Por primera vez, el ADN de judíos medievales de la península ibérica revela sus vínculos genéticos con Oriente Próximo
Un estudio genético analiza dieciséis esqueletos de una fosa común en Tàrrega y confirma que pertenecen a víctimas del pogromo judío de 1348.
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En 1348, mientras la peste negra devastaba Europa, una multitud armada entró en la judería de Tàrrega. Quemó casas, destruyó documentos y mató a cerca de trescientas personas en apenas unos días. Durante siglos, aquel episodio solo quedó registrado en las crónicas y las actas notariales. Todo cambió en 2007, cuando aparecieron seis fosas comunes bajo la necrópolis de Les Roquetes, con 69 esqueletos que mostraban señales evidentes de violencia. Ahora, un equipo de la Universitat Autònoma de Barcelona ha analizado el ADN de las víctimas para intentar determinar su identidad.
El estudio, publicado en la revista Genes y encargado por el Departamento de Cultura de la Generalitat, analizó el genoma de dieciséis individuos exhumados en Les Roquetes. Según los autores de la investigación, es la primera vez que se obtienen datos genómicos de una comunidad judía medieval de la península ibérica. El resultado no solo confirma que las fosas pertenecen a las víctimas del pogromo de 1348, sino que también dibuja un retrato genético inédito de los judíos sefardíes catalanes del siglo XIV.
Sesenta y nueve cuerpos, enterrados sin ritual funerario y con fracturas craneales, esperaron 670 años bajo tierra para que la genética confirmara una sospecha histórica.
Un crimen sepulto durante 670 años
Entre 1347 y 1351, la peste negra barrió a un tercio de la población europea. El miedo y la desesperación buscaron culpables, lo que derivó en la culpabilización de las comunidades judías, acusadas de envenenar pozos y propagar la enfermedad. La violencia, que se extendió por toda Europa, golpeó con especial dureza a las ciudades de Barcelona, Girona, Lleida, Cervera y Tàrrega en la Corona de Aragón.

Durante la excavación del yacimiento de Les Roquetes, los arqueólogos hallaron algo que no encajaba con la disposición de un cementerio convencional: cuerpos apilados sin ningún ritual funerario ordenado. Una tercera parte de los esqueletos, además, presentaba fracturas producidas en el momento de la muerte, sobre todo en el cráneo. Las evidencias apuntaban a una masacre, pero la arqueología, por sí sola, no podía establecer qué relación mantenían aquellas personas entre sí.
El genoma de las víctimas de Tàrrega combina un 69% de ascendencia cananea con un 31% de raíces ibéricas medievales, según el modelo genético más plausible.
El testimonio del ADN
Para resolver esa duda, los investigadores recurrieron a la paleogenómica, la disciplina que extrae y secuencia el ADN de los restos antiguos. Dado que el material genético se degrada con el tiempo y suele mezclarse con el ADN de bacterias y hongos del suelo, el equipo trabajó en un laboratorio especializado y aplicó técnicas de captura dirigida que se concentran únicamente en los fragmentos humanos útiles.
Con esos fragmentos reconstruyeron el perfil genético de 11 individuos, cuatro hombres y siete mujeres. Compararon después esos perfiles con miles de genomas antiguos y modernos de todo el mundo, desde poblaciones cananeas de hace 3.000 años hasta comunidades judías actuales de Turquía, Marruecos o Europa del Este. Esta comparación permite calcular, con herramientas estadísticas como el qpAdm, qué mezcla de poblaciones ancestrales explica mejor el genoma de una persona.
A diferencia de otras comunidades judías europeas, la de Tàrrega mostraba diez linajes maternos distintos entre doce individuos, una diversidad genética excepcional para la época.

De Canaán a Tàrrega: un mapa genético inesperado
Los resultados que obtuvieron los investigadores fueron contundentes. El modelo que mejor explica la ascendencia de los individuos de Les Roquetes combina dos fuentes: aproximadamente un 69% de ascendencia relacionada con poblaciones de Canaán, el territorio del actual Israel durante la Edad del Bronce, y un 31% de ascendencia ibérica medieval no judía. Se trataría, según el estudio, de descendientes de comunidades del Levante mediterráneo que, tras siglos de diáspora, se habían mezclado de forma moderada con la población local.
Los análisis de componentes principales sitúan a estos individuos muy cerca de otras dos comunidades judías medievales: Erfurt, en Alemania, y Norwich, en Inglaterra. También se solapan con los judíos sefardíes actuales de Turquía, descendientes de quienes fueron expulsados de la península en 1492. En cambio, se alejan claramente de la población islámica y nazarí de Al-Ándalus, lo que parece confirmar que compartían barrio, pero no genética, con sus vecinos musulmanes.
Ningún vínculo familiar cercano unía a las víctimas de la fosa, lo que descarta que la matanza afectara a un solo clan o linaje concreto.
Una comunidad más diversa de lo que se pensaba
Empleando el ADN mitocondrial, que se transmite de madres a hijos, los investigadores identificaron diez linajes maternos distintos entre doce individuos no emparentados. Se trata, pues, de una diversidad notablemente alta. Esto contrasta con lo observado en Erfurt y Norwich, donde predominaban solo unos pocos linajes, señal de la existencia de comunidades pequeñas y endogámicas.
En Tàrrega ocurre lo contrario. La variedad genética recuerda más al patrón de las comunidades sefardíes, que mantuvieron una base poblacional más amplia antes de la expulsión de 1492. Curiosamente, los análisis de parentesco no detectaron ningún vínculo familiar cercano entre las víctimas, lo que descarta que las fosas correspondieran a un solo linaje o clan.

Una nueva mirada sobre los judíos ibéricos
Hasta ahora, la historia genética de las comunidades judías europeas se había reconstruido casi exclusivamente a partir de muestras procedentes de los territorios centroeuropeos e ingleses. Cataluña, pese a haber albergado una de las comunidades judías más influyentes de la Corona de Aragón, permanecía como una página en blanco desde el punto de vista genómico. Este estudio llena ese vacío y muestra cómo la genética puede aportar ulteriores datos a la arqueología y las fuentes escritas para reconstruir episodios de violencia que, de otro modo, quedarían solo parcialmente documentados.
Referencias
- Pallarés-Viña, L.; Cuesta-Aguirre, D. R.; Campoy-Caballero, M. R.; Armentano, N.; Colet, A.; Malgosa, A.; Santos, C. 2026. "Uncovering a Medieval Pogrom: Genetic History of a Jewish Community in Catalonia (Spain)". Genes, 17, 358. DOI: https://doi.org/10.3390/genes17030358
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