Abuso escolar: qué deben hacer los padres cuando descubren que su hijo agrede a otros y cómo detener esta conducta

La violencia entre escolares vuelve a generar preocupación en los colegios y las familias. El caso del Liceo Naval Almirante Guise, donde un adolescente de 16 años denunció una presunta agresión sexual por parte de compañeros, puso nuevamente bajo la lupa las dinámicas de violencia que pueden presentarse entre estudiantes. Por este caso, seis adolescentes recibieron cuatro meses de internamiento preventivo mientras continúan las investigaciones.
La dimensión del problema también aparece en los registros oficiales. Entre enero y agosto de 2026, el sistema SíseVe del Ministerio de Educación contabilizó 11.805 reportes de violencia escolar en el país. De ellos, 8.156 correspondieron a agresiones entre estudiantes, mientras que 1.198 reportes correspondieron a presunta violencia sexual entre escolares.
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Ante este escenario, la psicóloga Janice Ferrand explicó en Exitosa Noticias qué pueden hacer los padres cuando descubren que su hijo participa en bullying, ya sea como agresor directo o como parte del grupo que alienta, graba o facilita una agresión.
Ferrand señaló que la primera reacción de los padres no debería ser recurrir directamente al castigo. Quitar el celular, la tablet u otros beneficios como respuesta inicial puede no modificar la conducta que se busca detener.
“Lo peor que puede hacer es castigarlo de frente”, sostuvo la psicóloga en Exitosa Noticias. En su lugar, planteó la necesidad de conversar con el menor y conocer qué ocurrió antes de establecer cómo intervenir.
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Para ello, los padres pueden preguntarle qué hizo, qué estaba pasando en el colegio y por qué actuó de determinada manera. “¿Qué es lo que ha pasado? ¿Qué es lo que has hecho? ¿Qué es lo que estás haciendo en el colegio?”, fueron algunas de las preguntas planteadas por Ferrand durante la entrevista.

La especialista también consideró importante observar cómo responde el menor frente al daño causado. El reconocimiento de la conducta, la empatía, la culpa o el remordimiento pueden ofrecer información sobre la manera en que el niño comprende lo ocurrido y sobre el trabajo que necesita realizar.
Para Ferrand, entender qué moviliza al menor resulta fundamental para intervenir. La conducta agresiva puede estar relacionada con la necesidad de pertenecer a un grupo y con el reconocimiento que recibe cuando sus compañeros celebran o respaldan sus acciones.
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“Los niños y los seres humanos en general buscan una posición dentro del grupo”, explicó la psicóloga. Según indicó, cuando un estudiante consigue atención, reconocimiento o popularidad a través de una agresión, esa respuesta del entorno puede terminar reforzando el comportamiento.

La especialista también mencionó el llamado desenganche moral, que ocurre cuando la presión del grupo o determinados beneficios llevan a una persona a justificar una conducta que sabe que está mal. Por ello, recomendó que los padres identifiquen qué obtiene el menor mediante sus acciones y qué elementos están manteniendo esa conducta.
Comprender estos factores no implica justificar la agresión. El objetivo, según el planteamiento de Ferrand, consiste en identificar qué está alimentando el comportamiento para poder detenerlo y buscar una forma distinta de integración dentro del grupo.
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La intervención familiar, de acuerdo con la psicóloga, requiere el acompañamiento de la institución educativa. “El padre, si trabaja solo, no va a poder”, advirtió Ferrand al explicar que los valores que se refuerzan en casa también necesitan respaldo en el espacio donde el estudiante se relaciona diariamente.
La especialista puso especial atención en los compañeros que observan las agresiones, las celebran o las graban. Para Ferrand, ellos también forman parte de la dinámica que permite que el bullying continúe, por lo que desactivar esa respuesta colectiva resulta necesario.

Los registros de SíseVe muestran que las agresiones entre estudiantes constituyen una parte importante de los reportes de violencia escolar. La plataforma permite reportar casos y realizar seguimiento de las situaciones para favorecer la atención de los estudiantes involucrados.
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En ese sentido, la prevención requiere un trabajo conjunto entre padres y colegio: detener la agresión, identificar qué la refuerza y ofrecer al menor alternativas para relacionarse con sus compañeros sin recurrir a la violencia. Para Ferrand, una conducta agresiva durante la infancia tampoco determina por sí sola cómo será una persona en el futuro, por lo que la intervención oportuna resulta clave.
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