Lula.
El líder del Partido de los Trabajadores (PT), quien a sus 80 años irá en busca de su cuarto mandato, acusó directamente a la administración Trump de usar su política arancelaria como un chantaje para interferir en los asuntos internos y la soberanía de Brasil. El Departamento de Estado norteamericano negó esas denuncias.
Sin embargo, el jueves el gobierno de Lula les pidió a la Policía Federal (PF) y a la Procuraduría General de la República (PGR) que investiguen un posible financiamiento de la administración Trump a redes y organizaciones opositoras que actúan en Brasil con el objetivo de “interferir en el debate político e institucional brasileño y deslegitimar al Supremo Tribunal Federal”.
En medio de ese clima enrarecido, Estados Unidos suspendió este viernes los servicios consulares en Brasil “por motivos de seguridad” -sin dar detalles-, y pidió a sus ciudadanos que no se dirijan a las sedes diplomáticas. Australia se sumó a la medida.
En su discurso ante la Asamblea General de la ONU, la semana pasada, Lula había advertido que “Brasil no cabe en el patio trasero de nadie”, y alertó sobre las “tentaciones hegemónicas” de “la mayor potencia del mundo”, un dardo directo a Estados Unidos.
Para los especialistas, la estrategia de Trump respecto a las elecciones en Brasil y su preferencia por la candidatura de Flavio Bolsonaro también conlleva sus riesgos.
Por un lado, porque en Brasil la injerencia del magnate no es popular. Según un sondeo de Datafolha, el 52% de los brasileños cree que Trump busca impulsar al senador con su política tarifaria, y el 51% de los consultados por Quaest considera que Bolsonaro apoyó el último arancel del 25% impuesto por Estados Unidos para perjudicar al gobierno de Lula.
“Para Trump, lo que está en juego en esta elección es si su cruzada contra la izquierda regional resiste a sus propios impulsos para perjudicar a otros países a través de los aranceles”, señaló a LA NACION Marcos Falcone, analista para América Latina del Instituto Cato, en Washington.
“Sería muy bueno para él ganarse a Brasil como su principal aliado en América Latina, pero es difícil que eso pase si, al mismo tiempo, se empecina en tener políticas antiliberales y anti libre mercado. La pelea por los aranceles no beneficia, sino que perjudica a Bolsonaro”, añadió.
Esta semana, los ministros brasileños de Relaciones Exteriores y de Comercio, Mauro Vieira y Márcio Elias Rosa, se reunieron para limar asperezas con el representante comercial de Estados Unidos, Jamieson Greer, al margen de un encuentro del G-20 en Milwaukee.
Imprevisibilidad
Si Lula ganara las elecciones, el costo para el líder republicano sería más que simbólico. Brasil podría convertirse en el primer revés del injerencismo electoral de Trump en la región, justo en la mayor potencia latinoamericana y con el hijo de un aliado como candidato.
En ese caso, apuntan los expertos, Lula saldría fortalecido y en mejor posición para negociar con Estados Unidos y, a la vez, con China, el mayor socio comercial del gigante sudamericano. ¿Cómo podría reaccionar Trump? Es una gran incógnita, sobre todo en un líder que ha hecho de su imprevisibilidad una marca registrada.
“Si ganara Lula, cabe esperar que Brasil mantenga el pragmatismo. Recientemente vimos anuncios en Milwaukee sobre la continuación de las negociaciones en los ámbitos comercial y de intercambios, incluyendo lo relativo a los aranceles”, dijo a LA NACION Valentina Sader, experta en los vínculos entre Estados Unidos y Brasil del Centro Adrienne Arsht para América Latina, del Atlantic Council.
Incluso ante un éxito de Flavio Bolsonaro los expertos apuntan que no debería esperarse un cambio copernicano y repentino en el vínculo entre Brasil y China (países que integran el Brics junto a Rusia, la India y Sudáfrica). El apartado dedicado a la política exterior del programa de gobierno del senador no menciona explícitamente al grupo.
“En muchos temas, incluso si ganara el candidato aliado a Trump, existirían fuertes resistencias del sector privado y del agronegocio brasileño para cortar vínculos comerciales con China o la Unión Europea, lo que impediría un alineamiento total o automático con Washington”, señaló Santos.
Gedan, por su parte, expresó que es importante “no sobredimensionar” el impacto que podría tener un cambio político en Brasil. “Trump ampliaría su apoyo regional entre los mandatarios, pero China seguiría siendo el socio económico más influyente de Brasil, con todo el peso geoestratégico que eso implica”, agregó.
Sader recordó que cuando Jair Bolsonaro y Trump coincidieron en las presidencias, mantenían una buena relación política y se lograron ciertos progresos en materia comercial y de inversión, pero “nada tan profundo como la colaboración que se observa actualmente” entre Estados Unidos y la Argentina.
“Ante un eventual triunfo de Flavio Bolsonaro, no creo que vayamos a ver cambios de tal magnitud”, explicó.
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