La psicología dice que las personas que se mantienen mentalmente ágiles hasta los 80 años no solo tienen suerte con sus genes, sino que suelen ser aquellas que desafiaron su cerebro a diario, mantuvieron fuertes lazos sociales y nunca dejaron de aprender algo nuevo

El paso de los años no afecta de la misma forma a todas las personas. Mientras algunas experimentan cambios importantes en la memoria y otras capacidades cognitivas, otras llegan a los 80 años con un rendimiento que puede compararse con el de adultos mucho más jóvenes.
Investigadores de Northwestern University utilizan el término “SuperAgers” para describir a personas de 80 años o más cuya memoria episódica alcanza niveles similares a los de personas entre 20 y 30 años más jóvenes. El estudio de este grupo permitió observar algunas características que los diferencian de otros adultos de la misma edad.
Qué hacen distinto para proteger su mente
Los resultados no apuntan a una única explicación y sugieren que distintos factores pueden estar relacionados con un envejecimiento cognitivo excepcional:
- Relaciones sociales de calidad, más que una gran cantidad de contactos.
- Aprendizaje de habilidades nuevas y exigentes, en lugar de actividades que resultan fáciles porque ya se dominan.

El impacto real de los vínculos de calidad
Una investigación publicada en PLOS ONE comparó a personas mayores de 80 años consideradas SuperAgers con otros adultos de la misma edad con un rendimiento cognitivo promedio. Los participantes completaron un cuestionario que evaluaba distintos aspectos del bienestar psicológico.
El resultado que llamó la atención de los investigadores estuvo relacionado con las relaciones con otras personas. Los SuperAgers obtuvieron puntuaciones más altas en la dimensión que evaluaba vínculos positivos, caracterizados por relaciones satisfactorias y de calidad. En cambio, no se encontraron diferencias entre ambos grupos en las otras dimensiones del bienestar analizadas.
El hallazgo no significa que tener amigos o mantener una vida social activa garantice conservar una buena memoria. Los propios investigadores plantearon el resultado como una posible asociación y señalaron que se necesitan estudios más amplios para determinar cómo se relacionan ambos factores.
Además, el trabajo apunta a una diferencia que puede ser relevante: no se trata solo de acumular contactos, sino de mantener relaciones que resulten positivas y satisfactorias.
El esfuerzo de aprender desde cero
La segunda línea de evidencia proviene del Synapse Project, un experimento diseñado para estudiar qué ocurre cuando los adultos mayores se enfrentan durante un período prolongado a actividades nuevas y cognitivamente exigentes.
Los participantes tenían entre 60 y 90 años y fueron distribuidos en grupos. Algunos aprendieron fotografía digital, otros quilting y otro grupo combinó ambas actividades. Las personas dedicaron unas 15 horas semanales durante tres meses a estas tareas, que exigían adquirir conocimientos y habilidades que no dominaban al comienzo.
Los investigadores observaron una mejora en la memoria episódica en los grupos que participaron en actividades con un alto nivel de aprendizaje y desafío cognitivo. Los resultados fueron distintos de los obtenidos en los grupos de comparación, que realizaron actividades con menos exigencia de aprendizaje nuevo.

La conclusión no es que una persona deba aprender fotografía o quilting para proteger su memoria. Lo que interesa es el tipo de actividad: enfrentarse a algo desconocido, cometer errores, incorporar información y desarrollar una habilidad que requiere práctica.
Por eso, mantener una mente activa con el paso de los años puede implicar mucho más que hacer ejercicios diseñados para estimular la memoria. Aprender un idioma, tocar un instrumento, utilizar una herramienta nueva o adquirir una habilidad que suponga un desafío puede ofrecer ese tipo de exigencia.
Los estudios tampoco permiten afirmar que estos hábitos expliquen por sí solos por qué algunas personas conservan capacidades cognitivas excepcionales hasta los 80 años. La genética, la salud, la historia de vida y otros factores también forman parte del envejecimiento cerebral.
Lo que sí muestran estas investigaciones es que mantener relaciones sociales de calidad y enfrentarse a aprendizajes nuevos aparecen asociados con un envejecimiento cognitivo más favorable.
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