Banfield jugó muy bien, pero Central se recuperó a tiempo: un buen espectáculo y... con las dos hinchadas
Banfield jugó muy bien, de lo mejor en el año, pero no lo supo sostener. Central, que venía de la celebración de otro título, rescató un empate, con el apoyo del público visitante (unos 3500 hinchas canallas) en el estadio Florencio Sola. El 1-1 fue atractivo, colorido y tuvo una joya estelar: la apertura del marcador, de Tomás Adoryan, de unos 30 metros. Un golazo de colección del jugador de la selección de Armenia.
Antes de los 15 minutos, Central ya sufrió una baja. Gaspar Duarte, que venía de superar algunas molestias físicas, fue reemplazado por Julián Fernández. El desarrollo fue de ida y vuelta, pareció que el mediocampo era una zona de tránsito. Banfield, en ese contexto, parecía más entero.
Hasta que encontró el gol en el final del primer capítulo, con una joya de unos 30 metros de Adoryan. Un bombazo de antología. En ese momento, un pequeño hincha fue a abrazar a Di María, que alcanzó a devolverle el gesto cariñoso, más allá de que no podía creer en dónde clavó la pelota el volante nacido en Misiones y que representa a la selección de Armenia.
Central sintió el impacto y Banfield estaba cada vez mejor: Rocky Balboa, con el arco a disposición y cómplice de una defensa de medias bajas, chocó un remate violento con el travesaño.
Pudo ser el 2-0. A partir de allí, Central tomó la pelota y se adueñó del protagonismo hasta el final.
La actualidad de unos y otros viajan por carriles alejados. Excesivamente distantes. Más allá de polémicas, Rosario Central acaba de conseguir la Supercopa Argentina, en una final efervescente frente a Estudiantes en Santiago del Estero.
Está en carrera en el torneo Clausura y no pierde la esperanza en la Tabla Anual. Con Ángel Di María y al mando de un buen equipo conducido por Jorge Almirón, el equipo rosarino es uno de los animadores de los torneos locales en los últimos tiempos. Todo lo bueno que tantas veces produce, queda de lado por las situaciones poco claras que tienen relación directa con la organización de nuestro fútbol y los arbitrajes.
Banfield es la contracara, más allá de que tiene una ilusión enorme: va a jugar con Boca por las semifinales de la Copa Argentina, un mérito que parece fuera de contexto si se revisa el plantel (limitado en lo técnico y con varios jóvenes) y la campaña en la Liga Profesional. Está lejos de los primeros 8 del Grupo B, solo tiene debajo en los promedios a Aldosivi y Estudiantes de Río Cuarto y está en el puesto 25° (de 30 equipos) en la Tabla Anual.
El fútbol, de todos modos, no es una ciencia exacta. Suele pasar cualquier cosa, aún con diferencias siderales en las campañas y en el ánimo. El último partido de Central (más allá del escándalo) acabó con una vuelta olímpica. Una semana atrás, se bañó con el calor de la gente a metros del Monumento a la Bandera. A veces, tanta celebración suele marear.
Tal vez, algo de eso le ocurrió esta noche en el Sur. Hasta que tomó nota del adormecimiento que lo expuso en buena parte del espectáculo. A 11 minutos del cierre, Giovanni Cantizano, el joven crack de 19 años, estableció el empate con un remate imposible para Ruso Rodríguez, junto a un palo.
Banfield terminó con la lengua afuera y Central, si se animaba más (Di María tuvo un partido deslucido), en una de esas cambiaba la historia. El empate, de todos modos, fue celebrado por unos y otros. Y en la misma cancha, toda una curiosidad.
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