La resurrección de Enric Mas: de tocar fondo a abrazar la gloria en La Vuelta 2026
Fin de la mala suerte, del calvario por el que ha venido transitando Enric Mas en las últimas temporadas. La Vuelta 2026 ha tenido el privilegio de ver resurgir de sus cenizas a un gran corredor, a un ciclista que hace años parecía que era el elegido para liderar una nueva generación del ciclismo español y a quien Alberto Contador nombraba públicamente su sucesor en el marco de La Vuelta celebrada en el 2017. Sin saberlo, ‘El Pistolero’ cargaba la espalda al ciclista de Artà (Mallorca) con una pesada mochila que le ha costado horrores quitarse de encima.

Pocos, o casi ninguno, apostaban porque Enric Mas brillara, no ya que ganara, en La Vuelta. Primero por la presencia de Tadej Pogacar, lo que obliga al resto de ciclistas a luchar por hacer 2º y después porque este año, en el que decidió realizar un giro de 180º a su programa de carreras, no le estaban saliendo las cosas. Él mismo en el marco de la Volta Ciclista a Catalunya decía a MD con la boca pequeña, casi como pidiendo perdón, que se conformaba con hacer un podio, sin especificar posición, en una de las grandes vueltas; es decir en el Giro de Italia o en La Vuelta. No quería levantar expectativas, acostumbrado a recibir a lo largo de su carrera demasiadas críticas, por su pobre rendimiento y por su forma de correr, y aceptar con resignación como la fortuna le era esquiva.
Los palos están a la orden del día en el ciclismo y, como suele decirse, el tío del Mazo te sacude a la que te despistas, y en el caso de Mas -cuya madre es enfermera y su padre médico- a veces se ha excedido por su reiteración. Enric empezó a dar sus primeros pasos en el Club Ciclista Sepelaco en el 2012, después de que eligiera el ciclismo, también le gustaba el baloncesto y el skate, año en el que se proclamó campeón de España júnior contrarreloj en otra de las paradojas del destino, de la carrera del mallorquín, de un corredor al que siempre la ha costado ganar como él siempre ha reconocido, tiene sólo siete victorias en 14 años de carrera, en una disciplina que siempre se le ha atragantado y que ha lastrado buena parte de sus opciones de gloria en la general.

Tras pasar por el Specialized- Fundación Alberto Contador de 2013 a 2015, dio un salto exponencial en su carrera al correr para el Klein Constancia de categoría continental en el 2016, año en el que ya empezaba a mostrar la calidad que se le suponía al ganar la Volta ao Alentejo, el Tour de la Savoie Mont Blanc o al acabar segundo en el Giro Ciclistico della Valle d’Aosta Mont Blanc. Después estuvo tres años en las filas del Quick-Step, llegando en 2019 a coquetear con el podio del Tour de Francia a lo largo de muchas etapas, en una primera toma de contacto con la madre de todas las carreras ciclistas que levantó muchas expectativas, sobre todo a partir del año siguiente, cuando ya corría luciendo la M de Movistar en el pecho.
La presión era mucha, en un equipo necesitado de éxitos dado su palmarés y la presión social y deportiva a la que siempre ha sometido. Curiosamente en 2020 lograría su mejor resultado en el Tour, en una puerta a la que llamó con insistencia pero que nunca se le abrió. Los éxitos no llegaban y el nerviosismo aumentaba, tanto que apareció el miedo. Abandonó el Tour de 2022 oficialmente por Covid, pero había algo más, algo más desde que se tres semanas antes de la ‘Grande Boucle’ sufría una caída en el Critérium del Dauphiné, después de irse al suelo con anterioridad también en la Tirreno y la Itzulia. Enric no podía más y reconoció que tenía miedo a las bajadas, unas palabras que generaron todo tipo de comentarios. Era como si a un futbolista le diera miedo marcar goles. Ante el pánico que le generaban las bajadas Mas se puso a las órdenes de un experto como Óscar 'Presidente' Sáiz, ex biker de descenso, coach deportivo y que ya había aleccionado con sus conocimientos a la selección suiza. El infortunio siguió en 2023 con una caída en Lombardía y otra en el Tour, en la primera etapa, en la que se fracturó la escápula.

No conseguía levantar cabeza y solo encontraba consuelo en La Vuelta. Volvió a caer al pozo en octubre de 2025, cuando fue operado de la tromboflebitis que sufría en la pierna izquierda y que le impedía rendir como él quería. Con una ‘pierna’ nueva y con su segundo hijo con pocos meses, nació en septiembre de 2025, Mas empezaba una nueva temporada, en la que tras siete renunciaba al Tour. Necesitaba un cambio. Apostó por el Giro, pero no brilló, lo que volvía a generar dudas.

Nada hacía presagiar que Enric Mas resurgiera en La Vuelta, pero no había escenario mejor que su carrera, en la que había hecho tres segundos puestos (2018, 2021, 2022) y un 3º (2024). El líder de Movistar mostró una versión desconocida, ofensiva, llegando a tutear por momentos incluso al intocable Pogacar y a raíz de su ausencia en la octava etapa Enric honró el maillot rojo de líder. Empezó liderando la carrera con 1 minuto y la ha acabado ganando con 2’15”, después de demostrar sus dotes de escalador en el Alto de Aitana en un triunfo que le supo a gloria. Ha acabado siendo el gran dominador de La Vuelta y ha acabado logrando una de aquellas victorias que dejan huella, que llega cuando el corredor ya está hecho, a sus 31 años, y que ojalá suponga un punto de inflexión en su carrera y en la de Movistar Team, con quienes tiene contrato hasta el 2029. Enric Mas ha recuperado la sonrisa.
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