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Sunday, October 25, 2026

Una civilización del actual Sudán construyó cientos de pirámides cuando las de Egipto ya tenían casi 2.000 años

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En el actual Sudán, una poderosa civilización levantó cientos de pirámides para sus reyes y reinas, mucho después de que Egipto abandonara la construcción de sus grandes monumentos funerarios.

Christian Pérez

Publicado por Christian Pérez

Redactor especializado en divulgación científica e histórica

Creado:

Cuando pensamos en las pirámides, resulta casi inevitable imaginar las enormes construcciones de Guiza. Durante miles de años, estos monumentos han sido uno de los símbolos más reconocibles del antiguo Egipto. Sin embargo, hay algo que suele pasar inadvertido: el país que conserva más pirámides antiguas no es Egipto, sino Sudán.

En este territorio africano se han identificado más de 200 pirámides, muchas de ellas agrupadas en impresionantes necrópolis que todavía sorprenden por su extraordinaria concentración de monumentos.

Pero quizá lo más interesante no sea cuántas se construyeron, sino quiénes fueron sus protagonistas.

Porque aquellas pirámides pertenecían al Reino de Kush, una civilización que mantuvo una estrecha relación con Egipto y cuyos gobernantes llegaron incluso a convertirse en faraones.

Su historia demuestra que el mundo del Nilo fue mucho más amplio y complejo de lo que habitualmente imaginamos.

Los reyes africanos que llegaron a gobernar Egipto

Durante siglos, Nubia, una región histórica que comprende territorios del actual Sudán y del sur de Egipto, mantuvo intensas relaciones políticas, comerciales y culturales con sus vecinos del norte.

En ocasiones, Egipto ejerció su dominio sobre territorios nubios. Pero también sucedió lo contrario.

Durante el siglo VIII a. C., los gobernantes del Reino de Kush comenzaron a extender su influencia hacia Egipto, aprovechando un periodo de fragmentación política. Uno de ellos, Piye, encabezó una campaña militar que consolidó el poder kushita sobre buena parte del territorio egipcio.

Sus sucesores acabaron gobernando como faraones de la XXV dinastía, conocida habitualmente como la dinastía kushita.

Entre aquellos monarcas destacó Taharqa, que reinó durante la primera mitad del siglo VII a. C. Estos gobernantes adoptaron elementos de la tradición religiosa egipcia, impulsaron importantes construcciones y presentaron su autoridad como una continuación legítima del poder faraónico.

Pero no fueron simples imitadores de Egipto. Pertenecían a una civilización con una identidad política y cultural propia, que reinterpretó las influencias recibidas según sus tradiciones.

Y una de sus manifestaciones más espectaculares fue precisamente la arquitectura funeraria.

Cuando las grandes pirámides ya eran monumentos milenarios

Hay un detalle cronológico que permite comprender mejor esta historia. Cuando Taharqa gobernaba, la Gran Pirámide de Keops llevaba construida aproximadamente 1.900 años.

Es decir, las grandes pirámides egipcias ya pertenecían a un pasado extraordinariamente lejano para los propios gobernantes kushitas. Sin embargo, estos reyes recuperaron y desarrollaron la costumbre de levantar pirámides sobre sus tumbas.

En lugares como El Kurru y Nuri comenzaron a aparecer monumentos funerarios destinados a los miembros de las familias reales.

Con el tiempo, la tradición se extendió a otras necrópolis, especialmente Meroe, que acabaría convirtiéndose en uno de los principales centros políticos y religiosos del reino.

La construcción de pirámides continuó durante siglos, incluso después de que los kushitas perdieran el control de Egipto. Aquellas estructuras se transformaron así en uno de los símbolos más característicos de su civilización.

Pirámides mucho más estrechas y empinadas

Aunque comparten su característica silueta triangular, las pirámides nubias presentan diferencias importantes respecto a las grandes construcciones egipcias.

Generalmente tienen bases más reducidas, proporciones esbeltas y caras mucho más inclinadas.

Muchas alcanzaban alturas de entre seis y treinta metros, aunque existieron ejemplos considerablemente mayores.

La pirámide de Taharqa, situada en Nuri, pudo elevarse entre 40 y 50 metros, convirtiéndose en una de las construcciones funerarias más monumentales de la región. También había diferencias en su organización interior.

En numerosos ejemplos kushitas, las cámaras funerarias estaban excavadas bajo el monumento, mientras que junto a la cara oriental se levantaba una pequeña capilla destinada a las ofrendas y ceremonias religiosas.

Estas capillas podían estar decoradas con escenas de divinidades, gobernantes y rituales funerarios. La arquitectura combinaba elementos procedentes de la tradición faraónica con características desarrolladas por los propios constructores nubios. El resultado fue un estilo reconocible que perduró durante generaciones.

Meroe: la ciudad de las pirámides

Uno de los paisajes arqueológicos más impresionantes de Sudán se encuentra en Meroe, al noreste de Jartum, cerca del río Nilo.

Allí, numerosas pirámides se agrupan sobre elevaciones arenosas, formando un conjunto funerario de enorme importancia histórica. Meroe adquirió especial protagonismo durante los últimos siglos antes de nuestra era y se convirtió en uno de los principales centros del Reino de Kush.

A partir del siglo III a. C., sus necrópolis acogieron gran parte de los enterramientos reales.

Entre ellos figuraban no solo reyes, sino también poderosas reinas que desempeñaron un papel destacado en la historia kushita.

Pero Meroe no era únicamente una ciudad vinculada a la muerte.

Los restos arqueológicos también revelan una sociedad con una importante actividad artesanal, comercial y religiosa, que mantuvo contactos con diferentes regiones africanas y mediterráneas.

En 2011, la UNESCO incorporó los sitios arqueológicos de la isla de Meroe a la Lista del Patrimonio Mundial, reconociendo su extraordinaria importancia histórica.

Una civilización que merece mucho más reconocimiento

Las pirámides de Sudán constituyen uno de los testimonios más espectaculares del poder que alcanzó el Reino de Kush.

Sin embargo, durante mucho tiempo, la historia de esta civilización quedó eclipsada por el protagonismo que tradicionalmente ha recibido el antiguo Egipto.

Y eso resulta especialmente llamativo si recordamos que los kushitas no solo compartieron numerosas tradiciones con sus vecinos del norte, sino que llegaron a gobernarlos.

Hoy sabemos que el Reino de Kush desarrolló durante aproximadamente un milenio una tradición de enterramientos bajo pirámides que dejó cientos de monumentos repartidos por las necrópolis nubias.

Por eso, cuando hablamos de las pirámides del mundo antiguo, conviene mirar también hacia el sur del Nilo.

Egipto construyó algunas de las pirámides más grandes y famosas de la historia, pero Sudán conserva un legado funerario todavía más numeroso, levantado por una civilización africana que llegó a ocupar el trono de los faraones.

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