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Friday, October 30, 2026

¿Los rancheros de Texas apoyarán a Donald Trump? La importación de carne argentina y la realidad que puede marcar un giro en un estado clave

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Las puertas del corral se abren y entra un toro con todos sus bríos a una pasarela animal, donde un grupo de ganaderos lo espera. Su desfile durará pocos segundos, azuzado por las varas de unos hombres que lo hacen salir rápido para que otro ingrese a escena, para que luego transiten otras vacas con terneritos y varios ejemplares más. Los remates de hacienda forman parte del paisaje tradicional en Texas, uno de los territorios más ganaderos de Estados Unidos y, en esta subasta de la ciudad de Hondo, al oeste de San Antonio, se aglutinan rancheros de la zona para comprar y vender sus animales.

Al llegar, los rancheros dejan un arsenal de camionetas inmensas en la puerta del Hondo LiveStock, el recinto del remate, y más allá se ven unos corrales donde entra y sale el ganado. Con botas texanas, cinturones con hebillas y sombreros de cowboys, los ganaderos se sientan para examinar los ejemplares, mientras el rematador, en un tono de metralla y entendido solo para los expertos, relata el origen del animal y toma las ofertas de los presentes. Ellos, con un movimiento sutil, levantan un papelito para subir el precio hasta que se cierra el negocio.

Todos entienden los códigos en este sitio rural, conservador, donde suelen ganar los candidatos republicanos, como en la mayoría del campo texano. Hasta hace poco nadie cuestionaba que Texas era uno de los grandes bastiones del conservadurismo de Estados Unidos. De hecho, el estado vota a los republicanos constantemente desde tiempos de Ronald Reagan.

Un remate de hacienda en Hondo, Texas. Foto: Paula Lugones

Pero para las elecciones legislativas y para gobernador del martes que viene la carrera está sorprendentemente al rojo vivo. El candidato demócrata a senador nacional, James Talarico, de 37 años, docente y seminarista presbiteriano, va cabeza a cabeza con el republicano Ken Paxton, actual fiscal general de 63. El gobernador republicano que busca la reelección, Greg Abbot, supera apenas en las encuestas a la candidata demócrata Gina Hinojosa.

Cuando estaba en campaña hace dos años, Donald Trump prometió a los ganaderos de Estados Unidos que iba a impulsar la industria y protegerlos. A pocos días de las elecciones lesgislativas, el clima entre ellos no es uniforme. Si bien siguen apoyando a los republicanos, objetan las subas de precios de combustible y los insumos.

Según una encuesta de apenas unos días atrás de la Universidad de Houston entre votantes rurales, un 65% apoya al republicano Paxton para el Senado y un 27% al demócrata James Talarico. Además, el 67% tiene una opinión favorable de Donald Trump.

Sin embargo, no están ajenos a las dificultades generales que enfrenta el país, por el costo de vida impulsado por la guerra en Oriente Medio y los aranceles. Según la misma encuesta, solo el 27% de los habitantes rurales de Texas estaba satisfecho con la economía, frente al 42% un año antes. Es decir, el apoyo republicano sigue siendo alto, pero existe malestar económico entre productores agrícolas y ganaderos. Detrás de la fidelidad política, crece el malestar por el costo de vida y las dificultades del sector.

Saul Sánchez, un ranchero enojado por la inflación. Foto: Paula Lugones

“El negocio está a veces bien, a veces mal. No sé, es difícil decirlo. La diferencia es que las vacas solían dejar un montón de dinero, y ahora no tanto. El diésel está muy caro y el costo laboral de la tierra es mucho”, dice a Clarín Saúl Sánchez, un ranchero que asistió al remate. Sánchez muestra cierto fastidio. “Todo está tan caro y nunca se gana. Uno calcula su dinero por años y no puede ahorrar demasiado, tenés que utilizar todo”.

La carne, un lujo en Estados Unidos

La carne está asombrosamente cara para los estadounidenses. Un bife ribeye Angus de primera calidad de medio kilo sin hueso cuesta, por ejemplo, 32,99 dólares en un supermercado de Texas. La carne picada, que es el consumo más popular para hamburguesas y otras comidas, cuesta una media nacional de 14,97 dólares por kilo, según el último dato oficial del Bureau of Labor Statistics (BLS).

David Anderson, profesor y economista especializado en la comercialización de productos ganaderos de la Texas A&M University, explica a Clarín que “la industria ganadera es altamente cíclica. Actualmente, la producción de carne bovina está disminuyendo y contamos con el menor número de vacas de cría desde 1961. Esta reducción en la oferta presiona los precios al alza”.

“Quizás lo más relevante es que, desde hace una década, la demanda de los consumidores ha ido en aumento; a la gente le gusta la carne, disfrutan de una buena hamburguesa. La calidad de nuestro producto es la mejor de la historia. Este año, ha habido semanas en Estados Unidos en las que más del 16 % de la carne clasificada obtuvo la categoría «Prime». Los consumidores valoran esta carne y están dispuestos a pagar por ella. Por tanto, al combinar una oferta más limitada con una demanda creciente, obtenemos precios récord”, señala.

