'Furia' vuelve a HBO Max dando otra clase magistral de cómo reunir a un reparto de primer nivel: "Una sátira endiablada y divertida sobre cómo todo acaba convertido en contenido"

- Maribel Verdú: "Nosotras no somos unas taradas de esas que se olvidan de que están actuando. Hay que tener cuidado, no se puede hacer daño"
- Alberto San Juan, actor: "Es normal que nosotros, la población humana, en muchos casos reaccionemos de forma individual o colectiva con violencia"
- Félix Sabroso, creador de 'Furia': "Estamos instalados en el desconcierto, en un sistema decadente que apuntalamos y que no se acaba de caer nunca"
Mujeres en estado de FURIA, en mayúsculas. No están locas, no son unas histéricas; están al límite y con razón. Desde ahí parte la serie 'Furia', que vuelve ahora a HBO Max con una segunda temporada tras el éxito de la primera, retomando algunos de los personajes de la anterior para que se mantengan como hilo conductor, pero también con otros nuevos como revulsivo, y una vez más con un potente elenco al frente de la cámara y una ágil dirección detrás.
Tina, el personaje de Claudia Salas enredado con el de Carmen Machi en la temporada anterior, prosigue ahora su historia, que da un salto meta: descubre que su momento de furia ha dado pie a una serie de ficción de una plataforma y hará todo lo posible para que, ya que se han basado en ella, al menos llevarse unos buenos euros. Entorno a esa plataforma de streaming, llamada Núcleo, giran también el resto de historias, en un intento de la serie por dar más cohesión al total y también de anudarlas con un tema superior.

No hay que ser un lince para darse cuenta de que Núcleo, que empieza con N y tiene un color muy característico, en su caso el amarillo, y una cultura de empresa muy estricta, podría hacer referencia al gigante del streaming, Netflix. Y ahí tenemos a Raquel y Elisa (Maribel Verdú y Clara Sans), alta ejecutiva y trabajadora con ganas de medrar en la compañía a punto de tirarse de los pelos. Y también en la plataforma se emite el programa de India (Cecilia Suárez), una gurú charlatana que promete la sanación a costa de hacer espectáculo sin escrúpulos, incluso de una enferma de cáncer como Patricia (Carmen Maura), cuya hija es Rosa (Ana Torrent, personaje que también se mantiene).
Completan este relato caleidoscópico las historias de Carla (Ana Mena), la insegura actriz que interpreta a Tina en la ficción —serie que, por supuesto, se estrenará en Núcleo— y que sufre una relación tóxica, y Charo (María León), una mujer que mata a su hijo maltratador y a la que ofrecerán convertir su historia en un true crime —en Núcleo, dónde si no—. Así, la serie apuesta por un cambio de formato que, si bien no deja de funcionar, no se luce tanto como la temporada anterior.

En aquella, cada personaje protagonizaba un episodio individual, con el resto haciendo breves actos de presencia en una suerte de coincidencias —un "pasaba por aquí..."— que unían todo, mientras que en la segunda temporada el montaje de las tramas se va alternando en un sentido más tradicional, con todas las protagonistas apareciendo en todos los episodios. Esto tiene un perjuicio: que las historias y sus respectivos actos de furia son menos explosivos al tener que mantenerse en el tiempo e, incluso, se tiene que tirar de idas y venidas en el timeline —dos episodios de flashback se antoja demasiado— para que ciertos momentos encajen en determinados episodios y la atención se mantenga.
Otra diferencia sustancial de la temporada 2 de 'Furia' es que tiene menos comedia. Sigue siendo una sátira endiablada y divertida, pero un punto menos loca y algo menos inspirada a la hora de sacarnos las carcajadas o de dejarnos perplejos. Tal vez el peso de dos tramas relacionadas con el maltrato, aunque interesantes, haga mella en su capacidad de hacernos reír. A cambio, eso sí, nos llevamos una (otra) actuación dramática de María León impecable, con algunas notas de comedia que nos dejan hambrientos de más —¿puedo ya decir que los suyos son los ojos más fascinantes del audiovisual español?—.

Ahí sí que no hay fallo y 'Furia' vuelve a dar una clase magistral de cómo reunir a un reparto de primer nivel y sacarle jugo interpretativo; si bien alguna de las tramas podría haber llegado un poco más lejos, todas las actrices vuelven a estar, como se suele decir tirando de cliché, en estado de gracia (Verdú está entregada y divertidísima, pero ninguna se queda atrás).
Y, entre tanto, nos proponen una reflexión sobre cómo hemos convertido todo en contenido —palabra aséptica que esconde otras como espectáculo o morbo— y cómo las nuevas formas de consumo, como el streaming, en realidad no dejan de repetir las mismas fórmulas de la tele tradicional, las revistas y otras viejas glorias. Que los instintos y las bajas pasiones, incluida la furia, no dejan de ser los mismos y que nadie está a salvo de que, en algún punto de nuestra vida, nos dominen.

Nací en Wisteria Lane, fui compañero de piso de Hannah Horvath y 'Chicago' me volvió loco porque Roxie Hart soy yo. Tengo la lengua afilada, pero, como dijo Lola Flores, "me tenían que dar una subvención por la alegría".
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