Las consecuencias de El Niño

Las primeras manifestaciones del fenómeno climático conocido como El Niño ya se han hecho sentir en el noreste argentino y en partes de la cuenca del Salado, en la provincia de Buenos Aires.
Misiones, Corrientes, Entre Ríos, el norte de Santa Fe, el este de Chaco y de Formosa y comarcas de la región nordestina, particularmente en Tucumán, se preparan para contingencias temibles por la magnitud con la que se pueda presentar El Niño en lo que resta de 2026 y el primer trimestre de 2027.
El Estado nacional y las provincias en principio más comprometidas se han aunado en un plan de coordinación a fin de poner vidas y bienes a salvo del agua que desborde por su intensidad de los canales naturales. Hay familias evacuadas en Corrientes, en particular, y en Entre Ríos y Misiones.
No se trata solo de la magnitud que puedan adquirir las lluvias localizadas que se prevén para esas partes del territorio argentino. En el caso de Misiones, alarma la intensidad que alcancen las lluvias en varios estados de Brasil, pues su escurrimiento aguas abajo pueden por si solas incrementar los caudales de los ríos Paraná, Uruguay e Iguazú.
La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) ha dicho en un informe que, según estudios realizados por sus especialistas en temas meteorológicos, existe un 90% de probabilidades de que de aquí a fines de marzo las lluvias sean particularmente fuertes y un 75% de que tengan proporciones históricas.
Eso es mucho decir, habida cuenta de los importantes daños de todo orden producidos en los últimos ciclos similares como consecuencia de las derivaciones que produce en casi todo el mundo el calentamiento de las aguas del Pacífico, según registros que se toman con precisión a la altura de las costas de Perú. Los más recientes fueron los de 1982/83, 1997/98 y 2015/16. La Cepal estimó que solo en 1997/98 se registraron pérdidas entre 2,1 billones y 5,7 billones de dólares a valores constantes.
Como caracterización general, El Niño modifica las condiciones de producción mediante cambios en las precipitaciones, las temperaturas y la disponibilidad del agua para el consumo humano o las labores agrícolas y ganaderas. Al margen de los perjuicios que lamentablemente suelen producirse en situaciones como esta, hay países que resultan más beneficiados por los efectos de El Niño que otros.
La Argentina, los Estados Unidos y Canadá figuran entre los primeros; Australia, Sudáfrica y Chile, entre los segundos, a raíz de las sequías que pueden afectar a sus tierras. Yieldata, firma especializada en simulaciones agronómicas, dice que la productividad en la Argentina en un año con El Niño está en condiciones de aumentar en 9 de cada 10 localidades del país.
En Santa Fe, por tomar un ejemplo, los rindes de soja suelen crecer el 13,1% y los de maíz el 15,2%. En cambio, en provincias del noroeste, como Tucumán, Salta y Catamarca, los resultados agronómicos caen.
Estos días han sido testigos del precipitado abandono de hogares y del traslado de hacienda en las islas próximas a Victoria, en Entre Ríos. Ha habido que empezar a mover en carreras contra el reloj a 211.000 cabezas a lugares más seguros desde las zonas que comenzaron a inundarse en la provincia y a otros 400.000 animales que pastoreaban en tierras bajas.
Han sido operaciones hechas con angustia y con todos los ingredientes de desastres que deberán neutralizarse, aunque más no fuere de forma parcial, con la declaración de emergencia que evite la profundización de los daños que el fenómeno inflija a pobladores y productores. Estarán en juego años de inversión y esfuerzos en lugares que muchas veces son de antigua querencia y se pueden echar a perder vidas de trabajo de familias enteras, cuando no la existencia misma de esos pobladores.
Los colores fatídicos -amarillo, de alerta; rojo, de evacuación- han empezado a asomarse aquí y allá en el territorio nacional sujeto por experiencias anteriores y por las que han comenzado a hacerse sentir ahora una vez más. Esperemos que las autoridades de rango nacional, provincial y municipal actúen de conformidad con la diligencia y responsabilidades que ordena la hora crítica que suena a oídos de todos.
En circunstancias como las anotadas los ríos y arroyos pierden capacidad de desagüe y, con los suelos saturados, el tránsito de vehículos por los caminos deteriora las trazas, mientras el agua pone a prueba la consistencia de las alcantarillas.
Todos los ojos se dirigen en estos momentos a los numerosos municipios en que las autoridades locales han desviado a otros destinos lo percibido por tasas para el mantenimiento de esas vías de comunicación. Los de Necochea y Colón están, en ese sentido, siendo observados con particular atención por un vecindario que se ha movilizado desde hace tiempo con fuertes quejas que han llegado hasta las instancias judiciales.
Se calcula que en campañas de este tenor los rindes promedio de algunos de los principales cultivos suben de manera considerable: 11%, en el caso de la soja; 10%, en el del maíz. Pero un mínimo espíritu solidario debe estar pendiente, en no menor medida, por cierto, de las angustias de los hermanos que sufran.
La conciencia nacional no puede sino movilizarse en favor de lo que ocurra en las zonas del país con más probabilidades de ser golpeadas por el hecho extraordinario de la naturaleza que ya está, en realidad, presente entre nosotros.
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