Con el precio de la carne por las nubes y la inflación como una de las principales preocupaciones de los estadounidenses antes de las elecciones legislativas, Trump decidió abrir las puertas a más carne importada de otros países, incluso desde la Argentina, una medida que provocó la indignación de los ganaderos estadounidenses. Son cortes para ser destinados a carne picada, el consumo más popular.

En febrero de 2026, el presidente cuadruplicó temporalmente el cupo de importación de carne vacuna argentina con aranceles reducidos, al sumar 80.000 toneladas destinadas principalmente a la elaboración de carne picada. En agosto amplió la medida a otros proveedores, autorizando el ingreso de hasta 300.000 toneladas adicionales durante 90 días.

Con estas medidas, Trump busca aumentar la oferta y abaratar los precios en los supermercados, pero algunos rancheros, tradicionalmente aliados de los republicanos, denuncian que la competencia extranjera amenaza sus ingresos y desalienta la producción local.

“Hay países que nos están enviando carne, se lo ve en los supermercados. La gente compra esa carne más barata y no compra la más cara pero así cae el precio de las vacas y los rancheros no pueden afrontarlo. El heno está caro, todos lo que se utiliza como alimento es caro. Ahí es cuando Trump se equivoca. Tiene que saber cuáles son los costos acá para negociar con otros países”, dijo Sánchez.

Él dice que no sabe a quién va a votar, pero asegura que nunca a un demócrata porque “prometen mucho, pero no hacen nada. Trump también promete, pero al menos hace algo”, dice Sánchez.

Michael, un productor pequeño con 40 cabezas, también está en el remate. "Los precios del ganado son muy buenos. La lluvia no es tan buena”, dice, “así que ahora mismo hay escasez de ganado. No solo en Texas, la cantidad ha bajado mucho, sino que en todo Estados Unidos hay un 40% menos de ganado que hace 20 o 30 años. Por eso los precios son altos, porque no hay suficientes animales".

"Por eso también traemos animales de Argentina, de México, quizá de Australia". Sobre la importación de carne argentina y de otros países dijo que impactaba en Texas: “Ya está haciendo que los precios del ganado bajan, igual que las vacas y los toros han bajado en este momento. Los precios del ganado siguen siendo buenos, pero han disminuido en los últimos meses”. Michael, como buena parte de los granjeros, no quiere decir a quién votará.

Lee Albe, productor de vacas en Texas. Foto: Paula Lugones

Lee Albe, su esposa Fiona y sus dos hijos son productores en SouthWest Farm, una empresa familiar de productos orgánicos y vacas de pastura que cuidan con esmero. Ellos producen carne de alta calidad, que envasan y venden en mercados dentro de Texas y a veces en otros estados.

En el medio de su campo, Albe llama a las vacas con un chiflido y ellas –unas 50- lo siguen mansamente para ir a otra porción del terreno donde comerán mejor. En medio de toda esa maniobra, el ganadero cuenta a Clarín que “el negocio ha aumentado mucho en los últimos dos años. Así que la demanda de este tipo de carne de vacuno y este tipo de alimentos ha crecido”.

Cuenta que ellos cultivan sin ningún químico, con muy pocos insumos ya que apenas usan algunos litros de diésel para un tractor, y controlan el producto desde el principio hasta el consumidor. “Afortunadamente, este tipo de agricultura es muy inmune a la economía mundial. Así que los aranceles y todo eso simplemente no nos afecta”.

Sobre la carne importada desde Argentina, Albe dice que a ellos no les impacta: “Nuestros clientes buscan carne local que se críe sin químicos. Y al mismo tiempo, regenera el suelo”.

Albe no dice si votará el 3 de noviembre, pero señala que el ministro de Salud Robert Kennedy y Brooke Rollins, la secretaria de Agricultura, “están promoviendo este tipo de agricultura y una alimentación local y libre de químicos a nivel nacional y eso también nos ha beneficiado mucho”.

El profesor Anderson señala que la situación de los ganaderos texanos “ha mejorado, ya que hemos alcanzado precios récord en la venta de terneros. Si bien los costos de producción también han aumentado, estos precios han permitido a los ganaderos obtener beneficios sin precedentes”. Dice que el principal obstáculo para la producción de ganado es sin dudas la sequía, “pero por supuesto, las tasas de interés más elevadas y el costo del combustible también son factores importantes”.

Sobre la importación de carne de otros países, incluida Argentina, señala que la propuesta “no ha sido bien recibida por el sector, ya que los actuales precios altos de la carne y del ganado representan una oportunidad para obtener beneficios y ampliar sus rebaños”. Sin embargo, el experto afirma que “hasta ahora, las importaciones “no han tenido impacto significativo”.

Aunque los ganaderos texanos enfrentan crecientes costos de producción y cuestionan algunas políticas comerciales de Trump, el campo parece seguir siendo un bastión republicano. Sin embargo, la alerta económica está presente y plantea la duda sobre si los sectores rurales se movilizarán efectivamente el martes para ir a votar.

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